Sermón 5: El fruto del Espíritu es benignidad

TEXTO: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad…” (Gá 5:22)

LECTURA BÍBLICA: Lucas, 6:35,36; Efesios 4:30-32

ORACIÓN POR LA OFRENDA: Amado Padre Celestial, te agradecemos por la benignidad en tu corazón que nos ha traído el don de la salvación por Jesucristo. Te damos gracias por tu bondad revelada en el perdón de nuestros pecados y en la dádiva de una vida nueva. Hoy venimos trayéndote nuestro amor y gratitud, nuestros diezmos y ofrendas, como la respuesta de nuestros corazones a tu bondad. Acepta, te rogamos, estos dones, bendícelos y multiplícalos para la extensión de tu reino y para el bien de la humanidad. Todo lo pedimos en el nombre de Cristo. Amén.

INTRODUCCIÓN: Dios tiene interés en producir ciertos cambios en cada uno de nosotros. Dios está tratando de hacer de nosotros mejores hombres y mujeres.

Dios envió a su Hijo para salvarnos de las consecuencias del pecado y para demostrar la clase de vida que desde un principio, él quiso que los hombres llevaran.

Dios ha enviado a su Espíritu Santo para que more en nosotros y nos libre del poder del pecado en este mundo. Este precioso Espíritu Santo ha venido para reproducir en nosotros el carácter de Cristo y la clase de vida que Cristo hace posible para aquellos que confían en él.

Cristo vino para hacer algo más que simplemente morir por nuestros pecados.

Cristo vino para hacer algo más que salvarnos de pasar la eternidad en el infierno preparado para el diablo, y sus ángeles, Cristo vino para hacer algo más que llevarnos al cielo cuando muramos.

Cristo vino para ayudarnos a romper con las actitudes, ambiciones y acciones que sean perjudiciales para nosotros mismos y para otros.

Cristo vino para darnos una nueva manera de pensar, un nuevo programa de acción que conduzcan a la vida abundante aquí en esta tierra, y desde ahora en adelante.

Cristo busca, el cumplir este propósito en nosotras por medio del don de su Espíritu Santo. Pablo exhorta a los creyentes en Filipos a trabajar diligentemente porque Dios estaba obrando en ellos (Fil 2:1,2,13). Dios ha enviado su Santo Espíritu para morar en nosotros y llevar acabo una transformación divina en la medida que miremos al Señor y colaboremos  con él en su tarea de cumplir los buenos propósitos de Dios en nosotros (2 Co 3:18).

Pablo ha hecho una lista de las gracias o virtudes del alma que el Espíritu Santo quiere desarrollar en nosotros. Son las siguientes:

Amor — gozo — paz
Paciencia — benignidad — bondad
Fe — mansedumbre — templanza.

Queremos considerar en especial el fruto del Espíritu que se muestra en la benignidad. El poeta inglés Wordsworth ha dicho: “La mejor parte de la vida de un hombre bueno consiste en sus pequeños actos de bondad y amor que ni se nombran ni se recuerdan…” El norteamericano Washington Irving, describió el corazón benigno con las siguientes palabras:

“El corazón benigno es una fuente de alegría, refrescante, que hace brotar sonrisas a todo su alrededor”. Por su parte Johnson ha hecho resaltar la importancia de la benignidad al declarar, “El cultivar la benignidad es una parte valiosa del diario vivir”. Se ha dicho también “La amabilidad es un idioma que pueden hablar los mudos y oír y entender los sordos”.

Pablo describe el amor cristiano en esta forma: “El amor es sufrido, es benigno” (1 Co 13:4). La Biblia de Jerusalén traduce este versículo, “La caridad es paciente, es servicial”.

La lista de los frutos del Espíritu que nos da Pablo es como un cuadro verbal de lo que Jesucristo era y lo que sus discípulos pueden llegar a ser con la ayuda del Espíritu Santo.

El mensaje de Cristo no sólo debe darse verbalmente sino que debemos hacerlo visible por la vida que llevamos. Debemos transmitir la realidad de Cristo que vive dentro de nosotros.

“La amabilidad es un lenguaje que pueden hablarlos mudos y oír y entender los sordos”. La amabilidad es algo positivo y activo.

  1. CRISTO FUE CONOCIDO POR SU AMABILIDAD
    1. Cristo expresó su actitud amable al producirse una emergencia en la fiesta de bodas, cuando quedaron sin el vino necesario.
    2. Cristo mostró su benignidad hacia la viuda de Naín, cuyo único hijo había muerto.
    3. Cristo fue benigno con un pobre leproso que ansiaba la salud y el afecto humano. Las Escrituras nos dicen que nuestro Señor “le tocó”. Este contacto indicaba la benignidad de su corazón.
    4. Cristo fue sumamente amable con Zaqueo, un hombre que era odiado y despreciado por sus vecinos.
    5. Cristo expresó la benignidad de su corazón cuando alimentó a los hambrientos que le habían seguido.
    6. Cristo fue benigno y compasivo con la mujer que le habían presentado acusándola de adulterio. Se nos dice que “Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo”. Él no quiso avergonzarla mirándola en su humillante situación. El Señor no aprobó lo malo de su acción, pero trató de animarla para que de ahora en adelante viviera una vida mejor.
    7. Cristo fue benigno con el ladrón sobre la cruz, cuando éste pidió misericordia.
    8. Cristo fue amable con su madre mientras él moría en la cruz. Tomó las providencias necesarias para su bienestar futuro.
    9. Cristo fue amable con el apóstol Pedro después de su resurrección. Las tres preguntas acerca del amor de Pedro no tenían el propósito de incomodarlo sino de darle una oportunidad de restaurarse a la comunión y volver a ser útil. La amabilidad es el aceite que elimina las fricciones de la vida.
      (xx)
  2. EL ESPÍRITU SANTO QUIERE LLEVARNOS A SER BENIGNOS, O AMABLES, CON LOS DEMÁS
    La falta de amabilidad es una característica de la vida impía. “El corazón de los impíos es cruel” dice en Proverbios 12:10.
    (xx)
    La amabilidad no es instintiva; debe desarrollarse y cultivarse. Cuando Pabló se dirigió a los colosenses con referencia a las vestimentas que debían llevar los hijos de Dios, él les exhortó a vestirse, entre otras cosas, “de benignidad”.
    (xx)
    El mandamiento de ser benignos es claro y terminante: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Ef 4:32).
    1. La amabilidad conduce a la consideración, a obrar con buen tino.
    2. La persona amable trata de ser de ayuda.
    3. Es amabilidad el saber apreciar a los demás.
    4. Es amabilidad el ser constructivo.
    5. Es amabilidad el tratar de ver lo bueno que hay en los demás.
    6. La amabilidad o benignidad es perdonadora y misericordiosa.
    7. La benignidad quiere decir que hay que tratar, a otros de la misma manera que Dios nos ha tratado a nosotros.

CONCLUSIÓN.
Fue la benignidad de Dios lo que hizo posible nuestra salvación. Por medio de muchos actos de benignidad; Dios trata de producir en el corazón del hombre un cambio radical, de la desconfianza a plena confianza, y de la rebeldía a una vida de colaboración responsable llena de buenos propósitos. El apóstol Pablo previene contra el abusar de la benignidad de Dios a un punto tal que llegáramos a atraer la ira y el juicio de Dios sobre nosotros mismos. Pablo quiere que reconozcamos que la benignidad de Dios tiene por objeto llevarnos a abandonar los caminos de destrucción y confiar en él para una vida, abundante (Ro 2:4,5).

Dios seguirá tratando con nosotros con benignidad divina después que estemos con él en la eternidad. Continuará mostrando en “los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús” (Ef 2:7). Porque Dios ha sido tan benigno con nosotros, nosotros a nuestra vez debemos tratar a otros con benignidad.

Sé benigno contigo mismo; pon tu fe y confianza en Jesucristo como Salvador y Señor. Sé amable contigo mismo reconociendo y respondiendo a la voz del Espíritu Santo quien obra en ti. Sé benigno con los demás según te guíe el Santo Espíritu, y hallarás que así tu vida resultará más hermosa y llena de satisfacción.

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