La corrección bíblica

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La corrección bíblica

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por Leopoldo Reyes Carballo

De acuerdo con Craston (2006) “generalmente se deduce una idea de disciplina y desarrollo a través de la corrección, y esto representa el concepto hebreo de la educación del niño”. A través de la Palabra de Dios, especialmente en el libro de Proverbios, hallamos la actitud correcta hacia la disciplina (Collins, 1997).

Dios nos ha dado la autoridad sobre nuestros hijos (Deuteronomio 6:6-7; Proverbios 22:15; 23:13, 14; 26:3), y debemos ejercerla para su beneficio, buscando siempre prepararlos para ser ciudadanos del reino de los cielos. Tenemos una gran responsabilidad en nuestras manos, y debemos llevarla a cabo de manera equilibrada para no exasperar a nuestros hijos por un lado y para que sean criados en la disciplina y amonestación del Señor (Efesios 6:4), por el otro. Como padres tenemos que dar órdenes, refrenar y corregir (Proverbios 23:13). Si vemos algo incorrecto “no debemos responder con una protesta tímida, débil e ineficaz como la de Elí, sino con una firme, aunque cariñosa prohibición” (Angell, 1993).

Priolo (2011) se dirige a los padres cristianos al decir que debemos saber cómo usar la Palabra de Dios para que nuestros hijos vean su pecado. La Palabra de Dios nos equipa (2ª Timoteo 3:16) en esta tarea de tratar con las enfermedades espirituales de nuestros hijos. Como peritos en nuestra tarea de corregir a nuestros hijos debemos usar con precisión el bisturí divino –que es la Biblia—para llegar a la raíz del mal comportamiento de nuestros hijos, que es el pecado. Este debe ser expuesto, y debemos hablar con nuestros hijos sobre cómo Dios quiere que ellos rectifiquen su mal proceder: arrepentimiento, confesión, perdón, abandono del pecado y restauración (Priolo, 2011).

Cómo corregir

Según Stanley (2014) hay cuatro errores que debemos evitar cuando estamos corrigiendo a nuestros hijos: esperar la perfección, coaccionar en exceso, severidad excesiva en el castigo y retirarles el amor. Respecto al primer error, nuestros hijos no son una extensión de nosotros, donde podemos realizarnos a través de sus vidas. El segundo error se refiere a que el agobio constante les quita la oportunidad de aprender a tomar decisiones por ellos mismos, y pudiera crear en ellos un sistema de autodefensa que resista a nuestra autoridad. El tercer error tiene que ver con una dureza desmedida al momento de aplicar la corrección, y no solo se trata de abusar físicamente del niño, sino también de hacerlo verbalmente. Los niños normalmente saben cuándo se merecen ser disciplinados, así que cuando hay una violación continua y retirada, ese sentido de justicia se insensibiliza y crea en ellos un espíritu de venganza que es difícil de controlar. Por último, no podemos en aras de la disciplina, condicionar nuestro amor a su obediencia. Debemos disciplinar siempre siguiendo el modelo bíblico de Hebreos 12:6-7, donde aprendemos que Dios nos ha recibido como hijos, y como a hijos amados, nos disciplina, así que aprendamos a disciplinar con amor.

¿Por qué es importante la corrección bíblica para los hijos?

Según MacArthur (2020) “la conducta no es la cuestión crucial”, así que los padres si no buscamos cambios en el corazón de nuestros hijos cuando los corregimos –desde donde todas las maldades salen (Marcos 7:21-23; Lucas 6:45)—estaremos fomentando la hipocresía en la vida de nuestros hijos. Debemos aceptar que nuestros hijos son pecadores, y que su corazón también es el campo de batalla donde se lleva a cabo el conflicto entre el pecado y la justicia de Dios. Así que, como bien lo apunta MacArthur (2020) el problema de nuestros hijos no es la falta de madurez, ni la inexperiencia en la vida, ni tampoco la incomprensión, sino un corazón malo, manchado por el pecado, que necesita ser regenerado.

La corrección bíblica produce beneficios en nuestros hijos: fruto apacible de justicia. Adams (2010) nos dice que se deben usar las Escrituras en la consejería cuando se está corrigiendo, para que como el apóstol Pablo lo menciona en Gálatas 6:5, se trate de apartar la carga de un fracaso continuo, que desaliente al niño o joven. Si el hijo no se despoja de los viejos hábitos (véase Efesios 4 y Colosenses 3) y los reemplaza por los nuevos hábitos de justicia, no solamente no habrá un cambio efectivo, sino que se corre el riesgo de anular todo el avance que ya se había logrado, ya que no puede haber un vacío en nuestra naturaleza, si no hay cambios de hábitos entonces se manifestarán los que aún son parte de la naturaleza no corregida del hijo (Adams, 2010).

Conclusión

De acuerdo con Martyn (1998) los problemas que enfrentamos como sociedad es un problema de disciplina, la que ha llevado a su desmoronamiento. No nos queremos responsabilizar de nuestras acciones, queremos seguir viviendo por los placeres, trabajando menos y exigiendo más. Nos falta disciplina, nos falta corrección, la corrección bíblica.

Nuestra tarea como padres consiste en ayudar a nuestros hijos a desarrollar responsabilidad, control de sí mismos y libertad (Cloud y Townsend, 1998). La falta de disciplina en los hijos ha creado una sociedad donde no hay límites, y por ello los adolescentes –especialmente—se resisten a cualquier tipo de autoridad: paternal, escolar, policial, etc., son agresivos, conflictivos, impulsivos, no tienen responsabilidad ni compromiso, se involucran en drogas, pandillas, inmoralidad y un largo etcétera. Hoy como nunca es imperativo que los padres tomen su papel de autoridad en el hogar, y guíen a sus hijos en la disciplina y amonestación del Señor.

Bibliografía
Adams, J. E. (2010). Cómo asesorar a las personas para que cambien: El procedimiento bíblico de los cuatro pasos (p. 150). Graham,
NC: Publicaciones Faro de Gracia
Angell, J. J. (1993). The Christian Father’s Present to His Children. Reformation Heritage Books.
Cloud, H., y Townsend, J. (1998). Límites para nuestros hijos. Editorial Vida: Miami, FL.
Collins, A. (1997). Estudios Bı́blicos ELA: Cómo vivir sabiamente (Proverbios) (p. 48). Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C.
Craston, R. C. (2006). CORRECCIÓN. En E. F. Harrison, G. W. Bromiley, & C. F. H. Henry (Eds.), Diccionario de Teología (p. 129). Grand Rapids, MI: Libros Desafío
MacArthur, J. (2000). Cómo ser padres cristianos exitosos. Editorial Portavoz: Grand Rapids, MI.
Martyn, D. L. (1998). Life in the Spirit: In Marriage, Home, and Work–An Exposition of Ephesians 5:18-6:9. Grand Rapids, MI: Baker Books
Priolo, L. (2011). Enséñales con Diligencia: Cómo Utilizar las Escrituras en la Formación de los Hijos (p. 48). Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia
Stanley, C. F. (2014). Un hombre de Dios. Editorial Portavoz: Grand Rapids, MI.

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Nota: Puede conocer más sobre Leopoldo Reyes, nuestro Misionero del Mes de Noviembre de 2022.

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