¿Tenemos que confesar para ser salvos?

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¿Tenemos que confesar para ser salvos?

por Al Valdés

Muchas personas agregan la confesión pública a creer en Cristo como condición para la salvación eterna. Pero, ¿hay en realidad más de una condición para recibir el regalo de la vida eterna? Esta muy buena pregunta —requiere una respuesta detallada ya que afecta nuestros esfuerzos evangelísticos y puede causar dudas. En esta ocasión ofrecemos algunos puntos para reflexionar con relación a este tema tan importante. Primero, la respuesta sencilla: Creer en Jesús como Salvador representa la única y suficiente condición para recibir el regalo de la vida eterna. Juan 3:16-18 lo deja en claro:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a Su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. El que en Él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.

Es decir, sólo hay una condición para recibir el regalo de vida eterna: creer en Jesús como Salvador. Debo aclarar que esto no significa “decir que creemos” o ni siquiera hacer la “oración del pecador” sino creer, quedar convencidos —por medio del mensaje y el obrar del Espíritu Santo—que Jesús nos garantiza vida eterna por sólo creer en Él (véanse también Juan 5:24; 6:47; 11:25-27; 20:30-31). Entonces, ¿qué tiene que ver la confesión? En el mismo Evangelio de Juan (12:37-43) tenemos un ejemplo claro de líderes que creyeron en Jesús pero que temían confesarlo públicamente. Es decir, eran creyentes —pero temerosos de identificarse públicamente con Jesús. Leemos:


36b Estas cosas habló Jesús, y se fue y se ocultó de ellos.
37 Pero a pesar de que había hecho tantas señales
delante de ellos, no creían en Él;
38 para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo:
Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?
¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor?
39 Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías:
40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón;
Para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón,
Y se conviertan, y yo los sane.
41 Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de Él.
42 Con todo eso, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga.
43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.

Cualquiera que diga que las personas de los versículos 42-43 no son creyentes verdaderos tiene que notar que el texto hace un contraste entre los no creyentes (v. 37) y y esos líderes que sí creyeron en Jesús (v. 42). Además, tienen que explicar por qué es que Juan afirma sin equivocación que “muchos creyeron en Él” y que a la vez no lo confesaban públicamente.

La “confesión” que se trata aquí (y en pasajes como Mateo 10:32-33 y Romanos 10:9-10) difiere de la que encontramos en 1 Juan 1:5—2:2 donde se refiere a la confesión de pecados con el propósito de restablecer la comunión con Dios y no como condición para la conversión inicial a Cristo. Ésta trata de confesar a Jesús abiertamente identificándose uno públicamente como creyente en Él.

Ahora, comencemos con Romanos 10. En la epístola de Pablo a los Romanos la palabra justificación y salvación no son sinónimas. La justificación nos llega por fe sola en Jesús (Romanos 3:21-26) y nos asegura un veredicto de “no culpable” como también perdón de nuestros pecados (Romanos 4:1-8). Pero “salvación” tiene que ver con ser liberados del poder y las consecuencias de nuestras acciones pecaminosas. De manera que saber que la justificación y la salvación no hacen referencia a la misma cosa nos da una de las claves para comprender estos pasajes. Así, la palabra “salvación” en la Biblia no siempre significa “salvación eterna”. Normalmente significa liberación de algo —pero ese algo lo define el contexto en el cual la palabra aparece.

En Romanos 5:9 vemos la misma distinción: Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Aquí “ira” no significa “infierno”. Sabemos esto porque el verso sería una redundancia ya que la justificación ya nos salva del infierno. También, la palabra ira tal parece que siempre se refiere a las consecuencias temporales —en esta vida— que resultan de las acciones pecaminosas. Sí, hay un infierno futuro para los no creyentes, pero a tal parecer la palabra ira no hace referencia a esto (cf. Romanos 1:18 donde Dios ya está demostrando la ira en el presente).

Ahora, el contexto de Romanos 10 trata con la nación de Israel para la cual Pablo desea “salvación” (cf. 10:1). Si leemos el versículo 10 vemos que la “justicia” (= justificación) viene por fe sola (“con el corazón se cree para justicia”). Entonces vemos que la confesión sirve como una condición distinta a la fe. Por cierto, se ve como condición para salvación —que difiere de la justificación previa. De manera que la persona que ha creído en Jesús ya tiene justificación. Y, la confesión edifica sobre el fundamento de creer— y así no forma parte de lo que significa creer en Jesús. Leemos:

8 Más ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos:
9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

En los versículos del 11 al 17 vemos que los que invocan al Señor para “salvación” son aquellos que primero han creído. En el v. 15 el ser enviados precede a la predicación. En el v. 14, el predicar precede el oír. También en el v. 14, el oír precede el creer. Y, por fin, en el v. 14 el creer precede el invocar para salvación. De manera que son los justificados (= salvos eternamente) que pueden invocar al Señor para salvación.

11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.
12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan;
13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?
15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: !Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!
16 Más no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?
17 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

Si pensamos en la nación de Israel y la primera venida del Mesías, como nación ni creyeron ni se identificaron con Él. Al contrario, lo crucificaron. Como consecuencia, en parte, los romanos destruyeron a Jerusalén en el 70 A.D. Experimentaron la ira como consecuencia de su rechazo del Mesías (cf. Lucas 13:34-35). En el futuro, en conexión con Su segunda venida, como nación creerán en Él y serán rescatados de sus enemigos (Romanos 11:25-32).

25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis sabios en vuestra propia opinión: que a Israel le ha acontecido un endurecimiento parcial hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;
26 y así, todo Israel será salvo; tal como está escrito:
EL LIBERTADOR VENDRA DE SION;
APARTARA LA IMPIEDAD DE JACOB.
27 Y ESTE ES MI PACTO CON ELLOS,
CUANDO YO QUITE SUS PECADOS.
28 En cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección de Dios, son amados por causa de los padres;
29 porque los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables.
30 Pues así como vosotros en otro tiempo fuisteis desobedientes a Dios, pero ahora se os ha mostrado misericordia por razón de la desobediencia de ellos,
31 así también ahora éstos han sido desobedientes, para que por la misericordia mostrada a vosotros, también a ellos ahora les sea mostrada misericordia.
32 Porque Dios ha encerrado a todos en desobediencia para mostrar misericordia a todos.

En conclusión, en este pasaje hay una conexión entre confesar a Jesús e invocarlo para salvación. Pero, ambas son actividades que vienen post-justificación (después de haber creído en Él).

En Mateo 10:32-33 notamos un contexto en el cual el creyente puede tener temor de confesar a Jesús públicamente.

32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.
33 Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.

La ‘negación’ aquí no puede representar que Dios le quite la vida eterna a alguien. ¿Por qué? Porque el creyente no tiene que esperar a morir para ver si irá al cielo o no. Dios nos promete vida eterna desde el mismísimo momento en que creemos en Jesús (cf. Juan 5:24). Más bien puede ser una negación en conexión con las recompensas (o carencia de las mismas) en el futuro, y no con negarnos el regalo de vida eterna que ya Él nos dio cuando creímos. En 2 Timoteo 2:11-13 tal vez vemos algo similar. (Allí debemos notar que Él permanece fiel.)

El contexto de Mateo 10:32-33 habla de adversidad y de recompensas (véanse 10:16-25 y 10:40-42). De manera que este texto tal parece hablar de las consecuencias tanto de identificarnos públicamente con Jesús como de no hacerlo.

Por último, usualmente escuchamos este texto en conexión con un llamado evangelístico en la iglesia dónde se les pide a los no creyentes que se pongan en pie, o vengan al frente de la iglesia como condición para la salvación eterna. Pero, esto agrega una condición ajena a la salvación además de creer y no representa el sentido del pasaje.

Por cierto, aquí la confesión parece ser para creyentes más bien que para los no creyentes a los cuales los discípulos son enviados (véase 10:5-15ss). Por eso, creo que esta confesión no representa algo que se hace una vez para siempre en la iglesia (o dónde sea) como condición para que Dios nos otorgue la vida eterna. Más bien, representa algo que creyentes pueden/deben hacer como manera de vivir (abiertamente identificados con Jesús), tal vez en contextos de adversidad potencial (= “el mundo”) y que resultará en reconocimiento y recompensa en el futuro.

Así, creer en Jesús sigue siendo la única condición para la justificación o salvación eterna (Hechos 16:25-34):

25 Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban.
26 De repente se produjo un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel fueron sacudidos; al instante se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron.
27 Al despertar el carcelero y ver abiertas todas las puertas de la cárcel, sacó su espada y se iba a matar, creyendo que los prisioneros se habían escapado.
28 Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí.
29 Entonces él pidió luz y se precipitó adentro, y temblando, se postró ante Pablo y Silas,
30 y después de sacarlos, dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?
31 Ellos respondieron: Cree en el Señor Jesús, y serás salvo, tú y toda tu casa.
32 Y le hablaron la palabra del Señor a él y a todos los que estaban en su casa.
33 Y él los tomó en aquella misma hora de la noche, y les lavó las heridas; enseguida fue bautizado, él y todos los suyos.
34 Llevándolos a su hogar, les dio de comer, y se regocijó grandemente por haber creído en Dios con todos los suyos.

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