Relaciones estructurales en la literatura bíblica

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Relaciones estructurales en la literatura bíblica

Relaciones estructurales en las frases y cláusulas, entre cláusulas, y entre oraciones — en los párrafos

(Tomado del libro Método para el estudio de la Biblia de Robert A. Traina)

Parecería lógico considerar la oración como la unidad estructural básica y, por tanto, limitarnos aquí a hablar del examen de las relaciones dentro de las oraciones. Sin embargo, como las oraciones se determinan frecuentemente por medios más bien arbitrarios, especialmente en las traducciones del texto de las Escrituras, y como las relaciones dentro de las cláusulas de una oración son muy a menudo iguales a las existentes entre oraciones, habrá de usarse el párrafo en lugar de la oración como unidad estructural básica. Las relaciones entre oraciones serán investigadas al unísono de las existentes entre oraciones.[1]La palabra “párrafo” está usada en un sentido ideal en estas declaraciones. No se refiere necesariamente a párrafos individuales de una traducción en particular, sino más bien a … Continue reading

La relación de las cláusulas y oraciones en la estructura recibe el nombre de “sintaxis”. De acuerdo con la Gramática de la Real Academia Española la sintaxis “nos enseña el modo como deben enlazarse unas palabras con otras para formar una oración gramatical, y también las oraciones entre sí para formar la oración compuesta o período”. Enumeraremos ahora estas relaciones sintácticas en conjunción con las relaciones semejantes existentes entre los párrafos. La lista que presentamos a continuación no comprenderá todas las que existen pero sí las más importantes.

(1) Presentación de relaciones entre los párrafos

(a) Relación del sujeto con el verbo. El sujeto puede ser un nombre, pronombre, infinitivo, gerundio, o cláusula dependiente.

(b) La relación del verbo con el predicado, la cual puede comprender un objeto directo, un objeto indirecto, un nombre predicado, un adjetivo predicado o cláusula adjetiva, o un adverbio o cláusula adverbial.

(c) La relación del modificador con el modificado puede incluir adjetivos, participios, adverbios, artículos, pronombres demostrativos, frases prepositivas, y cláusulas adjetivas y adverbiales.

(d) La relación de preposición a objeto.

(e) La relación de pronombre con su antecedente.

(f) La relación de cláusulas independientes (coordinadas) entre sí dentro de oraciones compuestas y las relaciones de cláusulas dependientes (subordinadas) en oraciones complejas.[2]Estas cláusulas pueden comprender varios modos, como el indicativo, subjuntivo, imperativo, etc. Algunas de las diferentes clases de cláusulas independientes y dependientes pueden describirse como: relativas, causales subordinadas, locales, comparativas subordinadas, temporales, de propósito, de resultado, condicionales, concesivas, sustanciales, de referencia indirecta, causales coordinadas, y comparativas coordinadas.

Las relaciones entre las diferentes clases de cláusulas están mayormente indicadas por conjunciones coordinadas y subordinadas, de las cuales nombraremos solamente las más importantes. Algunas estarán expresadas por frases prepositivas que han de servir como conjunciones. Las dividiremos en cuatro clases y, al mismo tiempo, daremos citas bíblicas con referencia a las mismas. Estas categorías son las siguientes: temporal o cronológica, local o geográfica, lógica, y enfática.

Conjunciones temporales o cronológicas

después (Ap. 11:11)

que (He. 16:16)
antes (Jn. 8:58)
ahora (Lc. 16:25)
después (1 Co. 15:6)
hasta (Mr. 14:25)
cuando (Jn. 11:31)
luego (Mr. 14:43)

Conjunciones locales o geográficas

donde (Hb. 6:20)[3]Otras formas de expresión de conjunciones temporales y locales pueden observarse al hojear los libros históricos del Antiguo Testamento, los evangelios, y los Hechos de los Apóstoles.

Conjunciones lógicas

Razón — ya que (Ro. 1:25)

porque (Ro. 1:11)
y como (Ro. 1:28)

Resultado — así que (Ro. 9:16)

pues (Gá. 2:21)
así que (1 Co. 10:12)
pues (1 Co. 8:12)

Propósito — para que (Ro. 4:16)

así también (Ro. 5:21)

Contraste — sino que (Ro. 1:21)

pero (Ro. 2:8)
mucho más (Ro. 5:15)
pero (1 Co. 10:5)
no obstante (Ro. 5:14)

Comparación — como (Ro. 9:25)

de la misma manera (Ro. 5:18)
pues como — así también (Ro. 11:30,31)
y de igual modo (Ro. 1:27)
como también (Ro. 4:6)

Serie de Hechos [4]En este tipo de relación puede existir una comparación, contraste, enumeración, o progresión de lo general a lo individual. — y (Ro. 5:18)

ante todo (1 Tm. 2:1)
último de todos (1 Co. 15:8)
o (2 Co. 6:15)

Condición — he aquí (Ro. 2:17)

Conjunciones enfáticas

como también (Ro. 9:25)

pero (1 Co. 8:9)

Varios hechos deberán observarse referentes a estas relaciones entre cláusulas y oraciones.

Primero, las cuatro categorías mencionadas anteriormente no se excluyen las unas a las otras. Por ejemplo, una conjunción temporal puede al mismo tiempo implicar una relación lógica. Aun más, algunas de las mismas conjunciones podrán ser halladas en más de una categoría.

Segundo, muchas de estas relaciones funcionan tanto dentro de las cláusulas como entre cláusulas. Del uso de símiles y metáforas, por ejemplo, se desprende una comparación. Como una magnífica ilustración de esto véanse las parábolas de Mateo 13.

Tercero, a veces las cláusulas y oraciones están relacionadas más bien implícita que explícitamente. Por tanto, la simple ausencia de conjunciones expresadas no quiere decir que no estén relacionadas. Hay momentos en que uno tiene que inferir las relaciones mediante el estudio de los pensamientos expresados o de la comparación entre las posiciones de las cláusulas y oraciones en cuestión. Observe, por ejemplo, Hebreos 8:5.[5]Esta sugerencia nos trae a la mente el hecho de que el elemento de la posición muy a menudo juega un papel muy importante en la sintaxis de una oración. Tanto en hebreo como en griego la posición … Continue reading

(2) Ilustraciones de relaciones entre párrafos

Para poder aclarar el significado de las diferentes relaciones existentes entre los párrafos, vamos ahora a ilustrarlos de dos maneras: primero, investigando las relaciones dentro de una oración tomada de un tipo lógico de literatura, la Epístola a los Romanos; y segundo, advirtiendo algunas de las principales conjunciones en un párrafo tomado de un tipo narrativo de literatura, el Evangelio según San Marcos.

(a) Relaciones en Romanos 1:18
Romanos 1:18 dice así: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que detienen con injusticia la verdad.” El sujeto de esta oración es “ira”. El artículo “la” y la frase adjetiva “de Dios” ambos modifican “ira”. La frase denota al poseedor de la ira y, por tanto, el origen de la misma. El verbo principal de la oración es “revela”. Las frases adverbiales “desde el cielo” y “contra toda impiedad e injusticia” modifican ambas el verbo, la primera indicando el origen y la última el objeto de la acción expresada por el verbo, así como también la razón para esta acción. El adjetivo “toda” modifica a los nombres “impiedad” e “injusticia”, los cuales están relacionados por la conjunción “e”. La frase adjetiva “de los hombres” modifica también los mismos dos nombres e indican, junto con la cláusula adjetiva, dependiente y relativa “que detienen con injusticia la verdad”, a los poseedores de las cualidades denotadas por los nombres. En la cláusula dependiente el p o nombre relativo “que” es el sujeto, el verbo principal es “detienen”, y el objeto directo es el nombre “verdad”. “Verdad” está calificada por el artículo definido “la”. La frase adverbial “con injusticia” modifica al verbo “detienen”, demostrando el medio por el cual la acción del verbo se realiza, así como también su causa. Toda la cláusula indica la expresión de “impiedad e injusticia” y, por tanto, denota la causa de la revelación de la ira de Dios.

(b) Relaciones en Marcos 9:2-8
(1) “Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan” (v. 2) —Pedro, Jacobo, y Juan son los objetos directos del verbo “tomó”. Jesús tomó tres discípulos con él, en lugar de los doce, y tomó a estos tres en particular.[6]La importante conexión cronológica sugerida por la frase adverbial “seis días después” es una relación entre los párrafos y segmentos más bien que entre dos oraciones dentro del … Continue reading

(2) “y los llevó aparte solos” (v. 2). Este es un buen ejemplo de pleonasmo. La oración “y los llevó aparte solos” refuerza al verbo “tomó”. La pregunta surge ahora de si es que el autor tenía algún fin determinado al usar en tal forma el principio de redundancia.

(3) “delante de ellos” (v. 2) — Esta frase adverbial modifica al verbo “transfiguró” y sugiere el lugar de la transfiguración, es decir, en su presencia. El antecedente del pronombre “ellos” es el grupo de los tres discípulos.

(4) “Sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra, los puede hacer tan blancos” (v. 3) —El participio predicado “resplandecientes” modifica al sujeto “vestidos”. El adverbio “muy” modifica al adjetivo “blancos”, y ambos definen al nombre “vestidos”. El “como” es una conjunción comparativa que presenta a una cláusula comparativa subordinada. La comparación se encuentra entre “resplandecientes” y “muy blancos”, que son cualidades de los vestidos de Jesús, y la cláusula “ningún lavador en la tierra los puede hacer tan blancos”. Es más, “ningún” modifica toda la cláusula y no solamente al sujeto. La frase preposicional “en la tierra” califica al sujeto “lavador” y significa que este hecho es obra de “un lavador celestial”.

(5) “Y se les apareció Elías con Moisés” (v. 4) El pronombre “les” es un objeto indirecto del verbo “apareció” y sugiere ante quiénes se aparecieron. Puesto que el pronombre “les” es plural, indica que los discípulos se dieron cuenta de la aparición de Elías y Moisés. En la expresión “Elías con Moisés” el nombre de Elías se menciona primero aunque cronológicamente Moisés lo precedió. La preposición “con” se utiliza para relacionar a Elías con Moisés en lugar de cualquier otra conjunción posible.

(6) “que hablaban con Jesús” (v. 4) — Elías y Moisés son los antecedentes del pronombre elíptico “ellos” que se sobrentiende en la terminación verbal del verbo “hablaban”, indicándose así que ambos conversaban con Jesús. “Con Jesús” es el objeto indirecto del verbo “hablaban”. Elias y Moisés estaban hablando con Jesús, no con los discípulos.

(7) “Entonces Pedro dijo a Jesús: ‘Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías'” (v. 5) — La cláusula sustantiva “que estemos aquí” es sujeto de la cláusula principal “bueno es” y especialmente al adjetivo predicado “bueno”. El sujeto de la declaración “hagamos tres enramadas” está en la primera persona del plural. El objeto del verbo “hagamos” es “enramadas”, el cual, muy interesante por cierto, está modificado por el adjetivo “tres”. La aposición “una para ti, otra para Moisés y otra para Elías” califica a las “tres enramadas”, indicando para quienes han de ser construidas. En esta declaración se menciona a Moisés antes que a Elías.

(8) “Porque no sabía lo que hablaba, pues estaban espantados” (v. 6) Aquí nos encontramos con dos cláusulas causales coordinadas que explican la razón de los hechos expuestos La primera cláusula “porque no sabía lo que hablaba” describe la declaración de Pedro en el versículo 5, sobre todo la parte final relativa a las “enramadas”. La segunda cláusula, “porque estaban espantados”, explica el motivo de la primera cláusula del versículo 6, es decir, que Pedro no sabía qué decir. El sujeto de la segunda cláusula está en plural, mientras que el sujeto de la primera está en singular.

(9) “Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: ‘Este es mi hijo amado, a él oíd'” (v. 7) — El pronombre “les” es el objeto directo del verbo “hizo”. Surge una pregunta en relación al antecedente de este pronombre. La voz se escuchó de la misma nube que los cubría. Se establece lo que dice la voz —aunque la voz no se identifica, ya que la antecede el artículo indefinido “una”. El sujeto de la declaración es el pronombre demostrativo “este”, que se refiere a Jesús. Tanto el posesivo “mi” como el adjetivo “amado” califican al nombre “Hijo”. La exhortación “a él oíd” sigue a la declaración del hecho “este es mi Hijo amado”. Probablemente esto quiere decir que existe una relación en esta orden. La declaración de hechos parece ser la causal; la exhortación, el efecto: “Este es mi Hijo amado, a él oíd”.

(10) “Y luego, cuando miraron, no vieron más a nadie consigo, sino a Jesús solo” (v. 8 ) — El adverbio “luego” puede modificar tanto al verbo “miraron” como al verbo “vieron”, o a ambos. El sujeto de la oración es “ellos” (elíptico), refiriéndose a los discípulos. Nótese la conjunción “sino” y la relación que sugiere entre “nadie” y Jesús. Nótese también la sucesión de vocablos reforzando el mismo hecho: “no”, “nadie”, “sino”, “solo”.

He aquí algunos detalles en relación con esta ilustración de Marcos 9.

En primer lugar, las observaciones que anteceden han sido hechas solamente tomando en consideración la versión española de la Biblia para mostrar un estudio directo en el idioma nativo.

Segundo, queda suficiente campo para permitir diferencias de opinión en el análisis de algunas de las relaciones. Lo que es de primordial importancia es el procedimiento en sí.

Tercero, la ilustración que hemos expuesto no quiere decir que haya de utilizarse al pie de la letra en el estudio de las relaciones entre los párrafos de cualquier pasaje bíblico. Más bien presentamos un análisis para mostrar cómo las relaciones gramaticales se usan para destacar hechos y cómo, conociendo tales relaciones, podemos darnos cuenta de los hechos que comunican.

Cuarto, no todas las relaciones que hemos expuesto son de gran importancia. Ni debemos tampoco estar siempre preocupándonos de notar aquellas cosas que parecen tener un significado inmediato e importante. Muy a menudo una observación que parece carecer de mucha importancia al principio, después, al cabo de algún tiempo, adquiere un significado extraordinario. El proceso de observación debe en general parecerse al proceso de absorción de una esponja cuando se la coloca dentro de un líquido. El observador no deberá poner a su facultad de percepción limitaciones que interfieran con su receptividad. Aunque es cierto que el proceso de observación debe discriminar en cierto sentido, como sugerimos durante nuestra explicación sobre términos rutinarios y no rutinarios, no por ello deben ponerse ante los ojos objetos que estorben una observación minuciosa.

Quinto, en algunos casos, como lo mencionado en (4), el autor se detuvo un tanto en el segundo paso del proceso inductivo, es decir, la interpretación. Esto lo hizo principalmente para indicar la importancia de algunas observaciones; pero también debe recordarse que hay veces que la observación y la interpretación son inseparables. Como hemos ya repetido varias veces, existe a menudo una acción recíproca entre los diferentes pasos que no podemos, ni debemos, tratar de evitar. Sin embargo, es muy importante que uno siempre pueda ser capaz de distinguir entre los diferentes pasos cuando así se requiera. Porque si alguna vez se produce confusión en el proceso, a tal punto que no puedan distinguirse las diferentes facetas del estudio, entonces inevitablemente la interpretación será no del texto mismo sino personal (exégesis).

Si podemos advertir las relaciones entre los párrafos mencionadas en las páginas precedentes se mejorará considerablemente la calidad de la observación y en consecuencia la interpretación será más aguda y exacta. Esto no quiere decir, desde luego, que uno deba siempre llevar a cabo un análisis detallado de estas relaciones. Por ejemplo, se puede observar el hecho de que “Jesús tomó a Pedro, Jacobo y Juan” sin tener que saber que “Jesús” es el sujeto de la cláusula, que el verbo es “tomó”, y que “Pedro, Jacobo y Juan” son los objetos directos del verbo, conectados entre sí por la conjunción “y”. Sin embargo, uno debe estar consciente de que tales relaciones funcionan siempre dentro de las cláusulas y oraciones y que es a través de las mismas que los hechos y sus relaciones entre sí nos son comunicados. Todavía más, uno debe ser capaz de tal análisis minucioso cuando sea necesario; porque habrá ocasiones, especialmente en el estudio de tipos argumentativos de literatura, en que tal análisis consciente se hace imperativo para una observación adecuada. Esto es cierto, por ejemplo, en la observación de Romanos 1:1-7.

Ejercicio
Observe las conexiones entre los párrafos en varios capítulos de las epístolas del Nuevo Testamento. Note especialmente las relaciones indicadas por las conjunciones, frases prepositivas, y cláusulas dependientes. Busque también las relaciones que son implícitas más bien que explícitas. Clasifique las conjunciones que encuentre en vista de la discusión que precede. Trate de indicar el significado de sus descubrimientos para la interpretación.

Relaciones estructurales entre párrafos, segmentos, sub-secciones, secciones, divisiones, y libros

En las páginas anteriores hemos tratado de aquellas relaciones que por su propia naturaleza son gramaticales. Ahora entramos en el estudio de aquellos elementos estructurales que son más bien literarios que puramente gramaticales. Esto no quiere decir que unos excluyan a otros por completo, ya que a menudo nos encontraremos con que muchas relaciones gramaticales o entre párrafos, tales como la comparación y el contraste, pueden ser utilizadas también como estructuras literarias. Es más, algunas de las relaciones estructurales más amplias habrán de ser indicadas mediante la estructura gramatical; como, por ejemplo, “así que” en Romanos 12:1. Sin embargo, en el verdadero sentido de la palabra la estructura literaria sobrepasa a la gramatical; es muy posible escribir oraciones en forma de párrafos sin que tengamos al mismo tiempo que ordenar nuestro trabajo como unidad literaria.[7]En opinión del autor, uno de los defectos del enfoque tradicional a la exégesis ha sido el énfasis dado a las relaciones gramaticales a expensas de una mayor comprensión de la estructura … Continue reading

A continuación presentamos una lista de las principales relaciones literarias que dan estructura a los libros bíblicos, junto con definiciones e ilustraciones. Algunas de las conexiones que ya hemos mencionado serán nuevamente expuestas debido a su importancia especial dentro de la estructura literaria y para mayor aclaración.

(1) Comparación — asociación de cosas semejantes. La unidad de Hebreos 5:1-10 está basada en esta ley. Obsérvese el “así tampoco” en el versículo 5.

(2) Contraste — es la asociación de opuestos. Romanos 4 utiliza el contraste.

(3) Repetición — es la reiteración de los mismos términos, frases, cláusulas, etc. En el libro de Levítico el término “santo” se repite innumerables veces.

(4) Continuidad — el uso repetido de términos, frases, cláusulas, etc., similares. En la ley de repetición los factores concurrentes son siempre los mismos, mientras que en la continuidad son meramente más o menos semejantes. La serie de parábolas en Lucas 15, es ejemplo de esto último.

(5) Continuación — es el tratamiento extenso de un aspecto en particular; llevar hasta su final una idea o series de acontecimientos.

Algunas veces esta ley está relacionada con la de continuidad, pero se refiere más bien a la extensión que a la repetición. Una de las relaciones existentes entre Génesis 13-14 y Génesis 18-19 es la de continuación.[8]Puede que surjan dudas acerca de si la ley de continuación debe o no formar parte de esta enumeración. Puede que algunos digan que esta ley es simplemente una descripción más general de la … Continue reading

(6) Clímax — es el arreglo del material en tal forma que vaya en progresión de lo menor a lo mayor y, finalmente, a lo más grande. El libro de Éxodo está ordenado en esta forma, con su punto culminante en 40:34-35.

(7) Punto crítico — es el uso del principio del pivote. Todo el asunto de que se trata está arreglado de tal modo que gira alrededor del mismo hecho. 2 Samuel usa esta ley, con los capítulos 11-12 formando el pivote o punto crítico en el que cambia la dirección de la historia que se narra.

(8) Intercambio — es alternar o alterar el orden de ciertos elementos. A menudo se usa el intercambio para reforzar los contrastes o comparaciones. Los primeros capítulos de 1 Samuel contienen contrastes alternados entre Ana y su hijo Samuel y entre Elí y sus hijos. Lucas también usa del intercambio en los capítulos 1-2.

(9) Singularización y generalización — es el movimiento de lo general a lo particular, y de lo particular a lo general. Mateo 6:1-8, es un ejemplo de singularización y, Santiago 2, es un ejemplo de generalización.

(10) Causalidad y sustanciación — es la progresión de causa a efecto y de efecto a causa. Romanos 1:18-32 es una excelente ilustración de causalidad, y Romanos 8:18-30 de sustanciación.

(11) Instrumentación — es el establecimiento de los medios para un fin así como del fin en sí mismo. Por tanto, la instrumentación comprende el elemento de propósito. El Evangelio de San Juan, desde el punto de vista de la manifestación de su propio autor en 20:30-31, es ejemplo de esta ley. Las señales de que su autor habla en este evangelio son medios para un fin, es decir, la creencia en Jesús como Cristo, el Hijo de Dios, para poder alcanzar la vida eterna.

Hablando de esta ley, debemos tener presente que el mero hecho de que uno de los pasajes lleve el nombre de “medios” no quiere decir que sea de menor importancia que aquel que hemos señalado como “fin”. Frecuentemente los instrumentos son tan importantes como sus usos. Asimismo, debe notarse que existe cierta semejanza entre la ley de instrumentación y la ley anterior, ya que muchas veces los medios guardan una relación causal con sus fines.

(12) Explicación o análisis — es la presentación de una idea o concepto seguida de su interpretación. Marcos 4 contiene un ejemplo de esta ley. Está muy relacionada con la singularización.

(13) Preparación o introducción — es la inclusión del fondo o ambiente en los acontecimientos o ideas. Así se prepara al lector para que pueda comprender lo que sigue a través de lo ya expuesto. Esta clase de composición se usa con frecuencia en la literatura narrativa. Por ejemplo, Génesis 2:4-25 presenta la situación en la que han de ocurrir los eventos de Génesis 3.

(14) Resumen — es el uso de una condensación o compendio, bien sea antecediendo o siguiendo a la unidad del material. Podemos encontrar este tipo de literatura en Josué 12.

(15) Interrogación — es la utilización de una pregunta o planteamiento de un problema y a continuación la respuesta o solución. En Romanos 6-7 hallamos una ilustración de este tipo de orden.

(16) Armonía — es el efecto de unidad por medio de la concordancia. Podemos incluir dentro de esta ley la ley de la consistencia. La ley de la armonía no es tanto una ley de composición como de verdad. Sin embargo, puesto que la verdad es comunicada mediante relaciones estructurales, las dos son inseparables. Ejemplos de esta ley la encontramos en la armonía entre la enfermedad y su remedio, entre la promesa y su cumplimiento. Véase, por ejemplo, la correlación existente entre Romanos 1:18-3:20 y Romanos 3:21 y siguientes.

Debemos recordar siempre los siguientes hechos con respecto a estas relaciones estructurales.

Primero, debe observarse que estas leyes están relacionadas íntimamente. Por ejemplo, muchas veces logramos el contraste mediante el intercambio; la repetición y la continuidad son dos formas de la misma ley básica; la singularización y generalización tienen mucho en común. Está bien claro, pues, que no hay diferenciación exacta entre ellas. De hecho, frecuentemente se usan combinaciones de unas con otras.

Segundo, puesto que las leyes estructurales muy a menudo se usan en combinaciones, a veces se hará muy difícil determinar qué ley o leyes son las principales dentro de un pasaje determinado y cuáles las subordinadas. En muchos casos la decisión dependerá de cómo esté construida la unidad. También debe recordarse que existen muchas relaciones que, debido a su propia naturaleza, están siempre subordinadas a otras. Por ejemplo, la ley de intercambio es por naturaleza subordinada, ya que es necesario cambiar algo y lo alterado es más importante que el cambio mismo. El intercambio es, en efecto, usado para reforzar alguna otra relación estructural, como el contraste, la comparación, o la causalidad.

Tercero, debe prestarse atención al hecho de que la enumeración que antecede no incluye todas las posibilidades, ya que es muy difícil determinar en ciertos pasajes qué clase de disposición se ha utilizado. Además, existen multitud de variantes en las relaciones que se acaban de mencionar. Pero es cierto que la mayoría de las leyes más importantes han sido incluidas en la lista que precede y según adquiramos la capacidad de reconocerlas iremos adquiriendo también la de reconocer aquellas otras que no han sido mencionadas.

Cuarto, las palabras usadas para describir algunas de estas relaciones pueden ser diferentes y, en algunos casos, hasta más acertadas o expresivas. Los factores que determinan cómo uno debe señalar una relación indicada en cierto pasaje habrán de variar con cada individuo y con cada unidad diferente que se estudie. Por ejemplo, causalidad puede ser también llamada “motivación” al hacer el análisis de Juan 13:1ss. Lo importante no es la uniformidad en la nomenclatura al describir las diferentes relaciones sino el comprender que existen leyes de estructuración que son específicas y están bien definidas y tratar de aplicarlas en el estudio de los pasajes, ya que la nebulosidad es fatal a la observación estructural.

Quinto, muy frecuentemente surgen diferencias de opinión en relación con el análisis estructural. Cuando esto sucede, uno se siente tentado a llegar a la conclusión de que el proceso que se nos ha sugerido es subjetivo y, por lo tanto, poco seguro. Ahora bien, es cierto que pueden existir elementos subjetivos y ser esta la causa de la diferencia de opinión.

Sin embargo, debido a esta circunstancia no debemos concluir que el proceso en sí deba ser descartado. Todo aquello que es bueno puede tener sus peligros y ser juzgado equivocadamente. Por ejemplo, la doctrina de la justificación de la fe mediante la gracia ha sido interpretada como condonando los pecados.[9]Véase Romanos 6, como ejemplo. Sin embargo, no descartamos la justificación por la fe debido a esto, sino que realizamos un esfuerzo para interpretarla adecuadamente y evitar el peligro del libertinaje. Por tanto, en relación con el estudio de la Biblia nuestro enfoque sensato y racional ha de ser tomar precauciones que nos permitan en todo lo posible basar nuestras conclusiones en el estudio directo y concreto de los hechos presentados en el pasaje que analizamos y no en nuestros propios gustos o prejuicios. También puede ayudamos el comprender que las diferencias de opinión puede que se deban al hecho de que varias personas están contemplando diferentes aspectos de la misma verdad.

George Denny, moderador de un programa de radio, demostraba este hecho usando una pelota cuya mitad era blanca y la otra negra. Sosteniendo la pelota en sus manos con la mitad negra hacia el público, preguntaba: “¿De qué color es esta pelota?” El público respondía: “Negra.” Entonces, el señor Denny, daba vuelta a la pelota en sus manos y decía: “No, es blanca.” Es más, debe siempre recordarse que muchas veces las pruebas de diferentes posibilidades están distribuidas igualmente y es entonces que surgirán los diferentes puntos de vista cuando una persona destaca ciertos aspectos del mismo asunto mientras que las otras destacan algún otro detalle igualmente importante. En resumen, la labor de recrear el pensamiento y la finalidad de autores que escribieron hace cientos de años es muy difícil, y muchas veces no podemos estar completamente seguros de que hemos acertado en nuestro empeño. Pero siempre debemos tratar de interpretarlos a pesar de la posibilidad de error que pueda haber, ya que hay razones sólidas para hacerlo y no podemos pasar la ocasión de aprovechar el valor de sus escritos.[10]Estas declaraciones pueden ser aplicadas a otras facetas del estudio metódico. Asimismo, no debe inferirse de ellas que el enfoque inductivo no dé como resultado sólidas convicciones. Sin embargo, … Continue reading

References

References
1 La palabra “párrafo” está usada en un sentido ideal en estas declaraciones. No se refiere necesariamente a párrafos individuales de una traducción en particular, sino más bien a grupos de oraciones que en realidad forman unidades de pensamiento y expresión.
2 Estas cláusulas pueden comprender varios modos, como el indicativo, subjuntivo, imperativo, etc.
3 Otras formas de expresión de conjunciones temporales y locales pueden observarse al hojear los libros históricos del Antiguo Testamento, los evangelios, y los Hechos de los Apóstoles.
4 En este tipo de relación puede existir una comparación, contraste, enumeración, o progresión de lo general a lo individual.
5 Esta sugerencia nos trae a la mente el hecho de que el elemento de la posición muy a menudo juega un papel muy importante en la sintaxis de una oración. Tanto en hebreo como en griego la posición relativa de un vocablo en el arreglo de las palabras dentro de una oración puede indicar su importancia con relación a los otros vocablos con los que está unido. Por ejemplo, véase Génesis 1:1, Éxodo 21:3, Mateo 5:17, Juan 1:1, y 1 Corintios 5:3-5. A veces la traducción no permite expresar plenamente este elemento de la colocación.
6 La importante conexión cronológica sugerida por la frase adverbial “seis días después” es una relación entre los párrafos y segmentos más bien que entre dos oraciones dentro del mismo párrafo. Por este motivo no le damos aquí la importancia que merece.
7 En opinión del autor, uno de los defectos del enfoque tradicional a la exégesis ha sido el énfasis dado a las relaciones gramaticales a expensas de una mayor comprensión de la estructura literaria.
8 Puede que surjan dudas acerca de si la ley de continuación debe o no formar parte de esta enumeración. Puede que algunos digan que esta ley es simplemente una descripción más general de la progresión o elaboración, la que a su vez incluye el clímax, continuidad, etc. Sin embargo, la retendremos para asegurarnos de que hemos incluido todas las posibilidades, porque existen ciertos otros casos en que uno puede preguntarse con toda razón el porqué de la presencia de algunas otras relaciones estructurales.
9 Véase Romanos 6, como ejemplo.
10 Estas declaraciones pueden ser aplicadas a otras facetas del estudio metódico. Asimismo, no debe inferirse de ellas que el enfoque inductivo no dé como resultado sólidas convicciones. Sin embargo, deben notarse los siguientes hechos con relación a las convicciones inductivas: primero, están basadas en datos concretos y no en motivos autoritarios; segundo, son comunicadas a los demás en las mismas bases de que se derivan y no por autoridad sino siguiendo el examen de los detalles; y tercero, jamás se imponen sobre individuo alguno.

Con referencia a este último punto, el autor ha seguido la costumbre de expresar sus propias convicciones en aquellos casos en que las pruebas le parecen muy concluyentes; pero, después de hacerlo así, aclara a los miembros de su clase que es a ellos a quienes toca decidir en cada caso particular. Es nuestra experiencia que este enfoque tiene más base pedagógica, ya que así los estudiantes están más dispuestos a recibir las explicaciones de lo que estarían si se usara un método autoritario, y así sus decisiones tienden a ser más inductivas que deductivas.

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