Manantiales en el desierto: una semana de devocionarios

Publicado por Zondervan

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Manantiales en el desierto: una semana de devocionarios

7 de Agosto

Sécase la hierba, marchítase la flor, mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.
Isaías 40:8

Pasan los siglos uno tras otro y la Palabra permanece
Una dinastía sucede a otra y la Palabra permanece
Se levantan y caen imperios y quedan en el olvido y la Palabra permanece.
Coronan reyes y destronan reyes, y la Palabra permanece
Se desatan tormentas de odio a su alrededor y la Palabra permanece.
Los ateos la escarnecen y la Palabra permanece
Profanos burladores la ridiculizan y la Palabra permanece
La incredulidad la abandona y la Palabra permanece
Rayos de ira la destruyen y la Palabra permanece
Las llamas la rodean y la Palabra permanece.

La Biblia es un gran depósito de ricas bendiciones reservadas. Desde que la pluma inspirada escribió el amén final, nada se le ha añadido, ni un capítulo, ni una línea, ni una palabra. Sin embargo, cada generación encuentra cosas nuevas en este Libro. Santo. ¡Cuán verdadero es esto en la experiencia de cada individuo! Cuando éramos jóvenes estudiábamos la Biblia, pero había muchos textos preciosos que no tenían significado especial para nosotros. La luz, el consuelo y la ayuda estaban allí, pero no nos dábamos cuenta. No podíamos ver tales cosas hasta cuando tuviéramos una sensación más completa de nuestra necesidad. Las verdades más ricas parecen esconderse, como si rehusaran revelar su significado. Cuando comenzamos a experimentar las luchas, tribulaciones y conflictos de la vida real, los versículos con que nos hemos familiarizado por tanto tiempo comienzan a adquirir un nuevo sentido. Aparecen promesas resplandecientes y ricas en significado que parecían haber estado escritas con tinta invisible. Brillan entonces como lámparas recién encendidas y derraman brillantes rayos sobre el sendero de la vida. La luz no es nueva. Siempre había estado allí brillando, pero no la veíamos porque había otras luces más brillantes que no permitían verla.

Daniel Webster dijo una vez que “creía que la Biblia era para creerla en el sentido sencillo y obvio de sus palabras; porque no puedo convencerme que un libro dejado para la instrucción y conversión del mundo entero esconda su verdadero sentido en misterios y dudas que solamente los críticos y filósofos puedan descubrir”.

8 de Agosto

Estoy contigo para librarte, dice Jehová.
Jeremías 1:8

Estaré contigo, no te dejaré ni te desampararé.
Josué 1:8

VEN CORAZÓN MÍO, ten calma y esperanza. Las nubes pueden acumularse, pero el Señor las puede disipar. Como Dios no me fallará, mi fe no flaqueará; como Él no me abandonará; yo no le abandonaré. ¡Oh, que nos conceda una fe reposada! —C. H. Spurgeon.

Dios no concede la gracia necesaria antes de la tribulación. Él construye el puente cuando llegamos al río. A veces pensamos que nos vamos a hundir bajo las fieras tribulaciones que vemos que otros soportan. Miramos a la distancia y nos atemorizamos del misterio y la angustia que puede sobrevenirnos; pero aún no hemos llegado a la crisis y las gracias no se nos otorgan antes del momento necesario. Jesús aparece en medio de nuestras tribulaciones. —Sra. de Cowman.

Las cadenas que ataban a Pedro cuando estaba en la cárcel quedaron rotas. Pedro siguió al ángel que fue a ayudarle. En el camino de salida de la cárcel tropezaron con una barrera imposible de pasar: la puerta de hierro que daba paso hacia la libertad. Pero “se abrió de suyo”. (Hechos 12:10.) Si tú realizas todo lo que es posible, Dios se encargará de lo imposible. Dios no hizo por Pedro ninguna cosa que Pedro no pudiera hacer. Si la puerta de hierro está cerrada, trancada y cerrándote el paso, lo que Dios te ordena hacer es que hagas solamente aquello que Él te ha ordenado, y que confíes en Él para lo demás.

En el gran Sermón del Monte, el Señor dijo: “No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.”

Si dejamos que nuestro ser se preocupe es porque no confiamos. Aún tenemos el hábito de afanarnos. Quayle cuenta, con su acostumbrado buen humor, que una vez se sentó en su estudio a preocuparse de muchas cosas. Finalmente el Señor fue y le dijo: “Quayle, vete a dormir; yo me sentaré allí el resto de la noche.”

9 de Agosto

Él cuelga la tierra sobre la nada.
Job 26:7

CONFÍA EN QUE Dios hará por ti mucho más de lo que puedes comprender.

Cuando esperamos que Dios acuda en nuestra ayuda, fácilmente caemos en la tentación de tratar de descubrir qué materiales tiene a la mano para socorrernos. Es tan humano buscar y anhelar ver algo que pueda ayudar al Señor a proveernos la ayuda necesaria. En los momentos de desesperación, si descubrimos una pequeña cosa con la que Dios puede comenzar, nos sentimos muy satisfechos. Si necesitamos dinero y no podemos dar con una persona, con un amigo o una institución que pueda darlo, nos hace pensar que nuestra situación es muy negra. El panorama presenta solamente un pasivo, sin recursos para ayudarnos.

¿Cuál es la verdadera situación para los hijos de Dios? ¿Hay solamente pasivo? ¿No hay recursos? ¡Sí, los hay! ¡Miles, millones; miles de millones, billones! ¿Dónde están? Arriba, abajo, alrededor tuyo. La tierra y el aire están llenos de riquezas no contadas. Fija la vista en el Señor. No es necesario que tengamos alguna ayuda en vista, ni es necesario que Dios tenga algún socorro a la mano. Él no necesita nada para poder comenzar. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” ¿Con qué los hizo? Con nada. Una tierra hermosa y satisfactoria hecha de la nada. Recuerda que nada se usó para hacerla. “Él cuelga la tierra sobre nada.” Él la cuelga bien. Un Dios que puede hacer una tierra, un sol, una luna, y las estrellas de la nada y las puede colgar sobre nada, puede suplir a tu necesidad sin tener nada con qué comenzar. Confía en Él y Él te verá salir libre, aun cuando haya tenido que hacer de la nada aquello con que te socorrió. —Adaptado de un tratado.

Duerme tranquilo, reposa,
El pensamiento perturbador,
la angustia y la preocupación,
quita de ti, cual vestido.
Echa tus cargas y tus cuidados
en los brazos quietos de la oración. —Henry Van Dyke

10 de Agosto

Él da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna.
Isaías 40:29

BIEN CONOCE EL Señor Jesús nuestra tendencia a desmayar y desalentarnos cuando el enemigo nos presiona, las tinieblas nos en vuelven, cuando los vientos de tormenta nos envuelven y especialmente cuando parece que nuestras oraciones no han sido acogidas. “Él conoce que somos polvo”, y en su gran amor nos ha dado una parábola muy a propósito para tiempos perturbadores como los que vivimos. En vez de desmayar, debemos orar, y seguir orando hasta que Él considere oportuno enviar la respuesta que piensa es la mejor para nosotros. Es muy cierto que el Señor no tiene la misma disposición a no responder nuestras peticiones que el juez injusto demostró; tener ante la pobre viuda. Triste es decirlo, muy pocos lo conocen lo suficiente como para saber que no lo molestamos con nuestra importunidad, ni lo cansamos con nuestras continuas entradas a su presencia.

Alguien dijo una vez: “No tengas miedo de acudir a Dios. Él nunca dice: vuelve más tarde cuando esté menos ocupado.” La esperanza retardada hace que los corazones se desalienten. Hay momentos en que desmayamos y estamos listos a entregarnos a la desesperación pensando que la ayuda no vendrá. ¡Cuán necesario es recordar la viuda importuna que obtuvo lo que pedía porque no dejó de lado la esperanza!

Dios no quiere que desmayemos. Él no nos dejará desmayar. Nos ha dado un precioso remedio contra el cansancio. “Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; caminarán y no se cansarán.” (Isaías 40:31) “Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis y os vendrá.” (Marcos 11:24) Sólo tenemos que alabarle y esperar que cumpla sus promesas en nuestra vida. La paciencia de la fe es la que espera ver aquello que ha confiado al Señor, por lo cual no desmaya. El rey David, que pasó por circunstancias que casi lo hicieron desmayar, dijo: “Hubiera yo desmayado si no creyera que habré de ver la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. El que no se fatiga ni se cansa es el eterno Ayudador y Consolador. “Él da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.”

11 de Agosto

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.
Mateo 16:27

ESTA HISTORIA LA cuenta un soldado de la guerra de Crimea. Recibió una medalla por haber participado en una batalla, pero dice que la parte más conmovedora de la ceremonia correspondió a la entrega de la medalla a un compañero de batalla. Una bala de cañón le voló una de las piernas, pero el valiente soldado saltó, y afirmándose de un árbol, desenvainó su espada dispuesto a luchar hasta la muerte. Inmediatamente otro proyectil estalló y le arrancó la otra pierna. Sus compañeros lo levantaron y lo trasladaron al hospital, herido, sangrante y moribundo. Cosa rara, no murió, como pensaban. Vivió y el día de la distribución de medallas lo llevaron en una camilla a la presencia de Su Majestad la Reina. Los otros soldados recibieron las medallas de manos de secretarios, pero cuando ella vio a aquel hombre pálido y flaco que era llevado en una camilla, descendió del trono, se paró a su lado y con sus propias manos le prendió la medalla al pecho, mientras sus lágrimas caían como lluvia sobre el rostro del valiente soldado.

Confío que así va a ocurrir con muchos de nosotros. Entraremos a su presencia, nos pondremos de pie cara a cara con Él. Él descenderá del trono, saldrá a nuestro encuentro y mientras le miramos el rostro, todos los tronos y coronas se disiparán de nuestro pensamiento, porque verle a Él en toda su belleza será una recompensa en sí.

Se puede ir al cielo sin salud,

sin honores,
sin conocimientos,
sin amigos;
pero nadie puede ni podrá entrar jamás
sin Cristo.

12 de Agosto

Los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras.
Tito 3:8

Ahora bien, se requiere de los administradores que cada uno sea hallado fiel.
1 Corintios 4:2

LA GENTE DECÍA que el herrero ponía un cuidado estúpido mientras forjaba la gran cadena que estaba haciendo en su taller en medio de la gran ciudad. El herrero no hizo caso y continuó trabajando con mayor cuidado aún. Eslabón tras eslabón la fue haciendo, hasta que por fin la cadena estuvo terminada y se la llevaron. Poco después estaba enrollada en la cubierta de un gran barco que cruzaba continuamente el océano. Parecía que la cadena era inútil porque la gran ancla nunca se usaba y la cadena, por tanto, permanecía ociosa. Pasaron varios años. Una noche hubo una gran tormenta y el barco enfrentó el peligro inminente de estrellarse contra las rocas. Echaron las anclas una tras otra, pero ninguna sirvió. Las cadenas se partían cual hilachas. Al fin echaron la poderosa ancla y la gran cadena fue desenrollada rápidamente y corrió hasta que quedó tensa. Todos la observaban para ver si resistiría la terrible tensión. Se hundió en el mar tormentoso mientras el peso del barco descansaba en ella. Fueron momentos de intensa ansiedad. El barco con su preciosa carga de miles de vidas, dependía de aquella única cadena. ¡Qué hubiera pasado si el herrero no hubiera puesto cuidado en la confección de cada eslabón de aquella cadena! Pero él había puesto honestidad, verdad y fuerza invencible en cada parte de la cadena, razón por la que soportó la prueba sosteniendo el barco en lugar seguro hasta que amainó la tormenta y llegó la mañana. —J. R. Miller.

13 de Agosto

Plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido.
Romanos 4:21

NO PUEDO” (Números 11:14). Éstas son las palabras que dijo el gran conductor del pueblo de Israel cuando estaba al borde de la desesperación. Si alguien ha tenido sobre los hombros una gran responsabilidad, ése es él. El pueblo de Israel que por orden de Dios estaba conduciendo por el desierto, iba a él con todas sus quejas y problemas. Estaban llenos de murmuraciones y las derramaban en los oídos de Moisés. A pesar de los sacrificios que éste hacía por ellos, y de lo mucho que Dios les había bendecido, siempre estaban prontos a hallar faltas. Se ensoberbecían y se desalentaban fácilmente. Estar a cargo de una familia, un negocio, una oficina, una escuela o una iglesia es más que suficiente para una persona promedio. Pero aquí estamos ante un hombre que tenía que supervisar personalmente tres millones de almas por lo menos, la mayoría de las cuales eran desconsideradas y, a menudo, irrazonables. Un día la presión de la responsabilidad que pesaba sobre sus hombros era tan intensa que sintió que no podía soportar más y exclamó: “No puedo.”

Pero Dios es suficiente. Él puede. La dificultad de Moisés es la misma de muchos de nosotros: tomamos responsabilidades que corresponden a Dios y que Él ha prometido tomar sobre sí. Aunque Moisés era un hombre maravillosamente devoto y disciplinado, no había llegado al punto de entregar sus responsabilidades y ansiedades al Señor. Evidentemente tenía confianza en su propia habilidad para ejecutar aquello que Dios quería que hiciera. Esta crisis le sirvió para aprender a considerarse incapaz. Es necesario aprender nuestra absoluta incapacidad para realizar las tareas espirituales. Debemos comprender que los recursos y las responsabilidades de la vida y el servicio cristiano pertenecen inherentemente a Dios, y que nada es “demasiado difícil” para Él. Ninguna necesidad, exigencia o dificultad pueden sorprenderlo desprevenido. Él es capaz. Él obra el querer y el hacer. ¡Que el Señor nos dé una visión clara de su capacidad! —C. H. P.

14 de Agosto

El viento de tempestad que ejecuta su palabra.
Salmo 148:8

HAY ALGUNOS CARACTERES que se revelan solamente cuando una tempestad los acosa. Recuerdo haber quedado hondamente impresionado cuando leí el relato de un antiguo castillo de Alemania que tenía dos torres que guardaban una buena distancia entre sí. El viejo barón tendió largos alambres entre ambas torres, con lo que confeccionó un arpa eólica. Allí estaban los alambres tensos y las brisas veraniegas pasaban entre ellos, pero no se producía ninguna vibración. El viento ordinario, sin fuerza para moverlas, pasaba por ellas sin obtener un silbido. Pero cuando comenzaban a soplar los vientos de tormentas y el cielo se oscurecía y el aire retumbaba, los vientos con su toque gigantesco pulsaban los alambres y los hacían cantar y emitir las melodías más sublimes. De este modo Dios tiende las cuerdas del alma humana que bajo influencias ordinarias no vibra. Pero de vez en cuando fuertes tempestades las azotan y los hombres saben que los tonos producidos no se hubieran obtenido a no ser por la pulsación del viento tempestuoso.

Todo el día el viento con aliento amargo había acosado los árboles. Los remecía de un lado al otro y llenaba el ambiente con su sonido. La pálida tierra estaba fría y silenciosa; los cielos grises bajaban más y más. Cielo y tierra se unían con un tenue velo de nieve que como suaves vellones de blanca lana caían a tierra.

Era un día que parecía quejarse del peso de angustia que sufría la tierra, del gozo que muere, del amor que desfallece, de las esperanzas que languidecen, de las notas discordantes que vibran donde debiera vibrar el canto más dulce, del hombre que desentona en la armonía que Dios comenzó a tocar.

Pero cuando el sol escondido comenzó a descender y los rayos dorados resplandecieron como lanzas, las nubes temblorosas comenzaron a separarse. Mientras tanto, a través de la abertura, un diluvio de luz bañó las albas cúspides de los árboles, y puso en la tierra blanca un resplandor radiante de gloria. Entonces, a la luz del dorado resplandor, los pensamientos cansados se sintieron aliviados. La mano del Señor es la que envía el dolor a la tierra e ilumina las tormentas más oscuras. Él permite que la niebla oscurezca el sol, y que las vidas se ofusquen de tristeza. Pero de un modo misterioso corona el final con alegría. —Anónimo.

15 de Agosto

Encomienda a Jehová tu camino, espera en Él y Él hará.
Salmo 37:5

LA FE ES UNA condición de salvación; y como es una condición, debe ser un acto nuestro. La fe salvadora es una volición, y nosotros somos responsables no solamente de nuestras voliciones realizadas, sino también de aquellas que pudimos y debiéramos haber ejecutado. Mucha gente ora pidiendo fe, citan Efesios 2:8, “por gracia sois salvos por la fe, y esto no de vosotros pues es don de Dios”, y concluyen que la fe es don de Dios. En vez de pedir fe a Dios nuestra responsabilidad es creer. Cuando la gente dice que no puede creer calumnia a Dios. Un hombre le dijo a Moody:

—No tengo fe, no puedo creer.
Moody le respondió:
—¿A quién no le puede creer?
El hombre repitió varias veces que no podía creer, pero Moody repitió la pregunta:
—¿A quién?
Finalmente el hombre replicó:
—No puedo creer en mí mismo.
—Bien —le dijo Moody—, no quiero que crea en usted. Si quiere, considérese mentiroso, pero no trate de mentiroso a Dios. Sea Dios veraz.

Cree todo lo que Dios ha prometido. No podemos seguir adelante sin esperar en sus promesas. La oración consiste en suplicar el cumplimiento de las promesas. En todo lo que pedimos debe haber un “Así dice el Señor” que lo respalde, porque todo lo que Dios ha prometido es su voluntad para nosotros.

Cuando vas a acostarte en la noche no te preocupas pensando que la cama se va a quebrar. Y no te pasas la noche asido de algo por temor a caerte. Descansarías bien poco. ¡No! Simplemente confías en la cama y te acuestas a descansar. De esta manera debiéramos confiar plenamente en Jesús y reposar de nuestras obras como Dios reposa de las suyas (Hebreos 4:10). Los que creemos entramos al reposo. ¿Por qué? Porque alguien más va a hacer algo por nosotros. Dios exige que nos rindamos y confiemos en Él y en su Palabra. Confía en Él en cuanto a tus necesidades. Confía en Él de todo corazón. Confía en él siempre.

Entrégate al Señor, y luego, confía en su palabra.

*Este segmento fue tomado de Manantiales en el desierto (Segundo Tomo), el devocionario más leído en todo el mundo.

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