GP Sermón: Estad quietos, y conoced que yo soy Dios

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GP Sermón: Estad quietos, y conoced que yo soy Dios

 Editado por Les Thompson

Lectura Bíblica: Salmo 46

Este sermón fue predicado por el Rev. Edwards en junio de 1735,
durante los tiempos coloniales. Edwards fue uno de los fundadores
del Princeton Theological Seminary y uno de los más poderosos
predicadores del mundo nuevo. Verá que su contenido vale tanto
para el día de hoy como ha de haber valido para aquellos días
convulsivos en que vivió Edwards.

INTRODUCCIÓN
Este salmo parece un himno de la iglesia que se complace en Dios, no solo por ser el omnipotente soberano, sino por ser el omnipresente ayudador, que la defiende cuando el resto del mundo se ve envuelto en desgracias y catástrofes (vv. 1-3). Dios, como río refrescante (vv. 4-5), da aliento y gozo a su pueblo, aun en medio de la calamidad. Él hace que cesen las guerras cuando son contra su pueblo; Él quiebra el arco cuando se dirige contra sus santos. Demuestra su poder y soberanía como quiere, y ordena a todos estar quietos, y conocer que Él es Dios.

  1. Debemos estar tranquilos delante de Dios, bajo las mercedes de su providencia
    Tocante a la disposición interior de nuestros corazones, hemos de cultivar la calma y una serena sumisión de espíritu a la soberana voluntad de Dios, cualquiera que esta sea: calamidades, guerras, plagas, terremotos, torbellinos, accidentes, enfermedades, la muerte de seres queridos, etc. (Gn 50:19-20).
  2. Debemos estar quietos teniendo en cuenta el fundamento de la divinidad de Dios
    El hecho de ser Dios es razón de sobra para que debamos estar quietos delante de Él, sin murmurar en absoluto, sin objetar, sin oponernos, sino tranquilamente y con humildad sometiéndonos a Él en quietud y confianza para aprender lo que desea enseñarnos (2 Co 12:7-10).
  3. Debemos estar quietos delante de Dios para aprender lo siguiente:
    1. Por cuanto es Dios, es absoluta e infinitamente perfecto
      Es imposible que pueda incurrir en error o maldad. Él, continuamente y de una sola mirada, ve y conoce perfectamente todas las cosas, así las grandes como las pequeñas. Es imposible que Dios, que es esencialmente santo, pueda sin ningún sentido incurrir en el mal (Ro 8:28 y Stg 1:17).
    2. Por ser Dios, es tan grande que está infinitamente más allá de toda comprensión
      Por tanto, es irracional de nuestra parte pretender juzgar sus decisiones, ya que las mismas son misteriosas (Job 11:7ss; Ro 11:33ss). Ni tampoco tenemos derecho alguno a esperar que Dios nos explique la razón de sus actos o sus designios.
    3. Siendo que es Dios, todas las cosas son suyas
      Tiene derecho a disponer de ellas a su antojo y placer (Job 41:11; Dt 10:14). Es lógico, por lo tanto, que todas sean para Él y estén sujetas a su voluntad (Pr 16:4; Ro 11:36).
    4. Comoquiera que es Dios, es digno de ser soberano sobre todas las cosas
      Lo indicado para nosotros es estar quietos y someternos de buen agrado, sin objetar en manera alguna que Él tenga la gloria de su soberanía; al contrario, conscientes de su dignidad, debemos reconocerla con gozo, diciendo: «Tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos» (Ap 5.13); «Al que está sentado en el trono… sea la alabanza, el honor, la gloria, y el dominio…»
    5. Por cuanto es Dios, será soberano y actuará como tal
      No hay sabiduría, ni inteligencia, ni talento, ni ricos, ni sabios que puedan ir contra el Señor. Cuando Él actúe, ¿quién le pondrá reparos? «Quiebra el arco, rompe las lanzas, y quema los carros en el fuego» (Is 45:6-7).
    6. Como es Dios, está en posición de vengarse de aquellos que se opongan a su soberanía
      ¡Ay! del miserable que quiera pelear contra Dios, ¿podrá defender su posición delante de Él (Is 27:4)?

CONCLUSIÓN
«Estad quietos, y conoced que yo soy Dios». La soberanía de Dios se manifiesta en sus grandes obras, las cuales aparecen descritas en los versículos de este salmo. Esas mismas profundas desolaciones que Él desató en su designio de librar a su pueblo, utilizando medios terribles, muestran también su grandeza y su señorío. A través de todo eso, demuestra su poder y soberanía, y así ordena a todos estar quietos, y conocer que Él es Dios. Porque, dice: «Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra».

No hay, por lo tanto, manera de impedir a Dios actuar como tal. «De quien quiere, tiene compasión, y al que quiere endurecer, endurece» (Ro 9:18). Él tiene las llaves del infierno y de la muerte: Él abre, y no hay quien cierre; Él cierra, y no hay quien abra. Esto puede hacernos ver la insensatez de oponernos a los soberanos designios de Dios; y cuán sabios son aquellos que quietamente y de buen ánimo se someten a su soberana voluntad (2 Co 12:7-11).

AYUDAS HOMILÉTICAS

Del sermón hemos extraído este bosquejo. El «relleno» lo puede añadir usted al predicar sobre el tema, agregando ejemplos e ilustraciones y actualizándolo al medio en el que se desarrolla.

También el Salmo 57 nos ayuda a apreciar la confianza que debemos depositar en todo lo que Dios es en su amor y cuidado.

Esto puede ilustrarse con dos vasos. Llénelos con agua potable. En uno agregue un color (simboliza veneno) que representa el pecado que entró en todos los hombres en la caída. Los hombres pecan, dañan y maltratan porque son malos, afectados por el pecado. Queremos pensar que Dios es igual. Pero Dios es como el vaso de agua pura; sin mancha, sin sombra, sin maldad. Lleno de gracia y misericordia.

Los maestros de la Biblia en tiempos medievales hablaban del hecho de que Dios es incomprensible. Decían: «Lo que es finito no puede comprender lo infinito». Lo que conocemos de Dios es solo lo que Él nos ha revelado acerca de su persona en la Biblia. Estudie este diagrama:

«Señor, jamás te habría buscado si primero tú no me hubieras encontrado.»
[Blaise Pascal, filósofo cristiano del siglo diecisiete.]

Al llegar a la conclusión, podría contar una experiencia en la que pasó por una prueba difícil. Aunque en ese momento le pareció que Dios se había equivocado, ahora ve cómo estaba obrando en perfección para el bien suyo y para la gloria de Su bendito nombre. ¡Qué absoluta confianza podemos tener en Dios!

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