GP Pastoral 1: ¿Tienes seguridad económica?

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GP Pastoral 1: ¿Tienes seguridad económica?

 por Dr. Clyde M. Narramore


Hace años, Jorge Mueller (1805-1898), uno de los más grandes cristianos de Inglaterra y poderoso hombre de fe, estableció un orfanato. A veces el dinero andaba escaso y las circunstancias eran difíciles. Pero Jorge Mueller creía en la oración y confiaba en que Dios satisfaría sus necesidades.

Una mañana en que él y los niños estaban sentados para tomar el desayuno no había leche para el cereal. Pero algo tan insignificante como la leche o alteró su fe.

—Niños —explicó—, aunque todavía no tenemos leche, vamos a dar gracias a Dios por ella. Nuestro Padre Celestial conoce nuestras necesidades y estoy seguro que las satisfará.

Cuando inclinaron sus cabezas para ofrecer sus gracias por algo que no tenían, un inesperado y fuerte golpe a la puerta interrumpió sus oraciones. Jorge detuvo sus rogativas.

—Niños —les dijo—, esta puede ser la respuesta de Dios a nuestras oraciones.

La puerta se abrió y allí estaba parado un lechero, quien explicó que el carro se le había roto en la calle y que tenía que deshacerse de la leche.

Aunque el hombre emplea mucho tiempo de su vida en la búsqueda de la seguridad, es saludable recordar que no existe la absoluta seguridad económica, ni aun para los más ricos. Múltiples son las tragedias que pueden visitar a una familia y dejarla desamparada financieramente. El hombre tiene que enfrentarse con el duro hecho de que sus ahorros no le garantizan la seguridad económica que tan cuidadosamente planeara.

¿Hay seguridad económica?

A nivel humano no existe una fórmula para que el hombre esté seguro económicamente. Pero esta no es una respuesta sin esperanzas. Podemos estar económicamente seguros, sin ningún peligro de fallo. ¿Cómo? Consagrando nuestras vidas a la providencia de Dios. La Biblia nos dice: «Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Flp 4.19)

«Todo» y «¡conforme a sus riquezas en gloria!» ¿Puede algo ser más completo? Sin embargo, debemos recordar que Dios promete suplir nuestras «necesidades» y no cualquier capricho egoísta.

Durante mis días universitarios conocí una mujer que era un ejemplo vivo de esta verdad. La señora Coldwell, viuda con dos hijos, que vivía cerca de la universidad y frecuentemente invitaba a los estudiantes cristianos a su casa. Esta refinada y profundamente espiritual dama fue una gran bendición para todos nosotros. La señora Coldwell se ganaba su humilde vida ofreciendo lecciones de música. Si sus alumnos enfermaban y no asistían a clase, no podía cubrir sus gastos. Pero nunca se sentía vencida: confiaba en un gran Dios.

«Dios lo sabe y no estoy preocupada», decía frecuentemente. «Seguramente Él, que es el que ha cambiado mi vida, puede enviarme de alguna manera la insignificante suma de treinta dólares». ¡Y Dios nunca la defraudó!

La petición de Ana
«Yo soy aquella mujer que estuve aquí junto a ti orando a Jehová. Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. —1 Samuel 1:26-27

El clamor de Bartimeo:
«Comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista» —Marcos 10:47, 51

El lloro de David:
«David rogó a Dios por el niño; y ayunó David, y entró, y pasó la noche acostado en tierra… Y al séptimo día murió el niño. Entonces David se levantó de la tierra, ye se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró» —2 Samuel 12:16, 18, 20

La oración de Elías:
«Oro fervientemente para que no lloviese, y no llovió… otra vez oró, y el cielo dio lluvia» —Santiago 5:17-18

¿Se ocupa Dios de nosotros?

¿Está al tanto de los detalles de nuestras necesidades? Sí. Cristo dijo: «¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre. Pus aun vuestros cabellos están todos contados. Así que no temáis; más valéis vosotros que muchos pajarillos» (Mt 10:29-31).

¡Aun vuestros cabellos están todos contados! ¡Qué minuciosidad! Si Dios se ocupa de ti, no descuidará tus necesidades. Él quiere ocuparse de ti.

Si eres un cristiano preocupado por tu seguridad económica, desahógate con Dios y pídele que se encargue de ti. Pídele que te transforme la mente para que puedas ver que la verdadera seguridad no está en el dinero, sino en Dios. Una vez que Él te dé esta actitud nueva, llenará de paz tu corazón.

La preocupación por la seguridad económica es como una pequeña corriente de temor que corre a través del alma. Le fe hará desaparecer esta molesta corriente, pues la fe y la preocupación no son compatibles. No pueden compartir un mismo corazón ni una misma mente. El hijo de Dios que cree sinceramente que todas las cosas ayudan a bien no puede estar mucho tiempo preocupado. La preocupación nunca bendice: enferma. Trastorna la digestión y quita el sueño. Nos vuelve irritables, no quita la paz y nos amarga el pensamiento.

La solución es

  • orar diaria y fervientemente,
  • leer asiduamente la Biblia y
  • confiar plenamente en que Dios no nos fallará.

La oración y la lectura de la Biblia cimientan la fe. Si somos hijos de Dios, dejemos a un lado la preocupación. ¿Por qué preocuparnos cuando podemos orar, leer y creer?

Como hijos de Dios tenemos recursos que están ocultos para el mundo. No permitamos nunca que el temor al futuro nos impida gozar el presente.

Cuando estamos en el lugar en que Dios quiere que estemos, no tenemos por qué estar preocupados por nuestras necesidades. Dios promete suplir. Si nos dirige, nos da sus provisiones. Ambas cosas siempre van juntas. Cuando adoptamos decisiones propias estamos solos, pero si le seguimos, nuestro presente y futuro dependen de Dios.

Vance Havner, (1901-1986) conocido dirigente cristiano, señala lo siguiente en la historia del profeta Elías. «Cuando Dios le dijo a Elías que fuera a Querit y se ocultara junto al arroyo, añadió: «Yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer». Después Dios dijo a Elías que fuera a morar a Sarepta; y añadió: ‘He aquí que yo he dado orden a una mujer viuda que te sustente’. Dios no prometió alimentar a Elías en cualquier lugar. No dijo: «Vaga por cualquier país que sea de tu gusto y yo te alimentaré». Su mandato estaba limitado a allí; el lugar señalado por la voluntad de Dios.

Dios suple solo donde Él guía

El lugar de su propósito es el lugar de su poder y de su provisión. Y allí debemos estar.

Dios suple si mantenemos rectamente la relación con Él y obedecemos su voluntad. Algunas veces es difícil darlos pasos de fe necesarios para que Dios revele Su poder y sabiduría.

Pablo y Luisa Gates, una joven pareja, estuvieron cubriendo sus gastos mensuales hasta que tuvieron una emergencia. Esta requería dinero que no tenían. Desde que eran creyentes habían dado el diezmo. Dios siempre los había bendecido. ¡Pero estaban ante una emergencia…!

—Querida —le dijo Pablo a Luisa—; ¿qué haremos? Si dejamos de diezmar podemos pagar nuestras deudas. Luego nos ponemos al día con el diezmo.
—No, Pablo —respondió Luisa meneando la cabeza—. Eso no estaría bien. El diezmo es de Dios. Si lo hemos pagado siempre, no debemos dejar de pagarlos ahora. Creo que si honramos y obedecemos a Dios pagándole nuestras deudas, Él, de alguna manera, nos ayudará en esta dificultad financiera.

Pablo pensó un momento. Después fue hacia donde estaba su mujer y besándole en la frente le dijo:

—Tienes razón, querida. Me alegro que pienses así. Diezmaremos como de costumbre y confiaremos en que el Señor atienda a nuestras necesidades.

Aquella tarde un amigo fue a visitarlos y a los pocos minutos de haber llegado dijo:
—Inesperadamente, mi mujer y yo recibimos un cheque por correo el otro día. Hemos orado sobre esto y nos sentimos guiados a darles una parte de este cheque. Usadlo en lo que queráis.

Pablo y Luisa cambiaron miradas cargadas de asombro. ¡Qué contentos y agradecidos estaban! Cuando abrieron el sobre vieron que el cheque era exactamente por la cantidad que necesitaban. Y se sintieron contentos de no haberle fallado a Dios.

Siempre da buen resultado obedecer a Dios. La viuda de Sarepta es un ejemplo de esta verdad (1 R 17:8-16). Estaban en una situación terrible: había hambre y sequía en la región. Todos los días alguien moría de hambre. Sin embargo, cuando Elías llegó y le pidió que la preparara una torta con la última taza de aceite, ella obedeció a Dios. Podría haber dicho: «Perdóname, Elías, pero hay mucha escasez de todo y necesito los alimentos para mi propia familia.» Habría podido guardar el trigo y el aceite para su propio uso, pero después que se hubiesen acabado, ella y su hijo habrían muerto de hambre. Sin embargo, como la viuda obedeció y dejó en manos de Dios su seguridad, él la honró reponiendo continuamente la fuente de alimento.

Note que Dios no le dio de una sola vez la harina y el aceite que iban a necesitar en el año. Más bien fue satisfaciendo sus necesidades de día en día. «Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Dios había dicho por Elías» (1 R 17:16)

La promesa de Jesús:
«Pedid, y se os dará buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá» —Mateo 7:7-8

La promesa del Padre:
«Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros pidáis» —Mateo 6:8

La promesa del Espíritu:
«Qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles» —Romanos 8:26

La advertencia divina:
«No tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites» —Santiago 4:2-3

Conclusión

Quizás Dios no nos colme con enormes sumas de dinero de una vez (aunque puede hacerlo), pero va satisfaciendo nuestras necesidades a medida que se presentan. Es estupendo que sea así. Así no nos interesamos tanto en nuestra prosperidad financiera que olvidamos al Dador. Más bien dependemos de Él para obtener el «pan cotidiano».

¿Debemos planear sabiamente? Sí, debemos planear piadosamente el futuro. Pero tenemos que tener en mente que la verdadera seguridad económica solo nace de Dios. Dios sabe nuestras necesidades y puede satisfacerlas día a día, «pues vuestro Padre Celestial sabe que tenéis necesidad de estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas» (Mt 6:32-33).

El nuestro es un gran Dios ¡y el futuro lo tenemos asegurado en sus manos!

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