Cómo ministrar a los “inconformes”

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Cómo ministrar a los “inconformes”

por Wilbur Madera

Si has estado en el liderazgo por algún tiempo, ya habrás tenido encuentros interesantes con personas que no están conformes con la situación que, desde su perspectiva, tiene la organización, ministerio o iglesia que diriges. Los hay de todos tipos. Hay quienes plantean inquietudes, dudas o preocupaciones, y otros que describen la situación como caótica o casi apocalíptica. Siendo sinceros, generalmente, no es una experiencia muy agradable la conversación con personas que se oponen, en cierto modo, al trabajo que estás desarrollando. Pero como líderes, somos llamados a ministrar en cada oportunidad que tengamos, y aun esos momentos incómodos los debemos aprovechar sabiamente para ministrar para la gloria de Dios y el avance de su iglesia.

Para aprovechar mejor estas oportunidades debemos comenzar cambiando nuestra actitud. No veas a los inconformes como un problema, sino como una oportunidad. Los “inconformes” son un recordatorio de que no eres perfecto y que tu trabajo como líder puede mejorar aún más. Sus observaciones, ya sean bien o mal intencionadas, generalmente, señalan áreas de tu ministerio que necesitan mayor atención. Puede ser que sus propuestas no sean las indicadas ni vayan de acuerdo con la visión de la iglesia, pero escucha con mucha atención las preocupaciones que traen detrás, porque es muy probable que subrayen asuntos que debes atender.

Los “inconformes” también presentan una oportunidad para crecer en virtud cristiana. Tendrás que ejercer paciencia, perseverancia y amor para seguir ministrando fielmente a personas que no siempre te animan con sus comentarios. Es tan fácil ser líder de personas que te siguen entusiastamente, pero dirigir a personas a quienes tienes que convencer primero, presenta un verdadero desafío. Precisamente, la existencia de tales personas hará que seas más cuidadoso con los detalles, la buena marcha y los resultados de todo lo que haces en el ministerio. Todo esto te convierte en un mejor líder y desarrolla en ti un carácter aprobado.

Debemos ver a los “inconformes” como enviados por Dios para nuestro desarrollo como líderes y nuestra santificación. Cambiemos nuestra actitud; veámoslos como una bendición para nuestro ministerio y estaremos preparados para ser de bendición también para ellos.

Ya con una actitud renovada, sugiero cuatro pasos para ministrar a los “inconformes”.

Atiende

Cuando alguien venga a compartir alguna preocupación, observación, queja, acusación o comentario sobre el ministerio que diriges, escucha con mucha atención. No interrumpas su presentación aunque tengas una respuesta rápida para su cuestionamiento o te des cuenta de que se está basando en información incorrecta. Sé paciente; déjalo hablar. Toma notas y sólo haz preguntas para entender mejor lo que te está tratando de comunicar. Si no escuchas con atención ¿cómo podrás responder sabiamente?

Mucha de la tensión del momento que trae una conversación con alguien inconforme se va reduciendo cuando la persona percibe que está siendo genuinamente escuchada y que el líder toma en serio su participación. Por eso, esfuérzate por escuchar atentamente, haciendo contacto visual y mostrando genuino interés con tus gestos y preguntas.

Acepta

Después de escuchar con mucha atención, hay un paso muy importante para que este tiempo sea de edificación. Aquí es donde muchos fallamos. Aunque escuchamos con atención, acto seguido contestamos los cuestionamientos y a veces hasta descartamos sus observaciones y propuestas. Antes de dar cualquier paso hay que aceptar o reconocer aquellos puntos en los que la persona tenga razón.

Quizá sea conveniente comenzar agradeciendo que haya venido a hablar contigo. También felicitarlo por su interés en el buen desarrollo del ministerio. Además, hacerle saber que también puedes ver —cuando menos en parte— la problemática que está señalando. Es decir, trata de subrayar los puntos en los que concuerdas con él o ella.

Tal vez no puedes concordar con las propuestas que plantea la persona para solucionar el problema, pero sí puedes estar de acuerdo con la preocupación que motiva la propuesta. Trata de resaltar esos asuntos en los estás de acuerdo.

El punto en este paso es hacerle saber a la persona “inconforme” que eres un líder con quien se puede razonar y que eres lo suficientemente maduro para reconocer las áreas donde necesitas poner más atención.

Aclara

Generalmente, las personas “inconformes” no cuentan con la información completa. Su inconformidad se basa en información parcial que han interpretado equivocadamente. A veces, basta con aclarar o completar la información que están manejando para que se disipe su inconformidad. Otras veces, es necesario mostrarles una manera distinta de interpretar los datos que se tienen sobre la mesa.

Es importante practicar este paso con paciencia y escogiendo bien las palabras y los gestos. De ningún modo debe ser hecho con enojo, sarcasmo, burla ni actitudes semejantes. Nuestro propósito es mostrarle a la persona aquellas piezas de la información que desconoce o no ha tomado en cuenta, a fin de que reconsidere su postura.

Anima

No siempre podemos convencer a los “inconformes”, pero siempre podemos animarlos a actuar correctamente. Es importante animarlos a ser parte de la solución. Algunos “inconformes” se caracterizan por criticar o señalar las cosas que les parecen mal, pero no están dispuestos a ser activos en la solución. Hay que hacerles notar que si Dios les está concediendo percibir una necesidad, es muy probable que ellos sean parte de la solución que Dios provee dentro del Cuerpo de Cristo. Anímalos a verse como parte de la solución.

Otro aspecto importante en el que debemos animarlos es en el sabio manejo de la información que conocen. Hay que advertirles de lo fácil que es caer en el pecado del chisme, la auto justicia y el juicio contra el prójimo. Debemos animarlos a seguir decididamente los pasos bíblicos de la pacificación registrados en Mateo 18:15-17 y a cuidar su lengua de comunicar información a personas inadecuadas y en los contextos inadecuados.

Hablar con gente “inconforme” puede ser cansado y algo que a ningún líder le agrade. Pero es parte del llamado que hemos recibido del Señor. Los grandes líderes de la Biblia, como Moisés, Pablo y el mismo Jesucristo, tuvieron esa misma experiencia. Dios nos dé sabiduría para convertir esos momentos incómodos en momentos de edificación, crecimiento y avance del Reino de Dios.