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Tres lecciones de la Navidad

por Al Valdés

El Nacimiento del Salvador Jesucristo sigue siendo el mensaje principal de la Navidad — el hecho de que la segunda Persona de la Trinidad, Dios Hijo, se unió a la humanidad. Él se hizo hombre (sin dejar de ser Dios, lo cual sería imposible) a fin de morir como el Sacrifico por excelencia y así pagar por todos nuestros pecados. Este hecho aseguró la naturaleza gratuita de nuestra salvación, ya que fue El –y no nosotros—quien pagó por nuestra salvación. Cualquier supuesto mensaje de salvación que pretenda añadirle algo a la fe sola (o sola fide en las palabras de la Reforma) como condición para la salvación eterna califica de mensaje falso.

Creer en Cristo para salvación significa que usted ha quedado convencido de la promesa: “el que cree en Mí tiene vida eterna”. Ha sido persuadido de la verdad de Juan 3:16: “El Padre amó al mundo, entregó a Su Hijo único, con el fin de que los que cumplieran una sola condición —creer en Él como Salvador— disfrutarán de la vida eterna”. Pero hay muchas otras verdades que provienen de los relatos de la Natividad. Aprendemos algo de José, de los pastores de los rebaños en Belén, y de los magos que vinieron del oriente.

José no quiso difamar a María

¿Cómo se sentiría usted si su prometida para la cual usted se estaba guardando (correctamente) para la luna de miel resultara embarazada? Sin dudas hubiera causa tanto para enojo como para la respuesta pecaminosa de hablar mal de ella. Pero José tomó otro curso de acción. Mateo lo recuenta así:

Y el nacimiento de Jesucristo fue como sigue. Estando su madre María desposada con José, antes de que se consumara el matrimonio, se halló que había concebido por obra del Espíritu Santo. Y José su marido, siendo un hombre justo y no queriendo difamarla, quiso abandonarla en secreto.
(Mateo 1:18-19)

Después de su decisión un ángel le puso las cosas en perspectiva: Pero mientras pensaba en esto, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor, diciendo: “José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque el Niño que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo. Y dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había hablado por medio del profeta, diciendo: ‘He aquí, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: Dios con nosotros'”. Y cuando despertó José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer; y la conservó virgen hasta que dio a luz un hijo; y le puso por nombre Jesús. (Mateo1:20-25)

En contraste con la actitud y las acciones de José muchos no pueden esperar para divulgar asuntos que potencialmente pueden dañar la reputación de otros. En lugar de esto podemos seguir el buen y amoroso ejemplo de José. Además de las acciones de José tenemos otra lección que viene por medio de los pastores de Belén.

Los pastores comunicaron a otros acerca de Jesús

El mensaje acerca de Jesús no se puede contener sino que ha de expresarse. Los pastores de Belén nos muestran una de las respuestas apropiadas a Jesús—contarles a otros acerca de Él. Lucas nos relata cómo ellos respondieron frente al Mesías recién nacido:

Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño. Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían. Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho. (Lucas 2:8-20)

A nosotros también nos toca hablarle a otros acerca de Jesús. Y aunque nosotros no hayamos sido testigos presenciales de la vida y el ministerio del Salvador, tenemos la fuente confiable de la Palabra de Dios para darnos la información que necesitamos. Su confiabilidad se muestra en parte por medio de las profecías cumplidas.

Las profecías del Antiguo Testamento son absolutamente confiables

Los relatos de la primera Navidad nos demuestran que podemos tener confianza absoluta en las profecías de la Biblia. La experiencia de los magos y la interacción entre el Rey Herodes y los líderes religiosos sacan a relucir la precisión de las Escrituras proféticas en señalar a Belén como el lugar dónde el Mesías iba a nacer:

Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, he aquí, unos magos del oriente llegaron a Jerusalén, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle. Cuando lo oyó el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalén con él. Entonces, reuniendo a todos los principales sacerdotes y escribas del pueblo, indagó de ellos dónde había de nacer el Cristo. Y ellos le dijeron: En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta: “Y tu, Belén, tierra de Judá, de ningún modo eres la mas pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un Gobernante
que pastoreara a mi pueblo Israel.”
(Mateo 2:1-6, LBLA)

Entonces Herodes llamó a los magos en secreto y se cercioró con ellos del tiempo en que había aparecido la estrella. Y enviándolos a Belén, dijo: Id y buscad con diligencia al Niño; y cuando le encontréis,
avisadme para que yo también vaya y le adore. Y habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí, la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo sobre el lugar donde
estaba el Niño. Cuando vieron la estrella, se regocijaron sobremanera con gran alegría. Y entrando en la casa, vieron al Niño con su madre María, y postrándose le adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra. Y habiendo sido advertidos por Dios en sueños que no volvieran a Herodes, partieron para su tierra por otro camino.

Hay otras profecías referente a la primera venida del Mesías que también se cumplieron. Esto nos da confianza de que lo que Dios ha dicho acerca de la Segunda Venida de Jesús también se cumplirá.

Conclusión

Hemos visto la confiabilidad de las profecías bíblicas, el testimonio natural y no forzado de los pastores, y el tierno procedimiento de José ante la circunstancia inesperada con María. Pero hay muchas otras lecciones para descubrir en los relatos Navideños. Les invitamos a pasar un tiempo esta temporada leyendo de nuevo y reflexionando en Lucas capítulos 1 y 2 y Mateo 1 y 2.