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Sobre un pastor que no acepta la cruz como símbolo

PREGUNTA:

Tengo una discusión con un Pastor amigo que no acepta la Cruz como símbolo, considera que la Cruz como tal fue un arma; es decir, un instrumento o arma mortal que en la persona de Jesús provocó tanto daño. Por esa razón no debería ni ser mencionada y menos usada como símbolo. ¿Qué opinan?

RESPUESTA:

Pablo nos dice que se gloriaba solo en una cosa, la cruz de Cristo: (Gálatas 6:14) Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. En Filipenses 3:18 se queja de los que son enemigos de la cruz: Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo.

Negar la cruz de Cristo es negar la salvación provista para nosotros por medio de la muerte de Cristo. Negar la cruz es negar el evangelio. Querer cambiarle el sentido de esa cruz —y el símbolo que representa— equivale a rechazar todo lo que Dios hizo a nuestro favor. Ahora, no adoramos a la cruz, adoramos al que murió sobre ella. Y es verdad que en un aspecto la cruz representa un arma: nuestra arma contra el pecado, puesto que en la cruz morí con Cristo al pecado.

Estuve leyendo un libro sobre lo que significa ser un hijo de Dios. Interesantemente el capítulo que leí estaba basado en Gálatas 2:20: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

De veras, realmente, sin mentira, solo soy un hijo de Dios si morí en la cruz cuando Cristo murió —mi sustituto voluntario, el que murió en mi lugar. Esa muerte fue necesaria a causa de mi pecado, y en Cristo cumplí totalmente el castigo eterno que yo merecía, y en Cristo encontré el perdón total que tanto necesitaba. No fue una cruz que yo inventé, no fue una cruz sin clavos, ni una cruz ficticia que adorna mi cuello. Fue un Señor Jesucristo real, y una cruz real, con clavos reales, y muerte real. Allí toda la transacción necesaria para lograr el perdón de mis pecados realmente ocurrió. Lo que era necesario para que yo fuese perdonado fue hecho, y ahora vivo una vida nueva, pues he resucitado con Cristo a esa vida. Mis pecados están allá clavados para siempre en la cruz—ya separados de mi como el este es del oeste— y ahora lo que vivo en la carne es la nueva vida que Cristo me ha dado.

En lugar de mirar hacia atrás, hacia mis debilidades y fracasos, ahora creyendo plenamente en lo que Cristo logró en la cruz por mi, vivo una vida que agrada servirle a él. Es verdad que soy un pobrecito ser humano con todas mis dudas, debilidades, tendencias, y fracasos. Pero la nueva vida que vivo ahora la vivo con Cristo viviendo en mi, con el Espíritu Santo en mi, con Dios el amoroso Padre en mi. Ese todopoderoso Trino Dios es el que ahora me lleva en sus manos, me sostiene, me da toda la fuerza que necesito para día a día cumplir con todo lo que él me pide. Por lo que ocurrió en aquella cruz ahora soy suyo, un hijo legítimo, tan pegado a él que no hay absolutamente nada en este universo que me pueda separar de mi Dios y Salvador. Ni aun los rumores de la gente, ni sus quejas, ni sus acusaciones, ni circunstancias que están fuera de mi control. CON CRISTO ESTOY JUNTAMENTE CRUCIFICADO. Y vivo locamente agradecido por la nueva vida que él me ha dado.

Un consejo: Procura ganar tu amigo para Cristo. Obviamente, si no acepta la cruz en la cual Cristo murió para perdonarle a él sus pecados, él no es creyente. Está perdido en sus pecados, condenado a pasar una eternidad sin Dios, no importa que se llame pastor.

Les Thompson