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Sembrando hasta que la muerte nos separe

por Wilbur Madera

Introducción

Todos trajimos a nuestros matrimonios sueños, expectativas y deseos. Todos soñábamos con una relación romántica sin fin. Esperábamos que nuestro príncipe azul se volviera nuestro caballero noble e invencible o que nuestra princesa desplegara su belleza y nobleza todos los días.

¿Has visto fotografías de parejas el día de su boda? ¿Qué te dicen sus rostros? Quizá cosas como estas:

  • “Y se casaron y fueron muy felices”.
  • “Voy a amarte y servirte hasta que la muerte nos separe”.
  • “No hay nada ni nadie más importante para mí que tú”.
  • “Disfrutaré cada momento junto a ti”.

Cada vez que observo fotografías de bodas veo personas llenas de buenos deseos, buenas intenciones, grandes expectativas y muchos sueños. Nunca he visto rostros enojados, distantes o apáticos en las fotos de bodas. Por eso, a veces me pregunto cuando platico con matrimonios que atraviesan por dificultades ¿Qué pasó entre el día de la boda y este día? ¿Qué ocurrió para que las cosas llegaran a su estado actual?

Buscando al responsable

Quizá te has hecho la misma pregunta: “¿Cómo llegamos hasta este punto en nuestra relación?” Probablemente has tratado de encontrar al responsable de los problemas matrimoniales en cosas como:

  • El trasfondo emocional. Es decir, la experiencia que tuvimos creciendo en nuestras respectivas familias; la educación que recibimos en casa; etc.
  • Las dificultades económicas. O sea, los escasos ingresos; la administración deficiente de los recursos; los desacuerdos en las prioridades; etc.
  • La relación con los familiares. Nos referimos a la relación del cónyuge con los padres o los suegros; el entrometimiento de los familiares en la relación; etc.
  • Las diferencias en gustos y preferencias. Es decir, las características particulares de los cónyuges en cuanto a lo que les gusta hacer; hábitos personales; preferencias en música, pasatiempos, etc.
  • Las diferencias ideológicas. O sea, el choque de perspectivas, prioridades, y creencias entre los cónyuges.

Si bien es cierto, que éstos y otros factores pueden hacer más fácil o difícil el camino del matrimonio, el pensar que ellos son los responsables de la problemática, nos hace buscar la respuesta en el lugar equivocado. Es una perspectiva de la vida muy pasiva. El problema en tu matrimonio, según esto, es algo que les pasa o ha pasado. Algo que vino de afuera y les afectó. En lugar de verlo así, debemos adoptar una perspectiva más bíblica y más activa. Por eso me gustaría que hablemos de un principio bíblico que es pertinente para el asunto que estamos considerando.

El principio de la Siembra

Hay un principio bíblico ineludible que entra en juego aquí. Le podemos llamar el principio de la siembra y dice así: “Todo lo que siembres, cosecharás”. Hay una relación directa entre lo que haces y decides, y lo que vas a cosechar tarde o temprano. Si siembras “calabazas”, cosecharás “calabazas”. Si siembras “zanahorias”, no puedes esperar cosechar “calabazas”. Viéndolo desde este ángulo, podemos decir que el estado presente de tu matrimonio es el resultado de tus decisiones, actitudes, palabras y acciones del pasado.

La Biblia dice en Gálatas 5:7-8 NVI: 7 No se engañen: de Dios nadie se burla. Cada uno cosecha lo que siembra.8 El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna.

En este pasaje se expresa el principio de la “Siembra”. Las implicaciones de este principio son:

  • No te engañes pensando que puedes sembrar lo malo y cosechar algo bueno.
  • Creer así es pensar ilusamente que puedes burlarte de la justicia de Dios.
  • Tarde o temprano, tienes que enfrentar los resultados (cosecha) de tus acciones y palabras (siembra).
  • Este es un llamado a tomar responsabilidad por tus actitudes, decisiones, acciones y palabras en el contexto de tu matrimonio. Nos hace ser activos en vez de pasivos.

Más que mirar fuera de ti buscando al responsable del estado actual de tu matrimonio, debes hacerte esta pregunta: ¿Qué he estado sembrando todos estos años? ¿Qué decisiones, prioridades, actitudes, palabras y acciones he estado sembrando en mi matrimonio?

El principio de la siembra explica el estado actual de tu matrimonio. Estás cosechando lo que has sembrado. El estado actual de tu matrimonio refleja lo que has estado sembrando desde el día que dijiste: “Sí acepto”. En vez de verte como un simple espectador de lo que ocurre en tu relación conyugal, este principio bíblico te pone en una posición de responsabilidad en cuanto a lo que pasa en tu matrimonio.

La siembra y el matrimonio

Es importante aplicar este principio bíblico a nuestro matrimonio. Entender correctamente qué es el matrimonio y cómo vivir sembrando, es de vital importancia para gozar de un matrimonio creciente.

Perspectivas sobre el matrimonio

El matrimonio como contrato

Algunos ven el matrimonio como un simple contrato legal. El peligro de verlo así es que podemos entrar a una mentalidad de “clientes y prestadores de servicios” o de “patrones y empleados”. Según esta mentalidad, los contratos se hacen principalmente para que no haya problemas y protegerse de abusos entre las partes que participan. El problema es que si entras al matrimonio con esta mentalidad, entonces:

  • Presupones que tu cónyuge es alguien de quien te tienes que cuidar o proteger. Como el patrón no quiere que el empleado abuse y viceversa, así también el esposo y la esposa con esta mentalidad, entran al matrimonio viéndose como contrincantes en vez de como aliados.
  • Condicionas tu aportación al cumplimiento responsable de la otra parte. Se espera que cada cónyuge cumpla su parte del contrato, es decir, es un arreglo de 50%-50%.
  • Las partes se perciben como dos individuos. En un contrato, el vendedor nunca deja de ser el vendedor y el comprador, tampoco deja de serlo. Así los matrimonios que adoptan la mentalidad de un contrato, no alcanzan a verse como una unidad orgánica, sino enfatizan su individualidad. Hablan de tú y yo, en vez de nosotros.

El matrimonio como pacto

Desde la perspectiva bíblica el matrimonio es mucho más que un contrato. El matrimonio es un pacto entre un hombre y una mujer que presupone:

  • Dos unidos por Dios. El matrimonio es de invención divina. Dios es el que nos une. Así el esposo y la esposa deben ver que más allá de ellos, hay alguien más involucrado en su relación: Dios.
  • Dos iguales en dignidad. El pacto matrimonial no se establece entre oponentes que buscan la primacía. Aunque tienen distinta función en el matrimonio, el esposo y la esposa son de igual dignidad delante de Dios.
  • Dos que se vuelven uno. Una de las maneras que la Biblia describe el matrimonio es con la frase: “una sola carne”. Esto nos muestra que el matrimonio no es un arreglo del 50% de cada cónyuge, sino que se trata del 100% de cada uno. Es una fusión de un hombre y una mujer. Por eso Jesús dijo que no debemos desunir lo que Dios ha hecho uno.

La Biblia dice en Génesis 2:24 RV60: 24Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

De aquí aprendemos que el enfoque y meta del matrimonio es vivir tal y como Dios los describe: una sola carne. Entonces, el matrimonio se trata de sembrar siempre para ser una sola carne.

Sembrando en el matrimonio

Habiendo entendido que nuestra meta es vivir como una sola carne, hablemos de la realidad diaria en nuestro matrimonio. Todo estaría muy bien si sembráramos lo bueno en nuestro matrimonio e inmediatamente recogiéramos frutos buenos. Pero a veces, esto no ocurre así. Tenemos que sembrar constantemente y no siempre alcanzamos a ver resultados favorables. Con el tiempo, puede ser cansado sembrar y sembrar y no ver el fruto inmediatamente. Es allí cuando comienza a invadirnos el desánimo. Comenzamos a pensar que no vale la pena seguir sembrando o que ya hemos sembrado demasiado sin resultados; y con el tiempo claudicamos por completo.

Pero la Biblia dice en Gálatas 5:9 NVI: 9No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.

Dios sabe que puede resultar cansado sembrar sin ver frutos inmediatos, por eso nos dice que no dejemos de sembrar. La palabra “siembra” nos apunta a dos cosas: perseverancia y paciencia. Así como los labradores requieren perseverancia y paciencia para lograr la cosecha, así también la siembra en el matrimonio requerirá estas dos acciones de ti.

La siembra requiere que perseverantemente sigas actuando de acuerdo con Dios en tu matrimonio. Se perseverante, no te canses, no claudiques, sigue haciendo el bien aunque sea difícil. También el matrimonio requerirá que seas paciente. A veces, el resultado no se ve inmediatamente, sino “a su debido tiempo”. Tu tiempo no siempre es el tiempo de Dios. Pero algo hay seguro y confía en esto: nunca se va con las manos vacías, al final de cuentas, aquel que siembra para Dios. Esa es Su promesa. ¡Todo lo que siembres, eso también cosecharás!

Si el estado actual de tu matrimonio es el resultado de tus decisiones, actitudes, palabras y acciones del pasado, entonces las buenas noticias son que el estado futuro de tu matrimonio depende de lo que comiences a hacer HOY. En Cristo, tu matrimonio tiene la gran oportunidad de cambiar o mejorar aun más. No te canses de hacer el bien. Siembra hoy perseverante y pacientemente para ser una sola carne, y a su debido tiempo, cosecharás.

Consejos para la buena siembra

Esta lista, por supuesto, no es exhaustiva, pero puede ayudarte a iniciar una buena siembra en tu matrimonio para llegar a ser una sola carne.

  1. Sean intencionales en vivir como una sola carne en todas las áreas. Su llamado matrimonial es a caminar el mismo camino, perseguir el mismo sueño, compartir las mismas penas y alegrías. Dios les ve como una sola carne. Piensen en qué áreas no están andando como una sola carne (finanzas, educación de los hijos, trabajo, relación con Dios y la iglesia, etc.).
  2. Participen comprometidamente en un grupo pequeño de matrimonios. El estar constantemente expuesto a la enseñanza de la Escritura siempre es benéfico para un matrimonio. Además, Dios usa las relaciones dentro su comunidad para forjarnos a semejanza de Jesús. El grupo pequeño les provee estos dos ingredientes tan indispensables para su crecimiento matrimonial.
  3. Oren y lean la Biblia juntos regularmente. Mientras más cerca están en su comunión con Dios, más cerca estarán el uno del otro. Por eso hagan de la devoción en pareja una cita impostergable en su rutina.
  4. Planifiquen tiempos regulares en pareja. La vida transcurre tan vertiginosamente que si no eres intencional en planear tiempos regulares en pareja, sencillamente no ocurrirán y con esto, su relación se irá deteriorando. Así como somos sistemáticos e intencionales en otras áreas de nuestra vida, por qué no serlo en la relación humana más importante que tenemos.
  5. Den a su relación matrimonial la prioridad que tiene sobre otras. No eres una sola carne con tus padres, con tus hijos ni con tus hermanos, sólo lo eres con tu cónyuge. Ninguna relación humana toma prioridad sobre ésta. Por amor a tus hijos dedica a tu cónyuge el tiempo necesario. Nadie del sexo opuesto debe ser tu mejor amigo(a), sino tu cónyuge.
  6. Hablen mucho y rían más. Recuerda cuánto hablaban y reían juntos cuando eran novios. No permitas que la rutina y lo complejo de la vida te roben ese deleite. Sé intencional en comunicarte y divertirte con tu cónyuge.
  7. Intencionalmente busquen honrarse y servirse el uno al otro. El amor se muestra con actitudes, palabras y acciones. No pierdan la oportunidad de mostrárselo constantemente el uno al otro a través de múltiples canales: palabras de ánimo, contacto físico, tiempo de calidad, actos de servicio, obsequiarse detalles, etc.
  8. Practiquen prontamente los principios bíblicos de resolución de conflictos. La Biblia está llena de instrucciones para resolver los conflictos. Estudien la Palabra para prontamente aplicar estos principios transformadores, tales como, sacar primero la viga de uno mismo, asumir la responsabilidad, confesar las faltas, pedir perdón y perdonar.
  9. Inviertan tiempo juntos en la relación con sus hijos. La siembra se extiende más allá de ustedes. Debemos dejar un legado de vida a la siguiente generación. Se requiere que los dos se involucren plenamente, como una sola carne, en la formación de sus hijos para la gloria de Dios.

Al casarte, aceptaste el gran desafío de sembrar en tu matrimonio para ser una sola carne hasta que la muerte les separe. Confiado en la gracia del Señor y obediente a Su Palabra, comienza a dar pasos hoy que traigan, a su tiempo, una maravillosa cosecha en tu matrimonio para la gloria de Dios.