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Resiste tu naturaleza corrupta

Traducción de Martín Lutero

Andad en el Espíritu y no satisfagas
los deseos de la carne (Gálatas 5.16)

Vive de acuerdo a como tu naturaleza espiritual te dirija, no sigas haciendo aquellas cosas que tu naturaleza corrupta [adánica] te pida.

Hay ocasiones en que el creyente cae y gratifica los deseos de su naturaleza corrupta. El rey David cayó terriblemente, cometiendo adulterio y causando la muerte de muchos cuando hizo que Urías falleciera en una batalla. Así dio lugar a que los enemigos de Dios criticaran al pueblo escogido, dieran gloria a sus dioses falsos y blasfemaran al Dios de Israel. El apóstol Pedro también cayó gravemente cuando negó a Cristo. Pero aunque fueron pecados terribles, no los cometieron intencionalmente en desdén de Dios, sino por debilidad. Además, cuando fueron confrontados, no persistieron en su pecado, sino que se arrepintieron.

San Pablo nos declara que debemos aceptar, instruir y restaurar a tales personas (Gálatas 6.1). Es así que aquellos que caen y pecan a causa de sus debilidades podrán obtener perdón si se levantan, se arrepienten y no persisten en seguir en sus pecados. Persistir en el pecado es desastroso. Si una persona no se arrepiente y sigue obstinadamente gratificando los deseos de su naturaleza corrupta, muestra que su espíritu es deshonesto.

Mientras estemos en estos cuerpos mortales tendremos toda clase de deseos pecaminosos. Nadie estará libre de tentaciones. Asimismo cada persona es tentada en forma diferente de acuerdo a sus características particulares. Uno puede ser atacado emocionalmente, por ejemplo, con depresiones, blasfemia, incredulidad y desesperación. Otro puede serlo con pecados más viles, como los deseos sexuales, enojo u odio. Pero Pablo demanda que vivamos por el Espíritu y que resistamos nuestra naturaleza corrupta. Cualquiera que obedezca su naturaleza corrupta y continúe gratificando esos deseos, debe saber que no pertenece a Cristo. Aunque tal persona se crea cristiana, no lo es. Vive en autoengaño.

—Comentario de Martín Lutero