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El espíritu de pobreza

PREGUNTA:

Estamos pasando mi esposo y yo muchos problemas económicos. Tenemos tres niños y somos cristianos desde hace dos años. Quisiera saber del espíritu de pobreza y miseria.

RESPUESTA:

¡Qué bueno que son cristianos en estos momentos difíciles! El Señor Jesús tiene unos consejos muy especiales para los que están padeciendo necesidades. Pero antes de hablar de ese pasaje en la Biblia, quiero hacer referencia a las circunstancias en que el mismo Salvador, Jesús, empezó su vida aquí en la tierra. Nos indica el evangelio de Lucas capítulo 2, que José y María se quedaron en Belén luego de nacer Jesús, no regresaron al lugar donde vivían en Nazaret antes de hacer ese viaje largo a Belén.

Que sepamos, José y María no tenían nada. En Belén, cuando nació Jesús, seguramente no tenían empleo. ¿Cómo comían? ¿Cómo consiguieron una casa? (Mateo 2:11 nos dice que los Magos “entraron en la casa”.) Ya no estaban en el establo donde nació Jesús. Lucas 2:21 dice que llevaron a Jesús para ser circuncidado a los ocho días de nacer (quizás había una sinagoga en Belén y allí lo circuncidaron). Pero a los 33 días María tuvo que ir a Jerusalén (a 15 kilómetros de Belén) para en el templo de Jerusalén cumplir con los ritos de purificación (puedes leer esto en Levítico 12, un capítulo corto) y allí sacrificar un cordero de un año con una tórtola. ¿Dónde consiguieron el dinero para el viaje y para comprar esos animalitos para el sacrificio?

Yo tengo sólo una explicación, ya que allí en Belén no tenían parientes y seguramente escasos amigos. José era un carpintero. Allí en Belén tuvo que salir a la calle y buscar un trabajito aquí y otro allá. Es cierto, es inconcebible pensar que el Hijo de Dios naciera de tal familia y en tal pobreza.

¿Por qué le digo esto? Jesús, el que pudo haber escogido a dónde nacer y de quién nacer, escogió a dos personas increíblemente pobres, y dejó que María y José se encargaran del cuidado de él. Ahora, ¿creen ustedes dos —tú y tu esposo— que Jesús que todo lo ve no conoce su situación? ¿Creen que él que nació bajo circunstancias de suma pobreza no se compadece de ustedes? Si Dios en su soberanía hizo posible que José encontrara un trabajito aquí y otro allá para suplir los alimentos que María, él y el niño necesitaban, además, poder comprar los animalitos esenciales para el rito de purificación de María, que ese amante Jesús les va a abandonar a ustedes?

Reconozco que en este tiempo del año, cuando acostumbramos dar regalos a nuestros seres queridos (dándolos en memoria del gran regalo que Dios nos dio al mandarnos su Hijo), es especialmente agonizante para padres que no saben de dónde vendrá el dinero que necesitan para existir otro mes. Pero les aseguro que Jesús sabe. Y Jesús mismo nos aclara esto en el evangelio de Mateo capítulo 6. (Espero tengan una Biblia y puedan abrirla a ese capítulo 6, del versículo 25 al 34 y leerlo todo con mucha atención.) Nota como comienza: “No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber…” En particular, considera el versículo 32: “Vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas….” Dios es el que les pide a ustedes a no afanarse, a confiar en él. El es el que promete proveer sus necesidades (no sus lujos). ¿Pueden confiar en él?

Mi recomendación es que no se afanen. Descansen en la promesa de Jesús que él proveerá. En lugar de entregarse al desespero, oren juntos, pongan todo lo que son y tienen ante el Señor Jesucristo, pídele a él que le den el trabajo que necesitan. Busquen allí en la localidad algún trabajito que puedan hacer. Y sigan dependiendo del Señor que él les de empleo. Y, una sugerencia final, pero muy especial e importante. Cuando el Señor Jesús les de algo, diezmen (tomen el diez por ciento y denlo en la iglesia o a otra persona necesitada), porque esto lo pide Dios como evidencia de su agradecimiento y como reconocimiento que todo lo que tienen viene de él.

Dios les bendiga como familia. Estaré orando por ustedes.

Les Thompson