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¿Qué pasa si nadie en su iglesia tiene capacitación teológica?

¿Alguna vez te has preguntado qué pasaría en la iglesia si nadie en la congregación hubiera sido entrenado en la Biblia? ¿Cómo podría alguien saber qué predicar o enseñar, y qué sucedería si dos maestros tuvieran una enseñanza contradictoria? ¿Cómo sabría la iglesia a quién creer? Algunos suelen sugerir o enseñan que no necesitamos entrenamiento teológico formal porque tenemos el Espíritu Santo para enseñarnos. Pero, ¿respalda la Biblia este tipo de idea? Miremos cinco razones por las cuales necesitamos instrucción en doctrina cristiana.

    1. El Señor Jesús enseñó a los apóstoles tanto antes como después de Su resurrección, para que luego pudieran enseñar a otros:
      En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. (Hechos 1:1-3)Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. (Hechos 2:42)
    2. Dios ha provisto a la iglesia de maestros humanos especialmente dotados para enseñar a otros, y quiere que usen su don de enseñanza:
      Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. (Efesios 4:11-16)
      Tenemos dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado. Si el don de alguien es el de profecía, que lo use en proporción con su fe; si es el de prestar un servicio, que lo preste; si es el de enseñar, que enseñe; si es el de animar a otros, que los anime; si es el de socorrer a los necesitados, que dé con generosidad; si es el de dirigir, que dirija con esmero; si es el de mostrar compasión, que lo haga con alegría. (Romanos 12:6-8)
    3. Los líderes de la iglesia deben tener la capacidad de enseñar:
      Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo. (1 Timoteo 3:1-7)
      Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros. (2 Timoteo 2:1-2)
    4. El Espíritu Santo guió a los autores de las Escrituras a escribir con precisión y sin error lo que Dios quería que comunicaran:
      Pero ante todo sabed esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de interpretación personal, pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de parte de Dios. (2 Pedro 1:20-21)
      Sobre todo, tienen que entender que ninguna profecía de la Escritura jamás surgió de la comprensión personal de los profetas ni por iniciativa humana. Al contrario, fue el Espíritu Santo quien impulsó a los profetas y ellos hablaron de parte de Dios. (1 Pedro 1:20-21, NTV)
    5. Necesitamos saber la verdad a fin de protegernos contra la falsa doctrina—la cual puede causar mucho daño:
      Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé; el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni de rebeldía. Porque es necesario que el obispo sea irreprensible, como administrador de Dios; no soberbio, no iracundo, no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo, dueño de sí mismo, retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen. (Tito 1:5-9)

Conclusión

Dios quiere que enseñemos—pero tenemos que enseñar correctamente. ¿Prefieres asistir a una iglesia donde los líderes han recibido la capacitación adecuada (y continúan aprendiendo) o una con enseñanza desconectada de las Escrituras? El relato clásico del encuentro de Felipe con un eunuco de Etiopía debería darnos la respuesta:

Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto. Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro. Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él. (Hechos 8:26-31)

Sabemos que Felipe pudo explicarle la Escritura al eunuco y este creyó en Jesús y también fue bautizado. La Biblia tiene más de cinco pasajes que enfatizan la importancia de la sana doctrina, la necesidad de aprenderla y vivirla, y la necesidad de discernir la enseñanza verdadera de la falsa. A medida que lea y estudie las Escrituras, las descubrirá por sí mismo. También es posible que desee tomar un curso o dos para mejorar su habilidad para comprender, vivir y comunicar lo que dice la Biblia. [Los enlaces que aparecen en este párrafo son a diversos Cursos FLET. Le invitamos a tomarlos.]