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¿Qué hacemos con la inmoralidad en la iglesia?

por Al Valdés

Hace poco una iglesia local ofreció un retiro espiritual para parejas. Tradicionalmente tales retiros se ofrecen a parejas casadas — matrimonios que desean enriquecer sus votos o darle ánimo a una relación que necesita regresar a los caminos del Señor. Sin embargo, en esta ocasión el pastor se quedó sorprendido cuando se quisieron inscribir parejas en la iglesia que, sin él saberlo, estaban viviendo juntos en unión libre — participando en relaciones sexuales sin casarse. Aparentemente carecían ya sea de conocimiento o vergüenza. Situaciones tales cómo esta sacan a relucir la realidad de que los estándares de moralidad y sexualidad se han perdido aun entre los cristianos. Más allá se dan casos de pastores que tienen tanto esposa como novia. Alguien comentó que se sentía mal por dichas esposas defraudadas hasta descubrir que ¡ellas habían buscado novios! ¿Cómo responde la iglesia frente a esta realidad? ¿Qué hacemos para confrontar las relaciones ilícitas entre creyentes? ¿Cómo podemos restaurar las normas sexuales cristianas a la iglesia?

Debemos regresar a los principios bíblicos

Un día un joven cristiano me retó diciendo que la Biblia en ningún lugar hablaba en contra de las relaciones sexuales prematrimoniales. (Muy posiblemente él ya había comenzado a poner en práctica su nueva filosofía interpretativa.) Inmediatamente comencé a pensar acerca de los textos bíblicos que tratan el tema. Recordé la ley en el Antiguo Testamento que trata sobre el que se acostaba con una virgen sin haberse casado con ella:

Cuando algún hombre hallare a una joven virgen que no fuere desposada, y la tomare y se acostare con ella, y fueren descubiertos; entonces el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta piezas de plata, y ella será su mujer, por cuanto la humilló; no la podrá despedir en todos sus días. Ninguno tomará la mujer de su padre, ni profanará el lecho de su padre (Deuteronomio 22:28-30).

Por cierto, no estamos bajo la Ley de Moisés. No obstante, este texto demuestra que en Israel uno no podía acostarse con una virgen soltera sin consecuencia.

Después, en Cantar de cantares vemos que Salomón, en su luna de miel, hace referencia a la virginidad de su nueva esposa, Sulamita, en términos poéticos comparándola a un jardín cerrado y fuente sellada: “Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía; Fuente cerrada, fuente sellada.”

Después ella lo invita a consumar su matrimonio con esta palabras:

Despierta, viento del norte,
y ven, viento del sur;
haced que mi huerto exhale fragancia ,
que se esparzan sus aromas.
Entre mi amado en su huerto
y coma sus mejores frutas.

Más allá de la luna de miel, en la epístola a los Hebreos leemos instrucciones concisas para los ya casados: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13:4).

Por fin, las instrucciones bíblicas acerca del matrimonio dan por sentado que el matrimonio representa la solución para el soltero que no puede esperar más para tener conocimiento carnal:

Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro. Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo; pero si no tienen don de continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando (1 Corintios 7:7-9).

Así, la Biblia claramente afirma paciencia y control para los no casados y fidelidad para los casados. Claramente enseña que no debemos participar en relaciones sexuales hasta que nos casemos. Pero, ¿qué ocurre con aquellos que deciden desobedecer?

Tenemos que tomar consciencia de las consecuencias de la inmoralidad

El adulterio afecta varios círculos sociales y familiares. En primer lugar afecta al cónyuge defraudado. Pero, potencialmente también afecta a los hijos, los padres, los suegros, los cuñados, los tíos, los vecinos, las amistades, y hasta extraños desconocidos que se llegan a enterar de las acciones ilícitas y privadas. Si se contrae alguna enfermedad transmitida sexualmente también se enteran el doctor, las enfermeras, y los empleados de la farmacia.

Más allá, la inmoralidad trae más consecuencias para creyentes que para los no cristianos. ¿Por qué? Porque los no creyentes no tiene testimonio cristiano que perder. Los no creyentes observan nuestras vidas y ejemplo. Algunos se deleitan en el mal testimonio de creyentes y se burlan del cristianismo.

Pero también descubrimos la promesa del juicio divino directo. En 1 Tesalonicenses 4:1-8 leemos:

Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo.

Por fin, el pecado sexual afecta al mismo perpetrador en un sentido que difiere de otros pecados. El apóstol Pablo amonesta: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (1 Corintios 6:18).

Así que el pecado sexual no vale la pena, ni el placer. Además de las consecuencias que llegan al individuo, a su comunidad y a su círculo social, la persona se expone al juicio temporal de Dios. Entonces, ¿cómo podemos prevenir estos resultados?

Debemos educar y disciplinar a la iglesia

Aunque Dios puede disciplinar a creyentes desobedientes directamente, Él le ha dado esta tarea principalmente a las congregaciones locales. La iglesia en Corinto provee el caso
clásico en el Nuevo Testamento. Allí había un hermano teniendo relaciones sexuales con la esposa de su padre — práctica ajena aun para los no creyentes.

De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? (1 Corintios 5:1-6)

Pero, ¿cómo sabemos que este caso trata de un cristiano? Las instrucciones de Pablo distinguen entre creyentes y no creyentes y clarifican que el caso trata de un hermano cristiano:

Os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios; no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis. Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros (1 Corintios 5:9-13).

De manera que debemos educar y disciplinar a la iglesia sabiendo que el pecado sexual puede que ocurra aun entre cristianos. Pero la disciplina debe hacerse con mucho amor, prudencia, y sensibilidad ya que el chisme y la revelación de las intimidades de las personas pueden dividir la iglesia y hacer que algunos nunca quieran regresar a ninguna iglesia. La disciplina siempre tiene la meta de que el creyente errante regrese al calor fraternal de su iglesia—de la comunidad cristiana. Así, debe brotar del amor y no del prejuicio y la condenación.

Conclusión

Hace varios años dos personas que servían en una iglesia local se involucraron íntimamente. Se sospechaba, pero no había evidencia firme para confrontarlos. Un día un líder de la iglesia casi los sorprendió juntos en un lugar público. Aparentemente, el Señor les proporcionó un aviso misericordioso ya que treinta segundos antes el líder tal vez los hubiera visto besándose o abrazándose. No obstante, no recibieron el aviso. Meses después, con ambos matrimonios respectivos en derrota, uno de ellos murió trágicamente como consecuencia de la situación.

La inmoralidad en la iglesia trae consecuencias más allá lo que podemos imaginarnos. Tal vez este artículo sirva como amonestación para el propio lector. Puede ser que el pecado sexual esté ocurriendo en su iglesia o vida personal. Si así es, hay que regresar a los principios bíblicos, tomar consciencia de las consecuencias, y lidiar con la situación tal como las Escrituras mandan.