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Noé: El padre que supo salvar a sus hijos

Génesis 9:8-28

INTRODUCCIÓN

Uno de los más grandes héroes de la fe fue Noé. Su historia la hemos oído desde niños, con énfasis en el diluvio y los animales que se salvaron en el Arca. Pero, ¿habrá algo más en esa historia, algo que hable claramente al hombre moderno que se encuentra en un diluvio de religiones contradictorias, ideas antagónicas, costumbres nuevas incompatibles con las normas antiguas? Revisemos los detalles de la vida de este héroe singular. Dejemos que Dios nos hable a través de Noé, el padre que supo salvar a sus hijos.

I. NOÉ HALLÓ GRACIA

Dios impartió gracia (favor) a Noé. La gracia precede a la bondad. La gracia es causa de la bondad de nuestro gran Dios.

Romanos 11:6 Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia.

Dios comenzó la obra en el corazón de Noé y él, por la fe, llegó a ser un gran hombre de Dios. Noé no pudo haber sido diferente ni mejor que el mundo que le rodeaba de no haber sido por el poder regenerador y santificador del Espíritu Santo.

II. NOÉ ANDUVO CON DIOS

Noé se comportó en armonía con un Dios justo; por lo tanto no pudo andar en armonía con un mundo injusto. La relación y el gozo de que Noé disfrutaba le daban seguridad y confianza para enfrentarse a la oposición y la adversidad. Es así que Dios le concedió a Noé una revelación.

Salmo 25:14 La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto.

III. NOÉ CONSTRUYÓ UN ARCA

Noé creyó la palabra de Dios respecto a un diluvio y construyó una embarcación conforme al plan que se le mostró. Noé creyó a Dios y eso le fue acreditado en justicia.

El mundo no creyó el vaticinio del diluvio. Pero el mundo supo que Noé creía que el diluvio venía: ¡ellos podían ver el arca! Noé constituye un ejemplo de cómo se es justificado por la fe y por las obras. Noé fue justificado por la fe delante de Dios: por las obras delante de los hombres. Noé fue declarado justo por Dios. Noé demostró delante de los hombres que era justo con la evidencia de aquella extraña embarcación. Podemos ver la fe de Noé en palabras y en obras. El creyó, predicó, y construyó.

Hebreos 11:7 Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justi­cia que viene por la fe. 

IV. NOÉ SE PREOCUPÓ POR SU HOGAR.

Noé amó y vivió de tal manera que trajo salvación a su propia familia. Su esposa y sus tres hijos con sus esposas, todos fueron salvos física y espiritualmente. Ocho personas no constituyen una muy grande congregación; pero es mejor ocho que ocho mil si entre los miles no está incluida la propia familia. He visto llorar a muchos predicadores de éxito por haber sacri­ficado el amor de sus esposas y de sus hijos ante el altar de ese éxito.

Hemos asistido a seminarios donde se nos dic cómo ganar almas por millares. Considero muy necesario un seminario donde se nos enseñe acerca del hogar y la familia. Aun si muchos no lo ven así, yo lo considero de imperios a necesidad.

Cuando el Dr. James Dobson comenzó su ministerio de ayuda psicológica partió de arrancada a toda velocidad: trabajaba de 16 a 18 horas diarias. Su padre vio esto con preocupación y lo llamó a contar. Se sentó con él y le hizo ver cómo estaba abandonando a su hogar y a su familia. Convencido, el Dr. Dobson cambió las metas de su vida. Hoy nos dice:

“De acuerdo con los valores cristianos que rigen mi vida, mi razón más importante para vivir es la seguridad de poner el evangelio en manos de los niños en mi hogar. ¡Mi responsabilidad número uno es la evan­gelización de mis propios hijos”!

Algunos pastores se hallan tan ocupados en alcanzar el éxito para su iglesia y su denominación que se han olvidado de sus esposas y de sus hijos. Es igual con otros padres de familia y sus negocios seculares. Toda la dulzura del éxito se hará amarga si fracasan en ganar a los miembros más cercanos de su familia.

Aquellos de ustedes que se han entregado al trabajo secular o al mismo evangelismo con tanto celo y entusiasmo deben recordar que las almas que les rodean y a quienes han traído al mundo no son robots sino seres humanos con su propia personalidad como los demás. Dobson nos dice:

“La mayor de las decepciones es la de suponer que nuestros hijos serán cristianos devotos simplemente porque sus padres lo son”.

V. NOÉ EDIFICÓ UN ALTAR (Génesis 8:20).

Noé, su familia, y sus animales sobrevivieron al diluvio. Pero estaban escasos de provisiones. Fuera ya del arca, se enfrentaban ahora a un nuevo mundo. Había frutos que sembrar, casas que construir, rebaños que multiplicar. Pero lo primero que Noé hizo fue edificar un altar. Como padre/sacerdote, guió a su familia en la adoración. Sacrificó a algunos de los animales limpios. ¿Era esta la oportunidad de matar, cuando lo que se necesitaba era aumentar los rebaños y las manadas? Sí, ¡toda ocasión es apropiada para el culto y el sacrificio a Dios! La adoración a Dios ha de estar en primer lugar en el tiempo y en importancia en cada hogar cristiano.

Dios los había protegido y bendecido; todo cuanto tenían provenía de Dios.  Todo lo que tenían delante era para Dios. Lo que ahora necesitaban era una promesa de Dios. ¿Para qué plantar sem­brados? ¿Para qué edificar casas? ¿Para qué hacer nada si todo sería arrasado por otro diluvio? Noé y sus hijos seguramente se preguntaban: ¿Mantendremos el arca provista y en condiciones? ¿Correremos a subirnos al arca cada vez que empiece a llover? En el culto de adoración que celebraban han de haber hecho estas preguntas. Todas se las contestó Dios:

Génesis 9:11-17 Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra. Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco he puesto en las nubes, el cual será señal del pacto entre mí y la tierra. Y sucederá que cuando haga venir nubes sobre la tierra, se dejará ver entonces mi arco en las nubes. Y me acordaré del pacto mío, que hay entre mí y vosotros y todo ser viviente de toda carne; y no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne. Estará el arco en las nubes, y lo veré, y me acordaré del pacto perpetuo entre Dios y todo ser viviente, con toda carne que hay sobre la tierra.

Dijo, pues, Dios a Noé: Esta es la señal del pacto que he establecido entre mí y toda carne que está sobre la tierra.

Bellas promesas son estas. Su belleza se acentúa cuando se las relaciona con la hermosura del arco iris.

VI. NOÉ PLANTÓ UNA VIÑA.

Génesis 9:20,21 Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña; y bebió del vino, y se embriagó, y estaba descubierto en medio de su tienda.

Yo me crié en la escuela dominical y en la iglesia. Leí muchas historias bíblicas; pero todas las que leí, todas las lecciones de la escuela dominical que aprendí, todos los sermones que oí predicar terminaban siempre con la escena de Noé contemplando el amanecer, con el bello arco iris cruzando el firmamento. Todas las ilustraciones mostraban a Noé con su familia y con los mansos animales a su alrededor. “Y ahora, niños, pasemos a otra narración”.

Recuerdo la primera vez que leí la Biblia por mi cuenta y me tropecé con esta porción conteniendo este inesperado y sórdido incidente. Nadie me había leído ni contado esta parte en todos los años que asistí a la escuela dominical y la iglesia. Nadie mencionaba que el gran héroe del diluvio, prototipo de Cristo, se había emborrachado y acostado desnudo en su tienda. Esta actitud santurrona es típica de la manera en que mucha buena gente se encara al problema del pecado. SIMPLEMENTE LO EVADEN. Sea en la Biblia, sea en la familia, deciden pasarlo por alto. Es como barrer la basura debajo de la alfombra, o esconder un esqueleto en el escaparate. Si tienen algún miembro de la familia en­tregado al pecado, no hablan de eso. Desconocen a la persona y al problema, pensando en que así uno y otro desaparecerán. Nos gusta imaginar a nuestros héroes con vestidos blancos y las manos limpias, sin manchas ni defectos. Asimismo concebimos a los villanos desaliñados y sucios, de modo que podamos saber cuándo silbar y denostar.

Pero Dios procede en realidad y honestidad. La Palabra de Dios ni desconoce ni le da barniz al pecado. Dios no concluye el relato poniendo un arco iris alrededor de los hombros de Noé. Ni oculta Dios los pecados de los grandes héroes de la Biblia. Esto es algo que asusta y causa embarazo a muchos buenos cristianos. Dios incluye en su crónica los episodios de mal tono y los remiendos deslucientes. Nada hay de malo en plantar una viña. La Biblia no condena el uso del vino o del alcohol de por sí. Lo que la Biblia sí condena es la borrachera. Desde los tiempos de Noé, ¡a cuántos hombres buenos no ha atrapado el alcohol! Noé fue un predicador de moral y rectitud. Combatió contra el mal durante 120 años. Resistió las presiones de una mayoría inmoral. Se mantuvo firme ante las tentaciones de una sociedad fanfarrona y depravada que trató por todos los medios de hacerlo caer. Noé fue un buen padre que en el hogar dio el buen ejemplo a sus hijos. Fue el guía, el guardador, y el benefactor de su familia. Gracias a él, la especia humana y toda la variedad de animales escaparon la extinción. Noé es una representación del Salvador Jesucristo.

Pero Noé, el predicador de moral, fue hallado desnudo y borracho en su tienda. Para su vergüenza se registra este episodio. La nota de todo el pasaje es que Dios manifestó enojo contra Noé. Ni tampoco Noé estuvo orgulloso de sí mismo. Fue aquel un día de infamia. Noé se había enfrentado a un mundo hostil, su enemigo mortal, y había ganado. Era de esperarse que tarde o temprano habría de verse en medio de una crisis aun más seria. Durante 120 años se mantuvo en guardia sin fallar. Anduvo y oró entre incontables enemigos, y venció. Pero ahora “no” había enemigos. Noé estaba rodeado sólo por su familia. Luego de tanto tiempo, pensó que podía aflojar la tensión y descansar. Frente a un enemigo visible, se había batido con victoria y había salido ileso. Pero cayó ahora abatido por los mínimos dardos invisibles del maligno. Noé se enteró de que el pecado no está precisamente allá en el mundo malvado. No está en las grandes metrópolis.  (Cierto colegio metodista decía en sus anuncios que sus terrenos estaban a cincuenta kilómetros de cualquier pecado conocido.) El pecado no está en la cantina, o en la botella. No está en las casas de mala fama o en las zonas de “tolerancia”. El pecado está en el corazón humano; aun en el corazón del hombre rege­nerado. ¿Y no estará también acaso en las asambleas y presbiterios e iglesias? Satanás atacó a Noé cuando estaba solo y fuera de guardia.

1 Corintios 10:12 El que crea estar firme, mire no caiga.

Efesios 6:13 Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

Es difícil no aflojar la tensión luego que la gran batalla se ha peleado y no se ven más enemigos. El apóstol Pablo nos
dice que aun después de haber hecho todo debemos estar en guardia. No basta con mantenerse firme en las grandes crisis; no basta con enfrentarse con valentía al gran enemigo; no basta con obtener la victoria en la guerra grande. Hemos de estar vigilantes y guardar nuestras almas en la rutina quieta y apacible del diario vivir. Luego que se ha asentado el polvo de las grandes batallas libradas contra el liberalismo y la incredulidad, hemos de tener presente que seguimos expuestos a las tentaciones diarias de la carne. ¿Cuántos hay que son santos en público y demonios en privado? ¿Cuántos predicadores de moral llevan en oculto pecados peores en sus casas, o en hoteles baratos? ¿Cuántos ancianos y diáconos, que en la iglesia aparecen tan piadosos e impecables, son otra cosa en sus hogares o negocios, o en esos viajes a reuniones o convenciones? ¡La llamada revolución sexual ha invadido la iglesia!

¿Qué veríamos dentro de tu tienda? ¿Qué verías tú dentro de la mía?

VII. NOÉ EN CONTRASTE CON CAM.

Cam era hijo de Noé y había sido salvado de muerte por Noé. Noé fue un hombre grande y bueno que cometió un error. Una persona y un dirigente honorable que cayó en el pecado. Cam se olvidó de todo el bien y todos lo beneficios de que había disfrutado por causa de su padre. Su personalidad era la de aquellos que se sienten inferiores en presencia de la bondad y la grandeza. Es la clase de gente que se siente alegre cuando descubre las faltas en los demás, como si esto significara que ellos ganan en mérito. Cam era el hombre consumido por los celos que está presto no tanto para superarse a sí mismo como para rebajar a los que le rodean. Se necesita mucho esfuerzo y capacidad para ascender por una escalera; pero basta un puntapié para derribarla. Su envidia se convertía en delicia al advertir la falta de un hombre grande y bueno. Es el gozo malsano que produce la caída del poderoso. Era el excitado portador del descrédito ajeno; ansioso por divulgar el fracaso de un justo. En un instante olvidaba todo lo bueno, ansioso por destruir lo mejor. Su pecado se hace aun más abominable porque aquel a quien difamaba era su propio padre y maestro.

Hay que tener cuidado con el espíritu de Cam, siempre atento a la caza mayor. El individuo pequeño que lleva dentro la necesidad profunda de cazar un animal grande para probar que él también es grande. Este espíritu se imagina a sí mismo en el juego de vaivén. Piensa que automáticamente sube cuando hace caer al que está arriba. Pero no avanzamos cuando destruimos al fuerte. Mas bien todos salimos perdiendo, todos sufrimos y, a veces, somos aplastados juntos con esa caída. Hay momentos para condenar el pecado en altos puestos, pero protejámonos del hombre celoso que procura tumbar el fuerte pensando así ganarse importancia.

VIII. NOÉ ENCUENTRA AMOR QUE ENCUBRE.

Noé  tropezó y cayó. El espectáculo fue bochornoso. Su hijo Cam lo encontró en aquel cuadro miserable. El hijo debió haber cubierto al padre y no decir nada. Sem y Jafet supieron cómo actuar.

Génesis 9:23 Entonces Sem y Jafet tomaron la ropa, y la pusieron sobre sus propios hombros, y andando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre, teniendo vueltos sus rostros, y así no vieron la desnudez de su padre.

“El amor cubre multitud de pecados.”

RESUMEN

La figura de Noé, representación de Cristo, no pierde su relieve por una mancha transitoria en su carácter. Al contrario, su grandeza se exalta en la comprobación de que estaba sujeto a debilidades como los demás hombres, pero que podía reaccionar en arrepentimiento y volver al camino derecho. Tristemente tuvo una caída trágica, pero aun por ella nos enseña a todos la necesidad de velar en la oración para no caer en la tentación.

 

Este estudio fue preparado para los pastores estudiando en el programa FLET (Facultad latinoamericana de estudios teológi­cos) por el Rev. A. D. Umbreit; es usado con permiso de LOGOI, Inc.