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Mujer Bonita

por Delia Celis de Madera

En un restaurante podemos encontrar un menú de opciones según nuestra preferencia, de igual manera, existe un menú de las opciones que tenemos, como mujeres, para embellecernos. En nuestro menú hay múltiples opciones para cada parte de nuestro cuerpo que requiera atención: manos, uñas, pies, cabello, rostro, cuerpo. Siempre habrá algún producto para cada ocasión y condición. Existe un menú de posibilidades en búsqueda de la belleza. Puedes encontrar estas opciones en anuncios, la televisión, revistas, por todos lados.

Pero hoy quisiera compartir con ustedes un consejo dado, hace mucho tiempo, por un hombre a un grupo de mujeres en el que menciona la belleza que debemos buscar. Este hombre llamado Pedro, conocido como el apóstol Pedro dijo: Que la belleza de ustedes no sea la externa, que consiste en adornos tales como peinados ostentosos, joyas de oro y vestidos lujosos. Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. 1 Pedro 3:3,4ª (NVI)

Estas mujeres no tenían tantas opciones de belleza como las que tenemos ahora, pero tenían el mismo problema que tenemos hoy: Se enfocaban más en buscar la belleza visible, la belleza externa, que la belleza interior. Es decir, la que procede de lo íntimo del corazón.

No es malo buscar vernos de manera agradable. Al contrario, debemos tener una presentación agradable. La manera en la que nos presentamos muchas veces dice algo de nosotras mismas. Pero hay problemas graves en buscar sólo o primordialmente la belleza externa.

La belleza externa es pasajera

Por más que lo anhelemos, no existe la fuente de la eterna juventud. El tiempo desgasta el cuerpo, la piel y la postura, Las diferentes etapas de nuestra vida nos cambian. No nos podemos ver a los 40 años como nos veíamos a los 18 años. Los embarazos, los días vividos, nos cambian. El paso del tiempo, las etapas de la vida y muchos otros aspectos están totalmente fuera de nuestro control. No puedes detener lo inevitable. La belleza externa se va extinguiendo poco a poco.

Los jueces de la belleza externa son insaciables

La sociedad va cambiando los parámetros de la belleza y cuando pensamos que por fin lo logramos, ya cambiaron. Por ejemplo, la moda. Lo que a unos les parece hermoso a otros no. Los criterios para juzgar la belleza externa son tan subjetivos que nunca podrás complacer a todos.

Tampoco nosotras mismas estamos enteramente contentas con nuestra apariencia. A nuestro juicio quizá pensamos que tenemos la nariz muy grande. O bien, pensamos: “Si tan sólo mis labios estuviesen menos gruesos”; “Si mi cuerpo tuviese más de este lado o menos del otro”. Envidiamos lo de otras y nos comparamos con otras continuamente. Logramos una cosa y ya encontramos otra en la que deseamos cambio.

Por eso Pedro aconseja que busquemos la belleza interna. La Belleza interna que es un espíritu suave y apacible.

Entonces, no se trata del color de tu lápiz labial, se trata de las palabras que salen de tu boca. ¿Te quejas a menudo en vez de agradecer? ¿Hablas mal de otros en vez de decir cosas agradables de los demás? ¿Buscas frases sarcásticas para agredir a otros en vez de permanecer callada? ¿Tiras “indirectas” en vez de hablar amablemente y de frente? ¿Aprovechas tus palabras para animar y elogiar a otras personas?

No se trata del rimel y las sombras sino se trata de lo que ven tus ojos. ¿Andas viendo sólo lo que no te gusta o lo que pudieron hacer mejor para criticarlo u observas las cosas buenas de las personas y de las situaciones?

No se trata de uñas bonitas sino de lo que haces con tus manos. Sólo quieres que se vean bonitas o ¿Usas tus manos para servir a los demás? ¿Usas tus manos para ayudar a otras personas?

No se trata de los aretes que combinan con el atuendo sino se trata de qué haces con tus oídos. ¿Te quedas quieta para escuchar mejor el chisme? O ¿te alejas para no participar?

No se trata de un buen embellecimiento de pies y zapatos lindos. Se trata de hacia dónde te diriges ¿Te acercas a las personas que tienen necesidad? ¿Vas en busca de oportunidades para invertir tiempo con tu familia y personas que amas?

Puedes tener una apariencia agradable externamente pero si no tienes una belleza interna aun la externa se pierde de vista. Es agradable estar con una mujer bella internamente aun cuando no lo sea externamente o no esté muy a la moda. Pero no es fácil estar con una mujer que sólo es bella por fuera. De hecho, cansa y es desagradable.

La belleza interna es duradera

Contrario a la belleza externa que es pasajera, la belleza interna no se desgasta. Al contrario, un espíritu suave y apacible enriquece el tiempo y las circunstancias. Al pasar por las diferentes etapas de la vida la belleza interna puede crecer. La belleza interna puede manifestarse en diversas formas según las oportunidades que dan las diferentes etapas de la vida.

El juez de la belleza interna te ama

El consejo de Pedro termina de la siguiente manera: “Esta [la belleza interna] sí que tiene mucho valor delante de Dios.” 1 Pedro 3:4 (NVI) Dios no mira, como los hombres, lo que esta frente a sus ojos. Dios mira el interior de las personas. ¿Qué ve Dios en ti? No trates de complacer a la gente, la cual es voluble e insaciable. No trates de lograr un estándar difícil de alcanzar o imposible de mantener. Es mejor ser intencionales en embellecer nuestro interior.

En el mundo actual existen consejos para lograr ser bellas por dentro: ayudas en artículos, Internet, incluso libros enteros que hablan de una belleza interna. Ofrecen técnicas y sugerencias para la práctica de una belleza interior. Pero la belleza interna de la que yo estoy hablando, esta belleza duradera y perdurable a la que me refiero, depende de una relación con aquel quien te creo: Dios.

Dios, quien te hizo no sólo te hizo bella exteriormente sino quiere que lo seas por dentro. Dios es el profesional, en “make-overs” internos. Es especialista en transformaciones internas; y lo más importante es que te ama. Así que te invito a que pongas como prioridad invertir en tu belleza interna. Te animo a que busques a Dios, porque una mujer bonita es aquella que busca a Dios.