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¿Me puede explicar Marcos 2:18-22?

PREGUNTA:

¿Qué del ayuno? No puedo escuchar ni leer aún una explicación contundente acerca del pasaje de Marcos 2:18-22. Obviamente, tengo mi respuesta, pero ni ella me cierra; creo que hay mucho en el pasaje…

RESPUESTA:

Tampoco pretenderé darle una explicación satisfactoria. Lo que vemos en el pasaje es que los discípulos de Juan Bautista (él aparentemente está en la cárcel en ese momento, o le hubieran preguntado a él) se ponen a contemplar las actividades de los fariseos, que para aparecer religiosos y piadosos ayunan dos veces a la semana (a pesar de que el AT enseña que se ayunaba solo una vez al año en el Día de la Expiación, Levítico 16:29-31). Veían, en contraste, a los discípulos de Jesús y se admiraban porque no ayunaban. Se presentan a Jesús y piden explicación. La respuesta también nos intriga, porque es obvio por la ilustración de una boda y la felicidad del esposo y todos los invitados, que Cristo tiene en mente un contraste con el ayuno. Para la gente, ¿qué significaba el ayuno? Que tenían que hacerse limpios, lamentar su mala vida, es decir, con el ayuno hacer expiación por los pecados delante de Jehová. Recordemos que para los fariseos el ayuno —dos veces a la semana— era la mayor expresión de su devoción a Dios. Aquí Cristo está indicando que hay una manera mucho mejor y mucho más correcta para adorar a Dios y mostrarle nuestra devoción: esta es la de disfrutar del perdón que él ha traído al mundo. Ese perdón es tan completo que ahora consideramos una vida de servicio en su causa (cosa que nos llena de satisfacción), el revolcarnos en el gozo de ser Hijos del Rey, de vivir en alegre comunión con él, de saber que todos nuestros pecados han sido perdonados, de disfrutar de la alegría que vamos a la fiesta eterna que él tiene preparada para nosotros en el cielo).

Esto lo remacha al decir: “Nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar”. Ahora que Cristo ha venido y ha completado el camino para nuestra salvación, vivimos para disfrutar de esta nueva vida. Hoy no repetimos el Antiguo Testamento. Hoy es momento para gozo, y para regocijarnos por todo lo que Cristo nos ha dado. No es un día para luto, ni para mirar todo lo feo de nuestro pasado, ni para pasarlo lamentando nuestro pecados, puestos que estos ya han sido limpiados —eso sería igual a derramar el vino de los odres (despreciar todo lo que Cristo ha hecho). La solución de vida nueva nos la regaló Jesucristo. Es para ser vivida ahora, para celebrar y gozarnos con el esposo, para gloriarnos en todo lo que significa Cristo para nosotros sus hijos.

Les Thompson