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Los mitos que nos roban la fe

por Les Thompson

¿Recuerdan a El mago de Oz, uno de los famoso mitos de nuestros tiempos?

Al final de una larga búsqueda, Dorotea y sus amigos llegan a un espléndido palacio. Son llevados al majestuoso trono del mago y tiemblan ante su poderosa presencia. Las luces destellan y la poderosa voz como de trueno los cubre. Son aterrorizados. Pero entonces Toto, el perro de Dorotea, desapercibido, con sus dientes corre las cortinas del escenario. A descubierto queda toda una fantástica maquinaria con la que el mago los estaba engañando. Se dan cuenta que él no tiene poderes superiores, sino que es un mero ser humano. Ahora desenmascarado, Dorotea lo acusa de ser un deplorable y deshonroso charlatán. El mago se defiende, contestando que es muy buen hombre pero muy mal mago.

Lo interesante es que en esa obra el mito se «deconstruye»1)Deconstucción es un proceso usado para despedazar cualquier concepto objetivo. Es la manera en que escépticos cuestionan toda proposición y afirmación para llegar a la conclusión que no existe tal cosa como verdad. —esta es una de las nuevas expresiones del postmodernismo— quizás causándonos aun más desilusión que si se hubiera dejado tal como se pensaba que era. Ojalá todas las películas tuvieran la misma honestidad para esclarecer su propio engaño.

Voy, sin embargo, a otro efecto aun más dañino. Si lo que siente el público en el cine (incluso miembros de nuestras congregaciones) ante una obra finamente elaborada, no es cierto, ¿dónde está la realidad? El cine representa un púlpito de expresión y opinión poderosísimo (¿somos nosotros los predicadores tan persuasivos como lo es Hollywood?).

¿Cuál es la imagen que más se queda pegada a la mente? ¿No serán los mitos de la verdad y la realidad que se vieron sutilmente elaborados en la pantalla los que verdaderamente impresionan? En lugar de querer y apreciar al verdadero Dios de los cielos y lo que Él pide de nosotros, ahora los mitos anunciados en la pantalla han despertado apetitos falsos. Los nuevos planteamientos que brotan de personajes y situaciones ideadas tras la pantalla nos agradan y satisfacen. Nos gusta ese mundo libre, sin leyes, sin prohibiciones, dedicado solo a satisfacer los más exóticos y eróticos deseos que sentimos.

Por ejemplo, para nuestros jóvenes y adolescentes, ¿será que una Fuerza impersonal les parece preferible al Dios real de la Biblia, que condena el pecado y nos asusta con imágenes del infierno? Después de todo, esa Fuerza impersonal no demanda obediencia, ni establece normas de conducta, ni determina lo bueno o lo detestable, ni castiga, ni recompensa. ¡El mito que ven en la pantalla es mil veces preferible!

He aquí el dilema potencial que enfrentamos como predicadores: Más creíble y aceptable es una producción de Hollywood que los 66 libros de la Biblia. Más real lucen los protagonistas de las películas que las personas de las que habla la Palabra de Dios. Más gustoso y preferible el permisivo credo de los artistas modernos que la lista de requisitos morales de Jesús y los profetas.

Quién prefiere a Juan el apóstol si puede tener a Obi-Wan Kenobi? Ciertamente la nave Estrella Real Naboo es preferible al Arca de Noé llena de animales apestosos. ¿Quién quiere a un legislador como Moisés cuando puede tener al dulce y sabio Yoda o al fascinante Dalai Lama? ¿Por qué buscar a San Pablo si el escritor Lucas Skywalker o el sacerdote satanista Anton Lavey nos pueden llevar a mundos fantásticos, galaxias imaginarias… o al paraíso, que posiblemente esté un poquito más allá? Evidentemente la gente prefiere los mitos que hoy los alimentan antes que las verdades de la Palabra de Dios.

Todo, me parece, es un triste comentario de cuánto nos hemos apartado de la verdad para ser alimentados por las doctrinas y mitos de los hombres. Fue esta la advertencia de San Pablo a los Colosenses: Que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo (Colosenses 2.8). Es triste que las películas de Hollywood cobren más atención y valor que la misma Biblia, la Palabra del Dios viviente.

Pregunto: ¿será por un intento de contra restar este bombardeo de ideas anticristianas lanzadas por Hollywood que tantos predicadores hoy están optando por el sensacionalismo? ¿Será que hemos llegado a la conclusión de que lo milagroso es más enriquecedor que el evangelio? ¿Será verdad qué la predicación de la cruz, el pecado, el infiero y la vida eterna ya ha perdido validez? ¿Será verdad que nadie vendrá a escucharnos si con pasión nos dedicamos a predicar la Biblia, y sólo la Biblia?

Jesucristo nunca nos aseguró que predicar el evangelio sería popular:

  1. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; pero angosta es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan (Mt 7:13-14)
  2. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: “El siervo no es mayor que su señor”. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra (Jn 15:20)

Mi ardiente deseo, al escribir estas líneas, es animarles como colegas a ser fieles a Jesucristo y a su Palabra ante esta ola de falsas mitologías que como un tsunami irreverente arrasan nuestra tierra. Quiero ser como el perro Toto que abre la cortina para ayudarnos a ver la falsedad de los mitos creados por Hollywood (u otras fuentes modernas). Deseo demostrar la real y verdadera gloria del incomparable Dios sobre todo lo que el mundo puede producir. En fin, quiero retarles no solo a creer en la  verdad eterna de Dios, pero animarles a seguir fervorosamente predicando a nuestro glorioso, eterno, Jehová de los ejércitos, porque de él, y por él, y para él son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

References   [ + ]

1. Deconstucción es un proceso usado para despedazar cualquier concepto objetivo. Es la manera en que escépticos cuestionan toda proposición y afirmación para llegar a la conclusión que no existe tal cosa como verdad.