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Las 95 tesis 500 años después: ¿Qué podemos aprender de la lista de Lutero?

Las 95 tesis 500 años después: ¿Qué podemos aprender de la lista de Lutero?

Algunos líderes religiosos se aprovechan de sus feligreses. Confunden el mensaje de las Escrituras a fin de manipular, controlar y usar a otros. En lugar de comunicar el amor de Dios, el significado de la muerte y resurrección de Cristo y el regalo gratuito de la vida eterna por sólo creer en Jesús, tristemente comunican lo contrario. Hacen colectas y abusan del dinero de los feligreses, los confunden sobre su destino eterno y añaden las obras como condición al mensaje del Evangelio. Tristemente, esos abusos no han cesado desde el año 1517. En su tiempo Martín Lutero luchó contra el abuso de la iglesia a través de la venta de algo llamado indulgencias. Veamos lo que hizo Lutero y aprendamos de la historia.

¿Qué eran las indulgencias?

Las indulgencias esencialmente representaban vales o cupones que servían para disminuir la penalidad merecida por los propios pecados de uno — o el de sus seres queridos. Funcionaban así: Después de confesar los pecados a un sacerdote la persona todavía tenía que pagar una penalidad, ya sea en esta vida, o la que sigue. Todos los que morían con cualquier penalidad pendiente, pagarían la deuda restante en el Purgatorio, un lugar “pre-Cielo” lleno de dolor y del cual uno pasaba al Cielo. Una vez que pagabas tu deuda, te transferían al Cielo. Ahora, el Papa tenía a su disposición un tesoro amontonado de mérito adicional que quedaba de otros creyentes que ya habían cumplido su penalidad. El Papa podía dispensar este mérito extra como mejor le parecía. Y, este beneficio se podía comprar a fin de reducir el tiempo en el Purgatorio. A principios del siglo 16 un monje llamado Martín se opuso a estos arreglos.

¿Qué protestó Martín Lutero?

En los tiempos de Lutero, Roma necesitaba dinero para construir la basílica de San Pedro. Para ayudar a financiarla vendieron indulgencias. Este “arreglo” beneficiaba a todos ya que pagaba por la construcción por un lado y supuestamente salvaba almas por el otro. Johann Tetzel, fraile dominico, promotor oficial y vendedor manipulador jugaba con las emociones de los pobres prometiéndoles que tan pronto que oyeran el tintineo de sus monedas en la caja de ofrendas, el alma sufriente de sus familiares saldría del Purgatorio. Esta manipulación de los pobres turbó a Lutero, quien sabía que nadie puede comprar el perdón, sino que se recibe gratuitamente por sólo por la fe en Jesús. Fue entonces cuando escribió 95 tesis contra la práctica, las ató a la puerta del castillo de Wittenburg (una especie de tablón de anuncios medieval) y se ofreció a debatirlas. Los escritos no criticaron ni a la iglesia, ni al papa, ni a las mismas indulgencias sino más bien al abuso de las mismas. Asimismo, las 95 tesis se difundieron y provocaron discusiones y, en última instancia, la Reforma misma —un regreso a la Biblia y sus enseñanzas.

¿Qué podemos aprender hoy?

Existen iglesias hoy que implican (o dicen directamente) que, si les damos dinero, Dios nos dará favor especial —sanidad física, respuestas a la oración, incluso grandes riquezas. Hoy, como en el año 1517, aquello que guió a Martín Lutero todavía puede dirigirnos: las Escrituras. Lutero sintió indignación de que Tetzel prometiera el Cielo a los pobres a cambio de sus monedas. Ahora, el pecado siempre trae consecuencias. Pero no podemos anularlas con dinero. Imagínese a un padre diciéndole a sus hijos: “Págame 10,00 dólares y acortaré tu tiempo de castigo por 10 minutos”. En cambio, la Escrituras dicen que Jesús murió en nuestro lugar por nuestros pecados (1 Pedro 3:18a) y que obtenemos la vida eterna por creer en Jesús (Juan 3:16-18; 5:24) —como regalo gratuito (Efesios 2:8-9, Romanos 4:1-8). Por lo tanto, no podemos guardar silencio. Lutero no guardó silencio en su día.

Conclusión

La protesta de Lutero contra las indulgencias surgió de su entendimiento de que no podemos ganar perdón por nuestra buena conducta. La Biblia es muy clara:

Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios, desobedientes, extraviados, esclavos de deleites y placeres diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles y odiándonos unos a otros. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad, El nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, que El derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvado”. (Tito 3:3-6, NASB)

Dios nos ama y nos salva del castigo eterno cuando creemos en Jesús como nuestro Salvador. Las iglesias en todas partes deben reflejar el amor libremente ofrecido por Dios y comunicarles a otros la buena noticia de que Jesús pagó por todos nuestros pecados y nos promete la vida eterna cuando creemos en Él como Salvador. Amén.

“De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.” (Juan 6:47)