Comienza

Regístrese

Regístrate hoy Hágase miembro y acceda nuestro recurso

Ingresar

¿Eres miembro? Ingrese para acceder su cuenta

La institución de la Santa Cena

por J. Oliver Buswell, Jr.

(Este es un extracto de Teología Sistemática de J. Oliver Buswell, Jr., editado por Zondervan y traducido por LOGOI)

Examinemos la institución de la Cena del Señor y entendamos los
puntos esenciales de lo que ocurrió y de lo que significa para  nosotros hoy.

El pan

La historia en los tres sinópticos y en 1 Corintios 11 enseña que los primeros pasos en la institución de la Cena del Señor fueron la acción de gracias y el tomar y partir el pan. El pan tiene que haber sido pan sin levadura, porque este era el tiempo de la pascua. El rompimiento del pan ocurrió «mientras comían» (Mt 26:26; Mr 14:22). Los cuatro informes dicen que «tomó Jesús el pan y bendijo, y lo partió». El panecillo sin levadura no tenía la forma de nuestro pan con levadura. Era más como una torta redonda y plana. Los tres evangelios sinópticos dicen que Jesús «dio a sus discípulos». Esto debe significar que distribuyó a los discípulos los fragmentos del pan que tomó y partió en esta oportunidad.

Las cuatro narraciones representan las palabras de Jesús al partir el pan como de la esencia de un significado sacramental. Las palabras de Jesús dadas por Marcos son breves: «Tomad, esto es mi cuerpo…» Mateo dice: «Tomad, comed; esto es mi cuerpo.» Lucas dice simplemente: «Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mi.» Esto concuerda casi palabra por palabra con lo que dice Pablo: «Esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.»

La copa

Lucas y Pablo declaran que la copa fue tomada «después de haber cenado» (Lc 22:20a; 1 Co 11:25a). Mateo y Marcos dicen que Jesús tomó la copa y dio gracias y la dio a los discípulos (Mt 26:27; Mr 14:23). Lucas y Pablo dicen simplemente, «de igual manera… tomó la copa» (Lc 22:20a; 1 Co 11:25a).

Mateo da las palabras «Bebed de ella todos». Marcos dice: «Bebieron de ella todos.» Mateo y Marcos dicen que Jesús dijo: «Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada». Mateo añade «para remisión de los pecados».

Lucas y Pablo dan las palabras: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre». Lucas añade, «que por vosotros se derrama», y Pablo, «haced esto todas las veces que la bebiereis en memoria de mí».

Pablo concluye: «Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.»

Las palabras «sangre del nuevo pacto» ciertamente traerían a las mentes de los discípulos muchos pasajes del Antiguo Testamento, tales como Éxodo 24:8, en los cuales el pacto mosaico fue instituido por el rociamiento de sangre; pero principalmente, las palabras «nuevo pacto» ciertamente traerían a sus mentes la profecía de Jeremías 31.31-34, la única profecía relacionada al «nuevo pacto» con estas mismas palabras.

LA FORMA DE LA CEREMONIA

La Escritura nos da poca instrucción positiva en cuanto a la forma exterior de la observancia de la Santa Cena. La definición citada arriba del Catecismo Menor de Westminster, p. 96, declara que «la Cena del Señor es un sacramento1) Consideramos como “sacramento” únicamente todo signo visible instituido por Jesucristo. Por tanto, como evangélicos tenemos solo dos: el bautismo (Mt 28:19) y la Santa Cena (Lu 22:19; 1 Co 11:23-26). La Iglesia Católica  tiene siete: el bautismo, la penitencia, la eucaristía (Santa Cena), la confirmación, el matrimonio, el orden sacerdotal, y la extremaunción. Solo el bautismo y la eucaristía fueron ordenados por Jesucristo.,  por el cual, dando y recibiendo pan y vino, según la ordenanza de Cristo, se simboliza su muerte…» Ciertamente se observa la cena del Señor si los elementos nombrados son dados y recibidos con la verdadera intención de seguir el mandato de Cristo. Más allá de los esenciales absolutos, se aceptan casi universalmente los siguientes puntos como convenientes en la observancia de este sacramento:

Lectura de la Escritura
Ciertamente se debe leer la Escritura que narra la institución de la Cena del Señor. Se usa más comúnmente el pasaje en 1 Corintios 11:23-29, o por lo menos los versículos 23-26. Algunos han entretejido los tres relatos de los evangelios sinópticos con el relato en 1 Corintios 11, y han producido una armonía que incluye cada palabra de Jesús encontrada en los relatos de la institución. Ciertamente no puede hacerse objeción a esta práctica.

Acción de gracias
La oración dando gracias por los elementos de la Cena del Señor debe incluir propiamente la dedicación de los elementos al uso sacramental para el cual han sido preparados y pedir la bendición sobre su uso.

La distribución del pan
Con toda probabilidad el pan usado en la última cena fue pan sin levadura, y por causa del simbolismo bíblico de la levadura (ver 1 Co 5:6-7) les parece a muchos apropiado el usar pan sin levadura en la observancia de la Cena del Señor. Sin embargo, una controversia larga y amarga sobre la cuestión del uso de pan sin levadura o pan con levadura causó división en la iglesia antigua. Ciertamente sería un error dividir la comunión del Señor sobre la forma externa de la ceremonia, especialmente en vista de que no hay un mandamiento expreso en la Escritura que cubra este punto.

Es costumbre en muchas iglesias que el ministro a cargo de la distribución del pan quiebre un pedazo de él como Cristo partió el pan para distribuirlo a los discípulos, haciendo más vívido el pensamiento del cuerpo quebrantado de Cristo sobre la cruz.

Gracias antes de la copa
El relato indica que Jesús dio gracias antes de la copa tanto como antes del pan. La oración de gracias antes de la distribución de la copa usualmente está en la naturaleza de una acción de gracias por los beneficios de la expiación con referencia especial a nuestra limpieza del pecado por la sangre de Cristo.

La copa
El contenido de la copa no se designa específicamente como vino en los relatos, aunque eso es la designación usual. Se llama «el fruto de la vid» (Mt 26:29; Mr 14:25; Lc 22:18). Sabemos por la evidencia arqueológica que en el tiempo de Cristo y los apóstoles se usaba mucho más vino no fermentado de lo que comúnmente se imagina. Sin embargo no es necesario argüir que el vino usado en la Cena del Señor era necesariamente vino no fermentado para mostrar que es apropiado en nuestro mundo moderno que se use vino no fermentado. Es muy probable que en cualquiera congregación grande y en muchas congregaciones más pequeñas haya alcohólicos convertidos que han sufrido de un agudo alcoholismo casi no conocido en el tiempo de Cristo, personas que serían seriamente tentadas por el sabor de una bebida alcohólica. La cuestión del uso de la llamada «copa única» en oposición al uso de las copas individuales ha agitado a algunas iglesias. No puede probarse por los relatos que una sola copa iba pasando a todos los que estaban presentes. «La copa» se usa frecuentemente en forma figurativa por el contenido de la copa. Los relatos sobre «copa» citan pasajes tales como Salmo 16:5; 116:13 y muestra que tales referencias a una «copa» indican una experiencia en conjunto. «Dentro de una comunidad de los que tienen los mismos intereses u ocupaciones, cada uno recibió su debida medida, tal como en una fiesta se llena la copa de cada individuo para que tome al mismo tiempo que sus compañeros lo están haciendo».

El uso de las palabras de Cristo
Es costumbre en la distribución del pan citar las palabras de Cristo: «Este es mi cuerpo que por vosotros es dado»; y que en la distribución de la copa también se usen sus palabras: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre». A esto debe añadirse la instrucción del apóstol Pablo: «Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga».

Los elementos mismos
Es conveniente que el pan que se use sea pan en el sentido bíblico, y he sugerido arriba que debe ser pan sin levadura, a no ser que este punto llegue a ser causa de controversia. También es conveniente que la bebida que se use sea una bebida hecha del «fruto de la vid».

Sin embargo, supongamos que hay circunstancias en las cuales es imposible conseguir estos elementos en el sentido histórico. Bajo tales circunstancias, ¿acaso se le negaría a la iglesia los beneficios de los sacramentos de la Cena del Señor? Para citar un caso extremo, el Dr. Isaac Page, quien había pasado muchos años como misionero en el interior de la China, narró la historia de una comunión bajo condiciones de hambruna muy extrema. Sencillamente no había pan de ninguna clase. La gente comía un tipo de pasta hecha de raíces de hierba. No había nada que se pudiera llamar literalmente «el fruto de la vid»; había solamente un tipo de jarabe diluido. El pueblo estaba muriendo de hambre por dondequiera. Como fiel misionero el Dr. Page había tratado de ministrar a las necesidades físicas tanto como a las espirituales de su pueblo. Los cristianos deseaban observar la Cena del Señor mientras oraban pidiendo socorro para sus necesidades.

El Dr. Page relató con bastante emoción cómo celebraron la Santa Cena con esta pasta hecha de raíces de hierba y este jarabe diluido. Dijo que teóricamente no podía defender lo que había hecho, pero que creyó en su corazón que el sacramento fue genuino y que el pueblo fue bendecido en su observancia. Al citar este incidente espero que nadie tenga la impresión de que estoy defendiendo una relajación o descuido o indiferencia a los mandamientos de Cristo. Ciertamente se debe hacer todo lo posible por salvaguardar la dignidad y la impresión espiritual de la ocasión; y los participantes deben estar persuadidos en sus propias mentes, juntamente con los que administran los sacramentos, de que están tratando de obedecer los mandamientos de Cristo, y anunciar su muerte en la anticipación de su segunda venida.

Por otra parte, creo con todo mi corazón que debe evitarse caer en sacramentalismo legalista o formalista. La Cena del Señor no es magia. Los elementos no tienen en sí mismos ninguna eficacia sobrenatural. Las palabras repetidas no son una fórmula mágica. El asunto de suprema importancia en la forma de celebración de la Cena del Señor es que el pueblo de Dios recuerde a nuestro bendito Salvador, y manifieste, como un testimonio a todos, su muerte expiatoria, esperando su glorioso regreso.

LA ÉTICA DE LA SANTA CENA

no de los temas dominantes que corre por las epístolas a los corintios es la pureza de la comunión. Después de discutir asuntos triviales y personales y reprochar a los corintios por su petulancia, Pablo en el capítulo 5 viene al serio caso disciplinario que casi destrozó la iglesia corintia. Exige que la persona incestuosa, quien es culpable también de otros pecados, incluyendo idolatría, sea excomulgada. Declara que la iglesia corintia no tiene derecho a comer la Cena del Señor junto con tal persona.

En el capítulo 10 Pablo enfatiza que los sacramentos en sí mismos no comunican ninguna clase de inmunidad, y cita las experiencias del Antiguo Testamento que ilustran el punto. Continúa y exige que los idólatras sean excluidos de la mesa del Señor.

La reprimenda de Pablo, rencillas
En la primera parte del capítulo 11 Pablo discute asuntos triviales en los cuales los corintios se creían muy superiores. Entonces, empezando su discusión de la Cena del Señor, dice: «Al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor» (v. 17).

Algunos de los cargos específicos de conducta desordenada nos parecen asombrosos a nosotros, pero debemos recordar que estos eran nuevos convertidos del paganismo. «Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados» (v. 18-19).

Esto no es un cuadro agradable de lo que llamamos sentimentalmente la iglesia del Nuevo Testamento, pero es una realidad cuya analogía puede duplicarse en muchos tiempos y lugares.

Glotonería
Pero Pablo continúa: «Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la Cena del Señor. Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo» (v. 20-22).

Difícilmente podemos imaginar glotonería en la mesa del Señor por causa de nuestra manera usual de observar los sacramentos, pero es evidente que, por ignorancia y por un bajo grado de cultura, la glotonería y aun la borrachera se habían desarrollado en lo que tenía por objeto ser una observancia de la Cena del Señor.

Dignidad de la institución
Tal como en muchas otras porciones de la Escritura, y frecuentemente en los mismos escritos de Pablo, se encuentran los pasajes más hermosos en medio de tristes admoniciones y advertencias, así de esta escena repugnante en Corinto viene este hermoso y solemne relato de la institución de la Cena del Señor, el relato usado más frecuentemente en la iglesia.

«Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre [Jer 31:31-34; cf. Éx 24:8]; haced esto todas las veces que la bebiereis en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga» (v. 23-26).

La serena dignidad de este relato de la institución de la Cena del Señor debe por sí misma contrarrestar tendencias a la conducta desordenada. Nótese que Pablo no da reglas ni reglamentos en cuanto a los detalles de la administración. Relata de una manera sencilla lo que Jesús dijo e hizo en las partes esenciales del sacramento. Y llama la atención a los dos propósitos explícitos: (1) en memoria de Cristo; (2) anunciar su muerte; los cuales deben ser recordados en vista de la esperanza gozosa de su futura venida.

Más admoniciones éticas
«De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí» (v. 27-29).

La «manera indigna» de comer no implica que los que participan se consideren dignos de la Cena del Señor en cuanto a sus personas y su carácter. Una interpretación tal excluiría a cada hombre honrado. Claramente el «mérito» es interpretado por la frase «discernir el cuerpo del Señor». Por supuesto esto también implica que donde se discierne el cuerpo del Señor, como representado en los elementos, debe haber un apartamento de las prácticas censurables que Pablo ha reprendido particularmente en el contexto anterior, y un apartamento de todo pecado.

El auto examen debe incluir, pues, una contestación honrada a la pregunta: ¿Discierno y aprecio que el pan y el vino representan la expiación de Cristo efectuada por mí en la cruz, y me entrego a mí mismo completamente a él, no confiando en mi propia justicia, sino confiando solamente en el hecho de que su cuerpo fue quebrantado por mí y su sangre derramada por mis pecados?

Algunos han tomado fuera de contexto las palabras «discernir el cuerpo del Señor», y han hecho que esta frase se refiera al cuerpo metafórico de Cristo, la Iglesia.

Pero ciertamente en vista de las referencias que preceden inmediatamente al pan partido como el cuerpo del Señor, y al vino derramado como la sangre del pacto, y la anunciación de la muerte del Señor hasta que él venga, las palabras «discernir el cuerpo del Señor» tienen que indicar definitivamente su muerte literal en la cruz. Inferir cualquier otro significado tuerce violentamente el contexto.

Por supuesto, no tengo ninguna objeción si alguien desea hacer una analogía, siempre que deje en claro que hace una analogía. Tal como el cuerpo de Cristo fue herido en la cruz, así su cuerpo metafórico está herido por el divisionismo censurado en los versículos 18-19. Usar la frase «discernir el cuerpo del Señor» como un argumento para la amalgamación de diferentes organizaciones denominacionales, consideradas como ramas de la iglesia verdadera, ciertamente es hacer violencia a la Escritura.

Pablo continúa con sus admoniciones éticas: «Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen [han muerto]» (v. 30). Muchos entienden estas palabras como una referencia a un juicio sobrenatural del Señor al infligir enfermedad física sobre los que han deshonrado el sacramento. Ciertamente esta interpretación es aceptable.

Pero no es imposible que Pablo se refiera a la enfermedad y la muerte por causas naturales. Por una parte, él ha censurado la glotonería y la borrachera, y estos abusos a veces son en sí mismos causa de enfermedad y muerte. Pero además, la tensión extrema en la mente y espíritu de los que han profesado fe en el Señor y todavía siguen en pecado, es sin embargo una causa verdadera, aunque más sutil, de la enfermedad y aun la muerte. Las palabras que siguen están, por lo menos, acordes con el pensamiento de que Pablo está indicando las consecuencias naturales del pecado en la vida de un cristiano profeso que participa del sacramento.

«Si nos hubiésemos examinado a nosotros mismos no habríamos sido juzgados» (v. 31). Alford sugiere esta traducción como más probable. El pensamiento está relacionado directamente con la admonición «pruébese cada uno a sí mismo» que discutimos arriba. El que seriamente hubiera examinado y juzgado su propio corazón, y estuviera seguro de que había discernido «el cuerpo del Señor», no habría estado sujeto a las aflicciones particulares a que aquí se refiere.

Pablo continúa en la primera persona plural, identificándose benévolamente con la iglesia corintia. «Mas siendo juzgados somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo» (v. 32). Puesto que muchos de los cristianos en Corinto habían participado de la Cena del Señor de una manera indigna, no habían «discernido» el cuerpo del Señor, y habían sufrido juicio del Señor como una providencia disciplinaria, él los exhorta a aceptar la disciplina y reconocer que el castigo viene de la mano amorosa de nuestro Padre Celestial (cf. Heb 12:5ss).

Pablo concluye sus instrucciones: «Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer [la Cena del Señor], esperaos unos a otros. Si alguno tuviere hambre, coma en su casa para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas os pondré en orden cuando yo fuere» (v.33-34).

Algunos han hecho de la instrucción «esperaos unos a otros» la base para hacer que la congregación guarde los elementos hasta que todos hayan sido servidos, y entonces todos participar juntos. En verdad esta es una costumbre digna y apropiada, pero el mandamiento de Pablo se cumple si cada uno espera su turno cuando los elementos son distribuidos.

CONCLUSIÓN

Como una conclusión tengo que enfatizar de nuevo la importancia de la pureza de la comunión como la conmemoración del Señor y como un testimonio al mundo. Pueden participar en la Cena del Señor los que han hecho una profesión creíble de fe en Cristo como su Salvador personal. La profesión es creíble solamente si no está contradicha por una conducta mala, o por una doctrina que niegue el evangelio.

El cuidado de la pureza de la comunión ha sido entregado por el Señor a la disciplina de la iglesia visible. Solamente una iglesia visible organizada puede observar el sacramento de una manera regular y ordenada. Los que no son capaces de discernir el cuerpo del Señor por causa de su edad o ignorancia, los que no disciernen, como los que evidencian una vida mala o doctrina falsa, tienen que ser excluidos de la participación (1 Co 5:1-13). Donde se tolera a sabiendas la religión falsa, el sacramento cesa de ser la Cena del Señor (1 Co 10:14-22).

References   [ + ]

1.  Consideramos como “sacramento” únicamente todo signo visible instituido por Jesucristo. Por tanto, como evangélicos tenemos solo dos: el bautismo (Mt 28:19) y la Santa Cena (Lu 22:19; 1 Co 11:23-26). La Iglesia Católica  tiene siete: el bautismo, la penitencia, la eucaristía (Santa Cena), la confirmación, el matrimonio, el orden sacerdotal, y la extremaunción. Solo el bautismo y la eucaristía fueron ordenados por Jesucristo.