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La relación padre-hijo

por Jorge Taylor, Leslie Thompson e Ismael Amaya

Un buen día el dúo se torna en trío. Antes eran sólo dos: el esposo y la esposa; ahora el hogar se ha aumentado con la llegada de un bebé que emite balbuceos y da pataditas o chilla en demanda de atención. Y tú eres el padre. Lo amas, lo cuidas, y lo hallas hermoso como todo padre a su primer hijo. Sueñas con un futuro venturoso para él. ¿Qué debes hacer para que esos sueños se cumplan? ¿Cómo debes vivir? El secreto se esconde en un amor verdadero, que es un amor con sabiduría. Cuando los padres aman a Dios y se aman entre sí, el amor a los hijos es fruto natural de hogar donde reina la armonía. A la inversa, si los padres se olvidan de Dios y de los principios que él ha dado para el hogar y la familia, en vez de armonía prevalecerá el caos. Permíteme ofrecerte unos consejos que te pueden ayudar a ser un padre feliz en un hogar de armonía:

Tu hijo es persona y merece que le trates como tal. No hablo de las impertinencias o malacrianzas infantiles que demandan corrección. Estoy pensando más bien en esas ocasiones en que los niños necesitan ser escuchados por sus padres. Necesitan respuesta a algo, consuelo, comprensión. Como padre debes estar muy atento a esas necesidades. No abuses del “¡Cállate!”, o del” ¡Déjame tranquilo!”, o del “¡Sal a jugar; no me molestes!” Tal actitud da lugar al alejamiento y corta las líneas de comunicación.

Ten oído para las demandas de tus hijos. El niño vendrá a ti a menudo con toda clase de peticiones y tu primer impulso oscilará entre el mimo y el rechazo. Enséñale desde el principio los valores de la vida. Amor no es sólo dar regalos, sino saber cuándo darlos y cuándo no. Dile siempre a tu hijo la verdad. La formación de su carácter y de su personalidad está en tus manos. No lo malcríes. Aprovecha cada oportunidad para inculcarle los principios de una vida sabia y ordenada.

Ayúdale a desarrollar sus propias capacidades. Como padre deberás prepararle para vivir en un mundo lleno de vicisitudes. Usa incidentes como nacimientos, bodas, muertes, catástrofes, etc., para instruirle acerca de la vida. Enséñale qué cosas temer y qué peligros evitar. Enséñale a confiar en Dios. Enséñale a leer la Biblia y a orar. Tu propia actitud como padre en cuanto a las cosas del espíritu será el modelo que más influya sobre las decisiones de tu hijo.

Ayúdale a escoger metas de valor. Tu asistencia de padre es muy importante cuando llegue para tu hijo la hora de tomar decisiones. Enséñale las posibilidades y consecuencias de cada una. No le impongas tus propias preferencias, pero enriquece sus conocimientos a fin de que él sea capaz de elegir sabiamente. Enséñale no sólo a triunfar sino también a perder —pues en la vida real son más las veces en que se pierde que las que se gana. Sírvele siempre de aliento y de estímulo en todo.

Enséñale que hay límites y linderos en la vida. Establece reglas en tu hogar y no consientas que sean desobedecidas. Un niño aprecia el No tanto como el Sí. Experimenta una sensación de seguridad cuando sabe que dentro de la cerca que se le pone tiene refugio y una base firme. Aprendiendo a obedecerte como padre, le será más fácil llegar a obedecer a Dios, lo cual es aun más importante. La vida no tolera la anarquía y mientras más pronto lo entienda así mejor será. De esa manera estará preparado para hacerle frente a circunstancias inesperadas o adversas fuera de su control.

©2009 Logoi, Inc.
Tomado del libro Para tí, Esposo y Padre
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