Comienza

Regístrese

Regístrate hoy Hágase miembro y acceda nuestro recurso

Ingresar

¿Eres miembro? Ingrese para acceder su cuenta

La promesa del paraíso

TEXTO: “Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23:43)

LECTURA BÍBLICA: Lucas 23:39-43

ORACIÓN POR LA OFRENDA: Padre celestial, te alabamos por todas las dádivas que tú tan generosamente derramas sobre nosotros. Hoy te queremos agradecer no tan sólo por los dones espirituales pero también por los materiales. Te damos gracias por el privilegio de poder trabajar y producir, de ganar y poseer. Te agradecemos Señor por el privilegio que nos concedes de compartir aquello con lo cual nos has enriquecido. Te rogamos que derrames tus más ricas bendiciones sobre estos diezmos y ofrendas. Bendice los pensamientos de nuestras mentes, lo mismo que el trabajo de nuestras manos. Utiliza, oh Dios, estas ofrendas para que otros puedan llegar a Jesucristo y recibirle como Salvador y Señor. Te lo imploramos en el nombre y por los méritos de Jesucristo. Amén.

INTRODUCCIÓN: Escuchemos las siete palabras de la cruz para que el hombre de hoy pueda aprender algo de los labios de Jesús. Estas siete frases del Cristo agonizante, ¿qué podrán comunicar a la vida dé una persona en el mundo moderno?

La oración del Señor pidiendo perdón para los que le crucificaron nos da un ejemplo para seguir en nuestra actitud hacia los que nos ofenden. Tenemos que perdonar a los demás.

En la promesa del Señor al ladrón arrepentido hallamos la seguridad del paraíso para éste. Hay varias grandes verdades que se deducen de esta preciosa promesa de Cristo al ladrón, y ellas pueden tener verdadero significado para nosotros hoy.

  1. ESTA PROMESA DE CRISTO REVELA QUE LA SALVACIÓN ES POR LA GRACIA DE DIOS
    1. La promesa llena de gracia del Señor a un ladrón indigno que moría por sus crímenes nos provee de una ilustración vívida del amor inmerecido de Dios hacia los pecadores. El ladrón era pecador. Tú y yo somos pecadores. No hemos pecado de la misma manera que el ladrón, pero somos pecadores. Dios ama a los pecadores.
      (xx)
    2. Lo que sucedió revela que el perdón es un don gratuito. El ladrón no podía ni ganar, ni comprar ni merecer el perdón. El perdón es siempre gratuito.
      (xx)
    3. Ser hijo de Dios es una dádiva. No se puede comprar ni ganar la entrada á la familia de Dios. Es un don gratuito para aquellos que depositan su fe en Jesucristo (Jn 1:12; Gá 3:26).
      (xx)
    4. La vida eterna es el don gratuito de Dios (Ro 6:23).
      (xx)
    5. El cielo, el paraíso que nuestro Señor prometió al ladrón, es un don gratuito también. El cielo no es un premio dado a los que exhiben piedad excepcional y lealtad o generosidad desacostumbrada. En el cielo habrá recompensas, es cierto, para los que han vivido una vida de fidelidad, obediencia y servicio, pero el cielo en sí es el don de Dios a aquellos que reciben al Señor Jesucristo como el Señor de la vida.
      (xx)
  2. ESTA PROMESA DE CRISTO REVELA COMO DIOS CONTESTA LA ORACIÓN DE UN PECADOR SINCERO
    En honor a la verdad se puede decir que fue sincero al reconocer su pecado diciendo: “Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos” (Lc 23:41). El hombre tiene una tendencia natural a esquivar la responsabilidad y siempre echar la culpa a otros. Justificamos nuestras acciones y tratamos de descargar la responsabilidad en algún otro.

    1. Algunos culpan a sus padres por todo lo que sale mal.
    2. Otros tratan de responsabilizar a la sociedad por la situación en que se encuentran.
    3. Lo que tenemos que hacer es enfrentar honestamente nuestra responsabilidad por la situación en que nos encontremos. Solamente cuando procedamos así comenzaremos a progresar en la vida.Tenemos que ser sinceros con nosotros mismos y tenemos que ser sinceros con Dios. Tenemos que dejar de culpar a otros por nuestros fracasos, faltas y errores. Sigamos el ejemplo del ladrón y confesemos nuestras faltas y fracasos y confiemos en Dios para recibir misericordia y perdón.
      (xx)
  3. LA PROMESA DE CRISTO AL LADRÓN DA ALIENTO Y ESPERANZA A TODOS LOS LADRONES
    1. Cristo distrajo momentos de su agonía para salvar a un ladrón desamparado.
    2. Dios salvará para siempre a todos los que vienen a él por medio de Cristo Jesús pidiendo perdón y socorro.
    3. La Biblia nos enseña que somos la propiedad de Dios por derecho de creación y a causa de habernos cuidado por su providencia. Aquellos de nosotros que hemos confiado en Cristo también pertenecemos a Dios por causa de su gran redención. A pesar del hecho de que somos la propiedad de Dios, muchos de nosotros le hemos robado y despojado, y entramos en la categoría de ladrones. El Señor quisiera orar: “Padre, perdónalos”. El quisiera darnos el gozo del perdón y también concedernos la promesa del paraíso.
      (xx)
  4. LA PROMESA DE CRISTO AL LADRÓN REVELA LO QUE LA MUERTE SIGNIFICA PARA EL CREYENTE
    Por la fe en Jesucristo podemos reclamar la promesa que él hizo al ladrón cuando le dijo: “Hoy estarás conmigo en el paraíso.”

    1. Para el creyente, estar ausente del cuerpo es estar en su hogar celestial con Cristo (2 Co 5:8).
    2. Pablo creyó y enseñó que la vida del creyente debe centrarse totalmente en Jesucristo, pero que morir es experimentar gran ganancia (Fil 1:21).
    3. El salmista afirma que la muerte de los santos de Dios es preciosa a los ojos del Señor (Sal 15). Es por medio de la muerte que los hijos de Dios van a su hogar eterno para estar con Dios.
      (xx)
  5. ESTA PROMESA DE CRISTO REVELA LA CERCANÍA DEL CIELO PARA EL CREYENTE. “HOY”
    Para el ladrón, el cielo comenzó en el día de su propia crucifixión. El cielo comenzó el día que hizo su súplica a Jesucristo para que le diera divina consideración.

CONCLUSIÓN.
Hoy las puertas del reino de Dios aún están abiertas.

Hoy aun puedes confesar tus pecados a Dios y pedirle que te perdone y que te dé el don de la vida eterna.

Hoy el salvador está a la puerta de tu corazón llamando suavemente y suplicándote que le permitas entrar para ser tu Redentor, Salvador, amigo, guía y ayudador.

Hoy el Salvador escucha para oír tu ruego, como escuchó para oír el ruego del ladrón.

Hoy el Señor te oirá si tan sólo quieras rogar, como hizo el ladrón, que él satisfaga la necesidad más profunda de tu corazón y vida.

Uno de los ladrones esperó hasta que fue demasiado tarde. Otro de los ladrones se arriesgó esperando hasta el último momento. ¿Y qué de ti? Presenta tu ruego al Señor hoy.