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La hostia santificada de los católicos

PREGUNTA: 
Dicen que la hostia que comen los católicos es primero santificada a los muertos.

RESPUESTA:
La doctrina católica romana de la misa (lo que entendemos por “hostia”) fue establecida en el Concilio de Trento, que afirmó que es “un sacrificio de expiación… de los pecados y el castigo por los pecados… no sólo por los que viven, sino también por las pobres almas que están en el Purgatorio” (Ludwig Ott, Fundamentals of Catholic Dogma [Fundamentos del Dogma Católico], pp. 412-413). En su doctrina los católicos establecen que el sacrificio de Cristo se renueva en cada misa. En otras palabras: cada vez que se hace una misa necesariamente vuelve a morir Cristo, añadiendo que por eso las misas añaden algo de mérito que puede valer para la salvación. La pregunta que usted nos hace tiene que ver con el segundo aspecto de la misa, en la que se celebran misas por los muertos. Sin respaldo bíblico los católicos romanos en los concilios de Florencia (1438-1439) y Trento (1545-1563) “afirmaron” la existencia del purgatorio, aunque no existe tal palabra ni concepto en la Biblia (de paso, la idea no solo es rechazada por los Protestantes, pero también por la Iglesia Ortodoxa Oriental). La enseñanza católica es que entre la muerte y el cielo hay un lugar de castigo que no es eterno, en el que las almas pueden gradualmente purificarse para llegar a ser santas y poder finalmente entrar al cielo. Además, los amigos y parientes de esos muertos, al comprar misas a favor de sus muertos, supuestamente reducen el tiempo que deberán sufrir en el purgatorio por sus pecados. Negamos estas doctrinas católicas de la misa y del purgatorio porque:

  1. Tales doctrinas niegan la perfecta obra de salvación provista por Jesucristo. La Biblia afirma que Jesucristo murió UNA sola vez, no repetidas veces, como se establece en el concepto de la  misa. Esto lo afirma el mismo Pedro: Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu (1 Pedro 3:18). No podemos volver a crucificar a Jesucristo cada vez que ofrecemos una misa.
  2. La Biblia nos dice claramente que esa muerte de Jesucristo fue eficaz no solo para perdonarnos todos nuestros pecados, pero para hacernos aptos para el cielo. Oigamos lo que dijo el mismo Salvador (Juan 5:24): De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. En Romanos 5:8-10 San Pablo repite la eficacia de la muerte de Cristo a nuestro favor. Dice: Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. San Pablo nos enseña claramente que el perdón de Cristo por medio de Su muerte nos trae “santificación” [no hace santos] y por tanto somos “salvos de su ira”. Es decir, nos salva de tal concepto como el de un PURGATORIO.
  3. Las enseñanzas que combinan la misa con el purgatorio son totalmente contradictorias. La “misa” celebra la muerte de Cristo para perdonar nuestros pecados. El “purgatorio”, al contrario, enseña que nuestros pecados no han sido perdonados, sino que tenemos que sufrir un tiempo indefinido de purificación. Las ideas (“misa” y “purgatorio”) son contradictorias. O es una cosa (que nuestros pecados han sido perdonados por Cristo), o que nuestros pecados no fueron perdonados y que tenemos que sufrir las consecuencias.
  4. Recordemos que cuando Cristo murió, fueron crucificados con él dos ladrones. Uno de ellos se burlo de Cristo. El otro pidió misericordia. ¿Qué le dijo Jesús al ladrón arrepentido? (Lucas 23:43): “Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” Nótese que si alguno merecía un “purgatorio” hubiera sido un ladrón. Pero en vez de mandarlo al purgatorio, Jesús (a base de su propio sacrifico por los pecadores en aquella cruz) lo lleva directamente al cielo. Igual es con nosotros que creemos en el perdón logrado por la muerte de Cristo—al morir nuestras almas van directamente al cielo. En II Corintios  5:8 Pablo declara que: estar ausentes del cuerpo (es decir, morir), es estar presentes (en el cielo) con el Señor.

Bíblicamente es imposible creer en la eficacia de lo que la misa representa, y creer también en un purgatorio que niega la eficacia de lo logrado por Jesucristo a nuestro favor. Por otro lado, como afirma Martín Lutero en su libro El Cautiverio Babilónico, la venta de misas para rescatar a los que yacen en el purgatorio representa la fuente financiera más grande que tiene la Iglesia Católica Romana.

Les Thompson