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La historia del Papa Alejandro VI

 (11 de agosto 1492 al 18 de agosto 1503)
Por J. N. D. Kelly1)Kelly, J.N.D. [1986] (2006) Oxford Dictionary of Popes, Updated Ed. with new material by M. Walsh, Oxford University Press, ISBN 0-19-861433-0. Traducción de Patricia Torrelio; usado con permiso.

Con esta historia damos algo del trasfondo del Vaticano en los días en que Colón descubrió las Américas y de la aparición en el mundo religioso del reformador Martín Lutero. Vemos con tristeza a qué estado religioso había llegado el papado y la desesperante necesidad de cambios morales y espirituales en las esferas más altas de la Iglesia Católica.

Rodrigo de Borja y Borja (Borgia en italiano) nació el primero de enero de 1431 en Játiva cerca de Valencia. Su tío materno (quien en esa época era el Obispo de Valencia y después de 1455 fue Calixto III) disfrutó en su juventud de muchos bienes. Lo envió a estudiar a Bolonia y en febrero de 1456, a la edad de 24, lo nombró diácono cardenal. Como tenía tanto contacto con monasterios y obispados, Rodrigo se convirtió en vice-cónsul de la santa sede en 1457, una lucrativa oficina que él mantuvo bajo los cuatro papas siguientes, acumulando una vasta fortuna, tanto, que fue reconocido como el segundo cardenal más rico.

Vivió una vida licenciosa a la vista de todos, teniendo muchos hijos. Sus preferidos eran Juan, Cesar, Lucrecia, y Gofredo, nacidos de la aristocrática romana Vannozza Catanei. En 1960 su comportamiento escandaloso le llevó a ser censurado duramente por Pío II, pero a la censura le hizo poco caso. Siguió viviendo un comportamiento grosero, muy reprochable.

Lleno de ambición, energía, y talentos buscó ser elegido como sucesor del Papa Sixto IV, pero fracasó en ese intento. Lo mismo hizo en el cónclave seguido a la muerte de Inocencio VIII (Agosto 6-11). El problema era su nacionalidad, como español al principio no fue reconocido como posible candidato, sin embargo, ofreciendo sobornos y haciendo promesas de trato preferente, ganó partidarios y consiguió la victoria.

Como administrador de experiencia, el Papa Alejandro VI tuvo un buen comienzo. Restauró el orden en Roma, administró justicia vigorosamente, prometió reformar la curia y organizó un esfuerzo unido en contra de la amenaza de Turquía. Pero hasta ahí llegó en cuanto a esfuerzos ejemplares. Por encima de todo estaba su consumidora pasión por el dinero y las mujeres.

Gradualmente comenzó a mejorar las fortunas de sus familiares, especialmente los hijos de Vannozza. Nombró a un hijo de dieciocho años, César, obispo de varias sedes, incluyendo la de Valencia, la más rica de todas. Un año después, junto con Alejandro Farnesio (hermano de Julia, su amante en ese momento) lo nombró cardenal. A un hermano de César, Juan, duque de Gandía, le casó con una princesa española y en 1497. Alejandro lo nombró Duque de Benevento, y capitán general de los ejércitos papales. Para su hija Lucrecia, arregló un magnifico matrimonio tras otro, y en ocasiones cuando él tenía que salir de Roma, la dejó encargada, incluso de delicados negocios oficiales.

En Junio de 1497 sufrió una tragedia por el asesinato de Juan, su hijo favorito, cayendo las sospechas sobre César. Después del sufrimiento por esta pérdida, se prometió a sí mismo dedicarse devotamente a la reforma de la iglesia. Preparo muchos borradores con propuestas admirables, pero estas quedaron solamente en borradores. Carecía de la fuerza de voluntad para dejar de lado su sensualidad. Pronto regresó a sus placeres y maquinaciones a favor de sus familiares, y con César aumentando sus artimañas diabólicas.

Los intereses familiares dominaron la política italiana de Alejandro VI. Por ejemplo, inicialmente se oponía a los intereses del rey Fernando de Nápoles (1458-94), pero después del matrimonio en 1493 de su hijo Gofredo con la nieta del rey (quién recibió la principalidad de Squillace como dote matrimonial), el Papa cambió de opinión y lo apoyó contra las acusaciones de Carlos VIII de Francia (1483-98). Cuando murió el rey Fernando (25 Enero 1494), nombró y coronó a su hijo Alfonso II como rey (1494-5). Por esto Carlos, animado por el mayor enemigo de Alejandro VI, el cardenal Della Rovere (quien luego fue el Papa Julio II), invadió Italia, amenazando con reunir un concilio con el fin de destituir al Papa. En su desesperación, Alejandro VI buscó la ayuda del Sultán de Turquía, Bayezid II (1481-1512).

No pudieron defender Roma, por tanto tuvo que llegar a un acuerdo con Carlos VIII, quien en consecuencia, fácilmente conquistó Nápoles. Por su parte, Alejandro rehusó coronarlo rey de Nápoles.

El 31 de marzo, 1493, Alejandro VI formó una “liga santa” con varios otros poderosos a quienes Carlos había amenazado, lo forzaron a salir de Italia y en Junio de 1497. De inmediato envió a su hijo César como delegado papal a Nápoles para coronar a Federico de Aragón (1496-1501).

En 1498, bajo la sugerencia de César (quién pidió ser liberado de su condición de cardenal), Alejandro VI se fue a vivir cerca de Francia. Allí anuló el matrimonio del nuevo rey, Luis XII. Envió a César como delegado a Francia, donde el agradecido Luis lo hizo Duque de Valentinois y le dio una princesa como esposa.

En 1501 Alejandro VI dio un giro político enorme, y ratificó el reparto de Nápoles entre Francia y España. Mientras tanto en 1501, César, teniendo a Francia como aliada, procedió a someter a Romagna, logrando que Alejandro lo nombrara duque de esta provincia, que anexionaron al estado papal. El ambicioso César, quién ahora controlaba a Alejandro VI, se propuso apropiarse de todo el estado papal y de la región central de Italia para hacer de ella la propiedad de la familia Borja. Este proyecto lo llevaron a cabo sistemáticamente destruyendo las poderosas familias romanas. Grandes sumas de dinero fueron requeridas para su realización, las cuales las consiguieron por medio de asesinatos, apropiación de las propiedades, y por un cínico nombramiento de cardenales, quienes tenían que pagar altas sumas de dinero por recibir estos nombramientos.

En 1493, por encargo de los soberanos de Castilla, Alejandro VI, para favorecer a España, creó una línea de demarcación a cien leguas al Oeste de las Azores, estableciendo así, las zonas de exploración del nuevo mundo entre España y Portugal; como ésta favorecía a España, fue modificada por el Tratado de Tordesillas el 7 de junio de 1494. Alejandro VI, también dio a los monarcas control sobre la iglesia en las tierras que ellos colonizaran.

En 1495 empezó su larga lucha con el predicador y reformador Girolamo Savonarola (1452-98), quién denunciaba la corrupción papal e hizo un llamamiento para que Florencia se uniese a una coalición antifrancesa, que depusiera al Papa y reformar así la iglesia. Alejandro comenzó tratando a Savonarola con paciencia, pero terminó en mayo de 1498 con la excomunión, interrogatorio bajo tortura, y ejecución del monje florentino.

A pesar de sus muchas desviaciones, Alejandro VI, era devoto y a—pegado a la ortodoxia. Él celebró el año santo en 1500 con gran pompa, usando vastas sumas de dinero adquiridas de las ventas de indulgencias y de la compra de favores para financiar las expediciones de su hijo César. En general, su preocupación por las necesidades de la iglesia, por ejemplo, por la reforma de los monasterios, por las ordenes religiosas y por misiones en el nuevo mundo, tomaron un marcado segundo lugar a metas más mundanas que perseguía. A su vez, tuvo un amor genuino por el arte, aunque con un patronazgo menos prodigioso al de Sixto IV y Julio II. Restauró el Castillo de San Ángelo, embelleció el Vaticano con las seis alas de los apartamentos de Borgia (decorados por Pinturicchio), y persuadió a Miguel Ángel a trazar los planos para reconstruir la Catedral de San Pedro. Envuelto en problemas políticos y familiares hasta el final, él y Cesar cayeron inesperadamente enfermos en Agosto de 1503. Aunque con gran dificultad el más joven sobrevivió, Alejandro VI murió. Su muerte siempre fue atribuida a la malaria, pero existen fundados argumentos para creer que padre e hijo quisieron envenenar a un cardenal al que habían invitado a una cena y, por una equivocación, ellos mismos cayeron víctimas de ese envenenamiento.

Bibliografía
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J. Burckard, Liber notarum (Muraotri2 32.1);
P. De Roo, Materials for a History of Pope Alexander VI, his Relations and his Times (Vruges, 1924);
G. Parker, At the Court of the Borgia (Folio Society, London, 1963);
G. Pepe, La política dei Borgia (Nápoles, 1945);
G. Soranzo, Studi intorno a Papa Alessandro VI (Milan, 1950);
O. Ferrara, The Borgia Pope (ET. London, 1942);
J. Schinitzer, Der Tod Alexanders VI (Munster, 1929);
Um den Tod Alexanders VI, HF 50 (1930), 256-60, P 5 y 6.

References   [ + ]

1. Kelly, J.N.D. [1986] (2006) Oxford Dictionary of Popes, Updated Ed. with new material by M. Walsh, Oxford University Press, ISBN 0-19-861433-0. Traducción de Patricia Torrelio; usado con permiso.