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La fe y la medicina

PREGUNTA:

Tengo un hijo de 6 años que no presta atención en el aula de clase y le cuesta estar sentado. Por sugerencia de la docente lo lleve a una psicóloga Cristiana. Ella lo refirió a un Neurólogo. Diagnóstico: Déficit de Atención (TDA). Le recetaron medicamentos costosos y que lo dopaban. Fui a un retiro donde Dios habló a mi vida y me dijo que mi hijo era SANO. Yo le creí y le quité toda esa medicina. Eso ha creado muchas controversias ya que la psicóloga insiste en que, aunque Dios existe y hace milagros, tengo que seguirle dando los medicamentos. Actualmente yo insisto en NO darle esa medicina a mi hijo. Por FE él esta SANO, ¡Dios me lo sanó! ¿Cómo hago para saber si estoy errada o no, cuando ellos alegan que son profesionales conocedores de la Palabra y que por algo existen las medicinas?

RESPUESTA:

En primer lugar es bueno recordar que aun Jesús cuando sanó a diez leprosos, les ordenó presentarse al sacerdote, quien era el que certificaba la sanidad. En otros casos no lo hizo, pero lo que si era evidente en ambas situaciones era que el paciente presentaba síntomas de sanidad verificables.

En el caso del diagnóstico de su hijo, TDA, corresponde al antiguo diagnóstico de Hiperactividad. Un niño que no puede estar quieto, siempre en constante actividad por lo cual su atención es deficiente. Estoy seguro que el neurólogo le habrá explicado que es un problema a nivel de los neurotransmisores, y que ese diagnóstico se obtuvo a través de observación y exámenes para descartar problemas mayores a nivel neurológico. La medicación es la apropiada al nivel del médico y eso no riñe con nuestra confianza en la sanidad que Dios puede hacer. Si esa es nuestra fe, sin suspender la medicación, pida nuevos exámenes para el niño para verificar el cambio sucedido. Si los exámenes diagnostican que ya no es necesaria la medicación, GLORIA A DIOS POR SU INTERVENCION.

Cordialmente,
Dr. Rogelio Aracena L.