Comienza

Regístrese

Regístrate hoy Hágase miembro y acceda nuestro recurso

Ingresar

¿Eres miembro? Ingrese para acceder su cuenta

GP Sermón: En medio de la tempestad

Lectura Bíblica: Marcos 4:35-41

INTRODUCCIÓN
Las tormentas en el mar de Galilea podían surgir de la nada. El que navegaba por sus aguas podía enfrentar una tempestad en cualquier momento. En el mar de la vida siempre nos topamos con tormentas.

De manera inesperada, tarde o temprano, nos encontraremos en medio de la tempestad.

  1. ¿QUÉ DEBEMOS RECORDAR EN MEDIO DE LA TEMPESTAD?
    1. La realidad de la adversidad en nuestra vida: «…se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca…» (v.37). La obediencia a la voluntad de Jesús nos llevará algunas veces a encontrarnos en medio de la tempestad. Los discípulos enfrentan la tempestad externa del viento y la tempestad interna del temor (vv. 37,38). Negocios fallidos, seres queridos arrebatados, enfermedades declaradas, son tempestades que hemos de enfrentar. Todo hombre prominente en alguna área ha comprobado la realidad de la adversidad en su vida.
    2. La realidad de Jesús en nuestra vida: «y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabeza…» (v.38). Jesús viaja en la embarcación en el lugar de los pasajeros distinguidos. Nos acompaña en nuestra embarcación:
      1. Todos los días (Mt 28:20).
      2. En el valle de sombra (Sal 23:4).
      3. Aun más allá de la muerte (Sal 48:14). «La seguridad del cristiano no consiste en la ausencia de problemas, sino en la presencia de Jesús».
  2. ¿QUÉ DEBEMOS HACER EN MEDIO DE LA TEMPESTAD?
    1. Manifestar nuestra confianza en Jesús: «…y le despertaron…» (v.38). Jesús duerme por cansancio, no por indiferencia. Pedro, Andrés, Santiago y Juan, a pesar de su experiencia como pescadores, acuden a Jesús. Cuando más intente mantenerse a flote y más se hunda en el mar de la adversidad, es el tiempo de buscar con confianza a Jesús (He 4:16).
    2. Manifestar nuestra carga a Jesús: «Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?» (v.38). Cuando la barca se anega, los discípulos claman a Jesús (vv.37,38). Muchos hacen de Jesús el último recurso. Aunque siempre debe ser el primero. Los discípulos actúan motivados por el temor y no por la fe. Cuando la fe es lenta, la oración debe ser urgente (Jer 33:3). «Recurra al remo de la oración cuando el remo de su barca no le sirva».
  3. ¿QUÉ PODEMOS EXPERIMENTAR EN MEDIO DE LA TEMPESTAD?
    1. La respuesta pronta de Jesús: «y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece» (v.39). Jesús se levanta para reprender lo que causa la angustia de los suyos. También enfrenta el efecto de la tempestad sobre sus discípulos: «¿Por qué estáis así amedrentados?» (v.40). Jesús es respuesta inmediata para el que siente que se hunde en el mar de la vida (Mr 10:51-52). ¡Jesús le quiere vencedor y no víctima (Jn 16:33)!
    2. La respuesta poderosa de Jesús: «y cesó el viento, y se hizo grande bonanza» (v.39). Jesús es poder. La palabra imposible no aparece en Su diccionario (Sal 50:15). Jesús es seguridad. Cuando Él dice: «Pasemos al otro lado», no le quiere decir: «Vayamos a medio mar para ahogarnos». La navegación no siempre es tranquila.

CONCLUSiÓN
¡Jesús le da la victoria hoy, en medio de la tempestad!

AYUDAS HOMILÉTICAS

La multitud se reunió para escuchar la enseñanza de Jesús. Subía en pequeños botes y se acercaba a Jesús por mar. Cuando llegó la noche, el Señor trató de despedir a la gente. La multitud no quiso dispersarse. La única forma en que Jesús y sus discípulos podían irse, era subiendo al bote y cruzando el mar de Galilea.

  1. «El temor es como una silla mecedora. Por más que se mece, no le lleva a ninguna parte».
  2. Henry Ford fracasó y quebró cinco veces antes de lograr que su automóvil y su nombre fueran conocidos en todas partes.Juan Bunyan escribió «El progreso del Peregrino» mientras languidecía, preso, en la prisión Bedford, Inglaterra, por predicar la Palabra de Dios.
  3. En una ocasión le preguntaron a David Livingstone: «¿Cómo ha podido soportar tanto sufrimiento?» Él respondió: «Tengo la palabra de un Caballero que ha dicho: “No te desampararé, ni te dejaré…”» (Heb 13:5).
  4. Jerjes, el poderoso rey persa, mandó azotar al mar porque destruyó un puente a través del cual quería pasar sus ejércitos de Asia a Europa.

«Mar —dijo iracundo el rey— tu señor te impone que se te den trescientos azotes como castigo por haberlo ultrajado». Uno a uno los trescientos azotes fueron cayendo sobre la majestuosa indiferencia de aquel mar, que siguió embravecido como si nada hubiera sucedido.

El mar de Galilea se sujetó a la poderosa voz de Jesús, cuando «…cesó el viento y se hizo grande bonanza» (v.39).