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GP Familia: Siete secretos para mantener a su esposa contenta

por Aarón Espinoza

El hombre deriva su autoestima de sentirse respetado. La mujer se siente digna cuando es amada y esta, tal vez, es la diferencia más importante que existe entre los sexos.

La Biblia dice: «Encontrar esposa es encontrar lo mejor; es recibir una muestra del favor de Dios»; y, para ser justos, creo que debemos agradecer a Dios esta singular bendición. En la práctica, debemos añadir a esta gratitud, el propósito de mantener contentas a nuestras esposas.

Descubra cuáles son sus necesidades y anhelos, y procure satisfacerlos

Lo que su esposa necesita de usted puede parecerle exagerado, pero procure hacerlo con toda tu capacidad. Este es el primer secreto «a voces» que queremos compartir con usted.

No hay nada que pueda sustituir la sabiduría bíblica acerca del matrimonio. El apóstol Pedro dice: «Vosotros, maridos… vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a coherederas de la gracia de la vida» (1 P 3:7). Esta sabiduría comprende descubrir sus más íntimas anhelos y procurar satisfacerlos. Me gusta mucho la versión popular de este versículo: «En cuanto a ustedes los esposos, sean comprensivos con sus esposas… denles el honor que le corresponda, no solamente porque la mujer es más delicada sino porque Dios en su bondad les ha prometido a ellas la misma vida que a ustedes».

Esta recomendación de descubrir y suplir los anhelos de la esposa, la encontramos en el Pentateuco, como una demanda de Dios a su pueblo Israel. «Cuando alguno fuere recién casado, no saldrá a la guerra, ni en ninguna cosa se le ocupará; libre estará en su casa por un año para alegrar a la mujer que tomó» (Dt 24:5). ¿No nos enseña esto que un matrimonio —para que sea feliz— requiere tiempo y creatividad? Y que la esposa no es una simple ama de casa, sino la «ayuda idónea» que merece ser alegrada amada.

Así es el amor: alegre como el vino, delicioso como los más embriagadores bocadillos y manjares, irresistible como el desfallecimiento, inexorable como la muerte, inextinguible como llama en la olimpiada de la vida, e incomparable como todo lo que tiene precio.—Cantar de los cantares

Ame a su esposa con amor verdadero y sea romántico con ella sin reparar el paso de los años

Cada pareja frente al altar de una iglesia cristiana oye el mandato bíblico: «Maridos, amad a vuestras mujeres». Estas palabras fueron escritas para un cumplimiento permanente y así dar vida al matrimonio. La Biblia no dice nunca a las mujeres que amen a sus esposos; son los hombres los que se dejan envolver en el trajín cotidiano, descuidando el amor y atención hacia su compañera. Olvidan que la necesidad esencial de la mujer es el amor y que el mayor factor de protección y realización de ella es sentirse amada.

El amor es algo más que ser feliz; es perder el derecho a la felicidad propia a favor de otra persona; es ser feliz en la felicidad proporcionada al cónyuge; es realizarse realizando. Le toca a usted como marido tomar la iniciativa en el amor, así como en los tiempos del noviazgo. ¿Lo recuerda?: La conquista del corazón de su dulce esposa no ha terminado; el amor debe mantenerse en plena etapa conquistadora.

¿Cómo lograr eso? Oigamos al autor Elam J. Daniel: «Su vida amorosa necesita la nutrición del abrazo y el beso tiernos. Casi todos los noviazgos contienen tres elementos:

  • expresiones verbales de amor,
  • expresiones físicas de amor, y
  • atracción física.

Toda pareja debe continuar cortejándose de estas tres maneras hasta el día de su muerte. El amor es una llama que debe ser alimentada y avivada para que crezca y brille. El amor debe ser expresado para que viva. El esposo y la esposa deben abrazarse y besarse cada día».

Una de las maneras de ser feliz en su matrimonio es cuidar nuestro atractivo físico como lo hacíamos durante el noviazgo.

La esposa debe ser tratada como la socia o coheredera

Toda acción de su parte para subestimar a su esposa en su valor auténtico aminorará su hombría y toda posibilidad de un pleno potencial de la vida matrimonial.

Todas las cosas en esta vida están expuestas a una disminución a un aumento de su valor. Las casas, los autos, la tierra, el ganado; todo ello se aprecia o se deprecia. Esto tiene efecto en base al valor que le asignamos. Los seres humanos también se aprecian o se deprecian en base al valor previamente reconocido por nosotros.

Debemos procurar minimizar las faltas y defectos de los otros y exaltar sus logros y virtudes, de modo que estimulemos y promovamos el esfuerzo de nuestro cónyuge hacia una perfección, exaltando sus virtudes y no criticando sus faltas. Hay algo en la mujer que hace que irradie encanto cuando siente que es amada. Pero la luz se apaga en su personalidad cuando siente que no es amada en el grado que merece.

En cierta ocasión, una pareja celebraba sus bodas de oro. Alguien pidió al marido que hiciera en recuento de su vida matrimonial. Él expreso: «Cuando Sarita y yo nos casamos, su padre me regaló un reloj. Cruzando el cuadrante estaban escritas estas palabras: Dile algo lindo a Sarita. Ese reloj me exhortaba siempre a decirle a mi esposa algo que la halagara y galanteara, y esto hacía que ella exaltara las cosas buenos que hay en mí, y que juntos apreciemos la gran felicidad que hemos logrado».

La mujer fue tomada del costado del hombre y no de su cabeza para que ella no lo gobernara; no de sus pies para que él lo pisoteara, sino de su costado para ser igual a él; de debajo de su brazo para que la protegiera y cerca de su corazón para que él la amase. —Dicho de la era medieval

Ofrézcale la experiencia de sentirse protegida

Cuando dios ordena en su Palabra que debemos amar a nuestra esposa, esa orden se sublimiza con el ejemplo que no dejó Cristo, el eterno enamorado «quien amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella». Este es un modelo que fue ofrece protección y seguridad sin par, que exhorta a apoyar a su esposa y hacerla vivir la experiencia agradable de sentirse protegida.

Dice el Dr. Osborn: «Que por más segura de sí misma que sea una mujer, por muy inteligente y capaz que parezca ser, dentro de ella hay una fuerte necesidad de apoyarse en un hombre».

Esa necesidad de protección, es en la mujer, mucho mayor de lo que imagina la mayoría de los hombres y, cuando la experiencia de la maternidad se ha hecho presente, esa inseguridad se acrecienta instintivamente y reclama, en mayor grado aun, la protección para ella y para sus hijos.

No hay dos esposas iguales; cada cual tiene sus gustos, hábitos y necesidades particulares. Al principio, lo que ella necesita de usted puede parecerte exagerado e ilógico y quizás nunca podrá complacerla, pero procure hacerlo con toda su capacidad.

Trate la vida sexual del matrimonio con inteligencia y delicadeza

Este es uno de los secretos más importantes para un matrimonio feliz. Tanto si tiene dos años de casado como si tiene cuarenta. Fue Dios, el Supremo Creador del matrimonio, quien colocó la vida sexual en el centro mismo de la institución. No intente ser más sabio que Dios, ni más espiritual tampoco. No en vano el apóstol Pablo escribió: «El marido cumpla con la mujer el deber conyugal… tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer… no os neguéis el uno al otro… para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia».

Es precisa la renovación de nuestra mente con respecto al sexo, introduciendo actitudes y patrones sanos y positivos. De lo contrario, la relación conyugal se convertirá —con el correr de los años— en algo muy restringido, rutinario y mecánico, con sus peligrosas consecuencias.

La vida es un regalo de Dios para los esposos. Sea sabio en administrarla y podrá alabar a Dios siempre por ello.

Como dice D’Araujo en su fascinante libro «Amor y Sexo»:

En el amor lo total invade lo parcial, lo eterno a lo temporal, la alegría conquista a la tristeza, el placer vence al desaliento, el amor conyugal debe ser un banquete de almas, una celebración por el triunfo de dos seres que desean confundirse en uno solo. El amor es un fenómeno del alma, de la psiquis, de las entrañas del ser, que está en la raíz de la vida haciendo nacer allí el germen de la voluntad dirigida a alguien que se convierte en algo más que el yo que ama.

Recuerde la importancia de las cosas que aparentemente no la tiene. No olvide sus compromisos

Generalmente los hombres son menos sentimentales que las mujeres y restan importancia a hechos como cumpleaños, aniversarios, etc., «pequeños» gestos que significan mucho para las mujeres. El amor no es tan solo un sentimiento, implica acciones positivas que pueden significar mucho para la esposa.

Los hombres se quedan siempre sorprendidos al descubrir cuánto significa para una mujer un regalo inesperado, un ramo de flores, un cumplido nuevo o un elogio al peinado que acaba de hacerse.

Mantenga una comunicación sincera y afectiva

El último secreto que mencionaremos para mantener a su esposa contenta es el siguiente: mantenga una comunicación sincera y afectiva.

La comunicación es el ingrediente fundamental de cualquier matrimonio satisfactorio. ¿Recuerda el proverbio: «Mejor es reprensión manifiesta que amor oculto?» Esto no es una exaltación a andar regañando continuamente. Creo que aun cuando lo que haya que comunicar no sea halagador, es preferible hacerlo en vez de mantenerlo en silencio, aunque no sea muy fácil, o muy romántico ni muy original. Dígalo, comuníquelo, porque ¿de qué valen el amor y las buenas intenciones guardados en un hermético silencio, si nunca van a ser escuchados?

Toda persona desea y necesita un compañero para compartir las experiencias más íntimas de la vida. Es presumible que la misma naturaleza del matrimonio debe hacer que esposo y esposa sean auténticos compañeros. Pero lamentablemente, eso no se ve con frecuencia. Si una pareja comparte sus intereses y sus inquietudes, no encontrará dificultades en convivir. Por ello deben compartir sus actividades recreativas, sus entrenamientos y otras fases del lado agradable de la vida.