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GP Familia 11: Cómo celebrar la Navidad

La Navidad me encanta. Siempre me ha gustado. ¿Cómo olvidar aquellas reuniones familiares con mis padres y mis hermanos, en nuestro hogar en Cuba, celebrando el nacimiento de Jesús?

No era por los regalos que me gustaba la Navidad. Mis padres eran tan pobres que si acaso me regalaban algo era un par de calcetines, una camisa, o, si podían, un par de pantalones (yo hacía mis propios juguetes). Había otro sentido, otra razón. Lo que más recuerdo era el gozo especial de esa temporada del año.

Como el Seminario Los Pinos Nuevos estaba solo, por las vacaciones, teníamos a papá a tiempo completo, sin la interrupción de los estudiantes; y a mamá, cocinando los platos especiales navideños, con un aroma delicioso que invadía toda la casa. Además, por las noches, papá reunía a la familia en círculo para cantar (él cantaba bajo, mi hermana alto, yo tenor) los bellos himnos al Niño Jesús, con la ayuda de una antigua arpa o laúd que tocaba mamá.

¿Cómo olvidar la elocuencia de papá? Biblia en mano, nos contaba las maravillas del nacimiento —el ángel apareciendo a la tímida María; José, lleno de dudas, queriendo dejar a su novia (cómo sufría yo por la indefensa María); los pastores asustados por el coro angelical; los ricos y lujosamente vestidos magos trayendo sus relucientes tesoros a Jesús. Yo, con viva imaginación, veía las escenas como en pantalla de cinemascope.

Pero eso fue antaño. Hoy, parece más difícil revivir el espíritu navideño. Aunque no lo es. Lo que tenemos que hacer es usar un poco la imaginación. Tristemente, los entretenimientos modernos vienen tan bien empaquetados que preferimos sentarnos ante la televisión, o comprar algo prefabricado en vez de ser creativos.

Para estimular una Navidad más creativa, permítanme sugerir aunque sea una actividad que podría darle un sentido más vivo a la celebración en este año. Quizás esto despierte interés por otras actividades similares que devuelvan a la Navidad el verdadero sentido de celebración y enseñanza espiritual práctica.

Una Navidad memorable

Les propongo un encuentro (útil para hijos entre cuatro y doce años) que servirá para una enseñanza navideña memorable.

Invite a sus hijos a un breve paseo. Llévelos a un edificio cuya puerta de acceso esté en lo alto, de modo que para entrar tenga que subir una escalera (por supuesto, antes de la ocasión, usted habrá identificado el sitio apropiado). Al llegar al pie de la escalera deténgase y pídales que esperen hasta que usted alcance la puerta. Ahora, suba la escalera y espérelos al tope de la misma. Antes de que suban, propóngales algo como lo siguiente: «Los llevaré a comer helados si pueden subir a donde estoy yo sin tocar ni pisar la escalera, y sin treparse a los pasamanos».

Enseguida comenzarán a quejarse y a decir que es imposible. Insista: «Si no lo hacen, no saborearán los ricos helados».

Seguramente algunos dirán: «Papá, ¿es eso posible?» Asegúreles que sí lo es, que no los engaña. Permita que mediten en alguna solución.

Si nadie acierta la solución, baje y colóquese al lado de ellos, inclínese y pídales que, uno por uno, se encaramen sobre sus espaldas y asciendan juntos hasta la puerta. Esa es la única manera de subir sin usar la escalera.

Luego, dígales: «Esta es una buena oportunidad para contarles detalladamente la impresionante historia de la Navidad: cómo el Hijo de Dios tuvo que bajar a Belén y de allí ir al Calvario para llevar sobre sus hombros nuestros pecados y conducirnos al cielo.

Nunca olvidarán esta experiencia, y el significado profundo de la encarnación de Cristo quedará grabado en sus mentes.

Ingéniese otras maneras de ilustrar este mensaje. Estimule a sus hijos a obsequiar regalos especiales a los niños que no tienen nada, y a aprovechar la ocasión para presentarles a Cristo a quienes no lo conocen, de modo que esta Navidad sea una gran oportunidad para enseñarles, y que aprendan, las grandes y eternas verdades bíblicas.