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GP Doctrina 2: La Santa Trinidad

por Les Thompson

Se cuenta de un teólogo anciano del siglo XVI llamado Alanus que le prometió a su congregación un sermón sobre la Trinidad. Un día, meditando en el tema, salió a la orilla del mar. Allí se encontró con un niño que escarbaba un hoyo en la arena.
—¿Qué haces? —preguntó el teólogo.
—Estoy haciendo un hoyo lo suficientemente grande para que quepa todo el mar. Alanus comenzó a reír, percatándose de que sus propios esfuerzos por comprender y explicar al trino Dios se parecían al falaz intento del niño.

Por lo tanto, aunque esta doctrina es superior a la razón, no es contraria a ella —aun cuando requiere fe. Hay un dicho que reza: Donde es demasiado hondo para andar, la fe puede nadar.

León el Grande1)Es un error pensar que los grandes cristianos del pasado fueran «católicos, apostólicos y romanos» (siguiendo el concepto moderno), y que por lo tanto no deben ser ni leídos ni creídos. Antes del Concilio de Trento (1545-1563 d.C.) había una sola iglesia cristiana, surgida de la iglesia primitiva. Luego de este concilio la iglesia occidental se dividió en dos ramas: la Protestante y la Católica Romana, ambas del mismo tronco. (390-461 d.C.) explicó la Trinidad así: Un Dios sin división en una trinidad de personas, y tres personas inconfundibles en una unidad de esencia. Buena definición, pero ¿cómo entenderla y qué es lo que comprende? Con esta breve frase León nos da a entender lo complicado de la paradoja, de modo que, para hacerla comprensible, buscaremos la manera de ilustrarla.

Antes, le contaré una experiencia que tuve en Ecuador. Allí, en una iglesia rural, conocí a un hombre ciego con quien entablé amistad. Me preguntó cómo había llegado, ¿a pie, en burro o a caballo? Al decirle por avión me metí en un problema complejo, ya que tal aparato era totalmente ajeno a su conocimiento (apenas sabía lo que era un auto). ¿Cómo hablarle de un aparato gigantesco cargado de gente que volaba como un pájaro, cuando nunca siquiera había visto un ave?

ESFUERZOS POR ILUSTRAR LA TRINIDAD

Para ilustrar el concepto de la Trinidad, el problema que enfrentamos es que no hay nada en nuestro entendimiento que se le acerque. Pero hagamos un intento con:

  1. Una tarta: Podemos dividirla en tres partes iguales, de modo que cada una de ellas represente al Padre, al hijo y al Espíritu Santo. El problema es que el Padre no es una tercera parte de Dios, ni tampoco lo es el Hijo ni el Espíritu Santo. Él es un Dios sin división.
  2. El agua: Puede presentarse en sus tres estados: líquido, sólido o gaseoso, pero en uno solo a la vez; mientras que el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo son personas independientes, aunque todos exactamente de la misma esencia al mismo tiempo: un Dios en una unidad de esencia.
  3. El árbol: es constituido por raíz, tallo y ramas. El tallo procede de la raíz, y las ramas del tallo y las raíces. Es una trinidad, pero también nos deja cortos, ya que una raíz puede existir por un tiempo sin el tallo y sin los gajos, pero Dios nunca existió sin el Hijo y sin el Espíritu Santo: Él es un Dios sin división en una trinidad de personas.

Como se ha dicho: Nuestras ilustraciones de la Trinidad podrán muy bien satisfacer parcialmente el entendimiento de los hombres, pero nunca podrán explicar de manera precisa la naturaleza de Dios.

El Dr. Nathan Wood, que fuera presidente de Gordon College en Boston, EE.UU., ve varias trinidades en la naturaleza que al menos nos ayudan a comprender la importancia del concepto trinitario:

  1. Universo=espacio, tiempo, materia
    Quite un solo elemento y ya no hay «universo». Los tres elementos foman el universo y son igualmente esenciales.
  2. Espacio=largo, ancho y alto
    Elimine un elemento y el «espacio» deja de ser. Cada parte es de igual importancia para que el espacio exista.
  3. Tiempo=pasado, presente y futuro
    Cada parte es de igual y esencial valor.Luego de usar estas ilustraciones, el Dr. Wood afirma la necesaria existencia de Dios en forma trinitaria y la consecuente interdependencia.
  4. Dios=Padre, Hijo y Espíritu Santo
    Aquí se ve la particularidad de cada Persona y la indispensable interdependencia en la Trinidad.

«El Padre no se ve excepto cuando se hace visible en el Hijo. El Hijo es lo que vemos, oímos y conocemos2)San Agustín, en su libro La Trinidad, rechaza este tipo de conclusión, de que el Padre nunca se ha revelado, arguyendo que por ser indivisible, el Padre (junto con el Hijo y el Espíritu Santo) necesariamente estaba presente en las teofanías (las representaciones de Dios) del Antiguo Testamento. [véanse 1 Ti 1:15-19; Heb 1:1-3]. Siempre personifica al Padre, día tras día, hora tras hora, momento tras momento [Jn 14:9]. El padre lógicamente es primero, pero no en el aspecto cronológico. Porque el Hijo existe desde que el Padre existe. estaba con el Padre en toda la eternidad pasada. El Espíritu, a su vez, procede del Padre y del Hijo. El no encarna al Hijo, más bien procede silenciosa, eternal e invisiblemente de Él».

NUESTRO DIOS UNO ES


La Biblia no usa el término Trinidad.3)Nuestra palabra trinidad viene del latín trinita-tem, y fue usada por primera vez por Teófilo de Antioquía —c.181— en el segundo libro autólico, donde dice: Igualmente los tres días que preceden a la creación de los luminares son símbolo de la tríada, trinidad de Dios, de su Verbo y de su Sabiduría (Biblioteca de Autores Cristianos, segundo libro autólico, #116, p. 805, párrafo 15). Otros, como Berkhof, nombran a Tertuliano de Cartago —155-220 d.C.— como el inventor de la palabra. Este surge de nuestro vocabulario para indicar el concepto de «tres elementos en uno», lo que vemos en el proceso de la revelación progresiva al estudiar la Biblia. Esta revelación se nos presenta en cuatro pasos importantes: Primero, el hombre necesita reconocer la existencia divina: Porque lo que de Dios se conoce es evidente entre ellos [toda la humanidad], pues Dios hizo que fuese evidente. Porque lo invisible de él —su eterno poder y deidad— se deja ver desde la creación del mundo, siendo entendido en las cosas creadas (Ro 1:19-20).

Segundo, el hombre necesita saber que Dios es Uno. Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo la enseñanza es clara. Deuteronomio 6.4 afirma: Escucha, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Un profesor español, Eugenio Danyans, aclara: En hebreo se usan dos palabras para indicar el significado de «uno». El término uno, en el sentido único[…] es «jachid» (Jue 11:34). Este vocablo nunca se usa para designar la unidad divina. En cambio, cuando dos o varias cosas se convierten en una sola por una íntima unión o identificación, la expresión hebrea que se emplea[…] es «ejad», que significa una unidad compuesta de varios (Gn 2:24; Jue 20:8). Esta palabra es la que se usa siempre para designar la unidad divina.4)Eugenio Danyans, Proceso a la «biblia» de los Testigos de Jehová, Editorial CLIE, Barcelona, 1990, pp.167-178.

La idea trinitaria, aunque no se expone abiertamente, fluye a través de todo el Antiguo Testamento. En Génesis vemos a Dios como Creador, pero se nos presenta al «Espíritu de Dios» moviéndose sobre la faz de las aguas. Al crear al hombre dice: «Hagamos al hombre a nuestra imagen» usándose la forma plural al hablar de Dios. Otra vez en Génesis 6 dice: No contenderá para siempre mi Espíritu con el hombre. El Salmo 2 afirma que Dios tiene un Hijo: «Jehová me ha dicho: Tú eres mi Hijo; yo te engendré hoy» (véanse Is 9:6; Miq 5:2).

Tercero, el hombre necesita conocer los atributos y el carácter de Dios tal como lo revela la Biblia (especialmente en el Antiguo Testamento). Vemos que Dios es justo y a la vez santo. Esto lo muestra en su trato con la humanidad, en toda su ley y en todos sus juicios. Dios es admirable en su carácter: ¡Jehová, Jehová, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y grande en misericordia! (Éx 34:6).

Cuarto, el hombre necesita saber la esencia, es decir, la composición de nuestro Dios. Él es un Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, «tres personas inconfundibles en una unidad de esencia». Dios esperó hasta encarnarse en el Hijo para darnos esa revelación (enseñanza clara y asumida en todo el Nuevo Testamento).

Vemos a un Dios en tres personas en el bautismo de Jesús (la voz del Padre, el Espíritu que desciende como una paloma, y el Hijo que es bautizado). En las explicaciones que da a los discípulos, después del Aposento Alto, Jesús claramente habla del Padre, y del Espíritu Santo, y también en la conocida fórmula bautismal (véanse también Mt 3:16-17; Ro 8:9; 1 Co 12:3-6; 2 Co 13:14; Ef 4:4-6; 1 P 1:2; Jud 20-21; Ap 1:4-5). Todo el Nuevo Testamento revela un Dios sin división en una trinidad de personas, y tres personas inconfundibles en una unidad de esencia.

Dicho de otra forma, cada persona en la Trinidad posee la misma esencia, sin embargo, cada una es constituida como una persona distinta y distinguida por características propias que no son comunes a los demás. Se distingue a las tres Personas por la personalidad de cada uno, que exige que usemos los pronombres yo, tú y él.

IMPORTANCIA DE ESTA DOCTRINA

Este gran misterio es importante por las siguientes razones:

  1. Claro está que si Dios se revela como Trinidad es porque quiere que así lo conozcamos. Ese deseo se debe a su gran amor por nosotros. ¡Qué paradoja! pensar que el santo, puro, inescrutable Dios —Padre, Hijo y Espíritu Santo— nos ama a nosotros, seres pecadores, débiles, imperfectos, llenos de problemas y necesidades, con un amor inquebrantable (Ro 8:35).
  2. Es más, para entender con claridad el plan de redención es esencial que Dios sea Trino. Si no lo fuera, ¿cómo explicaríamos la encarnación, la muerte y la resurrección de Jesucristo? ¿Cómo entenderíamos a Cristo ahora a la diestra del Padre? ¿Cómo apreciaríamos la obra terrenal del Espíritu Santo nuestro Consolador?
  3. Esta doctrina también nos ayuda a conocernos a nosotros mismos. Juan Calvino explicó que sin conocer a Dios, el Creador, es imposible conocernos a nosotros mismos. Cuando nos consideramos tal como somos, hechos a su imagen, necesariamente tenemos que mirar a quien nos hizo, al que está detrás, delante, encima y debajo de nosotros (Sal 139:7-12).
  4. Además, el Trino Dios mora en los que hemos respondido a su bendito llamado de salvación. Ahora somos templo de Dios (1 Co 3:16). Insólita verdad, ¡el Trino Dios mora en sus hijos! Por lo cual estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida[…] ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús, Señor nuestro (Ro 8:38-39).
  5. Finalmente, esta sublime verdad nos hace anhelar el cielo. Pues ahora, al comprender íntima y personalmente al Padre, que nos amó tanto que nos dio a su Hijo; al conocer al Hijo, que hasta entregó su vida por nosotros; y al tener la presencia y comunión del Espíritu Santo, comenzamos, aquí en la tierra, a disfrutar gloriosa y prácticamente de nuestro gran Dios Trino. Si ahora es grandioso, ¿cómo será en el cielo? En verdad, si aquí en la tierra, pese a nuestra condición de pecado e imperfección, podemos disfrutar gloriosamente del actuar amoroso del Trino Dios, ¿cómo será en el cielo?

Ahora entendemos mejor la definición de Trinidad de León el Grande: Un Dios sin división en una trinidad de personas, y tres personas inconfundibles en una unidad de esencia.

Sí, es una buena definición, pero ni con un estudio como este es posible entender la gloriosa majestad y magnificencia de nuestro Dios. Como Moisés5)Éxodo 33 y 34 tendremos que conformarnos con solo «ver» las «espaldas» de Dios (aunque tenemos los beneficios adicionales de todo lo que nos reveló Jesucristo). Sin embargo, todo ese poco que conocemos es mucho. Eso satisfizo a Moisés y, si escudriñamos y nos acercamos a ese santo monte de Dios, también conoceremos más y más de Él, y ese conocimiento nos llenará de maravilla, deleite y gran satisfacción, abriéndonos el apetito para mucho más en la eternidad que nos espera.

References   [ + ]

1. Es un error pensar que los grandes cristianos del pasado fueran «católicos, apostólicos y romanos» (siguiendo el concepto moderno), y que por lo tanto no deben ser ni leídos ni creídos. Antes del Concilio de Trento (1545-1563 d.C.) había una sola iglesia cristiana, surgida de la iglesia primitiva. Luego de este concilio la iglesia occidental se dividió en dos ramas: la Protestante y la Católica Romana, ambas del mismo tronco.
2. San Agustín, en su libro La Trinidad, rechaza este tipo de conclusión, de que el Padre nunca se ha revelado, arguyendo que por ser indivisible, el Padre (junto con el Hijo y el Espíritu Santo) necesariamente estaba presente en las teofanías (las representaciones de Dios) del Antiguo Testamento.
3. Nuestra palabra trinidad viene del latín trinita-tem, y fue usada por primera vez por Teófilo de Antioquía —c.181— en el segundo libro autólico, donde dice: Igualmente los tres días que preceden a la creación de los luminares son símbolo de la tríada, trinidad de Dios, de su Verbo y de su Sabiduría (Biblioteca de Autores Cristianos, segundo libro autólico, #116, p. 805, párrafo 15). Otros, como Berkhof, nombran a Tertuliano de Cartago —155-220 d.C.— como el inventor de la palabra.
4. Eugenio Danyans, Proceso a la «biblia» de los Testigos de Jehová, Editorial CLIE, Barcelona, 1990, pp.167-178.
5. Éxodo 33 y 34