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GP Controversia: La mujer cristiana y el movimiento feminista

por Les Thompson

¿Quién soy?
En esta era sin reglas y sin prohibiciones…
¿Cómo debe vivir una mujer cristiana?

Me fascinan los comerciales en televisión. Lo intrigante no es solo cómo venden un artículo, sino también los mensajes subliminales contenidos en la publicidad. Véase como ejemplo un antiguo anuncio de Toyota. Se ve a una chica en el momento de hacer sus votos matrimoniales. Es pastor pregunta: «¿Prometes someterte a tu marido como cabeza del hogar?» sorpresivamente la chica tira sus flores y sale huyendo de la iglesia. Entonces se la ve con su vestido de boda, corriendo por la carretera tras el timón de un lindo Toyota, diciendo: «¡Soy libre, soy libre!» El mensaje es claro: la mujer debe ser libre, no es una esclava del hombre ni del hogar.

No sé de qué forma se esté tratando el feminismo en donde usted vive, pero puedo asegurarle esto, es una ola mundial propagada hasta por las Naciones Unidas.

¿Por qué ha surgido el movimiento feminista? ¿Será porque para muchos hombres la mujer es solo un juguete? Aun en el hogar, muchos hombres tienen a su mujer como una sirvienta barata.

La mujer debe reconocer la igualdad que la Biblia establece para ella: «creada a la imagen de Dios, igual que el hombre» (Gn 2:27). Dice San Pablo, «No hay varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gal 3:28). La mujer debe apreciar los dones y capacidades femeninos conque fue dotada. Tristemente muchas mujeres han llegado a creer que en verdad son inferiores.

Es casi seguro que tal tipo de sentimientos llevaron a la escritora del libro The Female Eunuco [El eunuco femenino], Germaine Greer1)Editado por Paladin (1971), Australia., a incluir en su obra capítulos como:

  • «El mito medieval del amor y el matrimonio».
  • «La mujer no debe casarse».
  • «La mujer debe abandonar su hogar cuando es infeliz en su matrimonio».

Una voz menos estridente es la de Janet Radcliffe Richards (The Skeptical Feminist [La feminista incrédula]).2)Penguin (1980), pp. 18, 22; 59-60. En su libro dice que «las mujeres sufren de injusticia social sistematizada simplemente por ser mujeres». No pide una revolución, lo que pide a gritos es JUSTICIA.

Además de estas dos autoras, Greer y Richards, hay un sinnúmero de ideas y conceptos afirmados en el movimiento feminista:

  1. El Desprecio del hombre.
  2. La aceptación del lesbianismo como un estilo de vide preferible al de ser «dominadas» por hombres.
  3. La declaración de que la Biblia debe ser reescrita para eliminar todo sexismo.
  4. El esfuerzo por hablar de Dios en términos de «ÉL y Ella» (en lugar de usar palabras masculinas para definirlo).
  5. El derecho de la mujer a servir como «sacerdotisas» y «pastoras», acusando a San Pablo de ser sexista, y reinterpretando pasajes como 1 Ti 2:11-14.
  6. Pedir la reforma de las leyes constitucionales para eliminar toda distinción entre los sexos.
  7. Pedir que haya igualdad de sueldo y posiciones de mando.

¿CÓMO DEBE REACCIONAR LA MUJER CRISTIANA?

En primer lugar, debe saber lo que la Biblia realmente enseña en cuanto a la mujer. Debe recordar que la Biblia sí enseña una igualdad entre ambos sexos. Dice: a imagen de Dios los creó; hombre y mujer los creó. Dios los bendijo y les dijo: «Sed fecundos y multiplicaos. Llenad la tierra; sojuzgadla y tened dominio sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se desplazan sobre la tierra» (Gn 1:27-28).

Génesis 2:20-25 enseña el complemento que existe entre los dos sexos. Adán no halló ayuda que le fuera idónea [a su mismo nivel]. Este descubrimiento despertó en él conciencia de su necesidad personal: sin la mujer no estaba «completo».

«Entonces Jehová Dios hizo que sobre el hombre cayera un sueño profundo; y mientras dormía, tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer y la trajo al hombre. Entonces dijo el hombre: Ahora, [exclamación de sorpresa y asombro] éste es hueso de mis huesos y carne de mi carne [expresión que establece igualdad, no inferioridad]. Esta será llamada mujer, porque fue tomada del hombre».

Además, la Biblia enseña que entre el hombre y la mujer debe haber total interdependencia. Dice San Pablo: «En el Señor ni el hombre existe aparte de la mujer, ni la mujer existe aparte del hombre (1 Co 9:11).

INDICACIONES ESPECIALES

Dios no creó a la mujer inferior, pero sí la hizo «diferente»:

En Génesis 1:

Ambos son iguales ante Dios.

En Génesis 2:

Vemos la relación entre el hombre y la mujer.

No se trata de su «igualdad» ni de su «identidad» ante Dios, sino de su «completación».

Fue creada no como un ser aparte e independiente del hombre, sino para completar y complementar. Es la ayuda idónea del hombre. Juntos han de «sojuzgar al mundo».

Es aquí que surge el «pleito» o el conflicto. A muchas mujeres les «cae mal» la idea de tener ese rol.

Para razonar el tema bíblicamente, invirtamos los roles, comenzando con el del hombre. ¿Cuál es su papel? San Pablo basa sus argumentos en Génesis capítulo dos; es decir, las aclaraciones dadas por Dios antes de la caída. Ya que fueron dadas antes de la caída, se toman como enseñanzas que se aplican a todas las edades.

La prioridad de la creación
Adán fue formado primero; después, Eva (1 Ti 2:13).

El modo de la creación
El hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre (1 Co 11:8).

El propósito de la creación
Además, el hombre no fue creado a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre (1 Co 11:9).

El Dr. James Hurley, en su libro Hombre y Mujer desde la perspectiva bíblica3)InterVarsity Press Penguin (1980). Pp. 18, 22; 59-60; InterVarsity, pp. 206-214., aclara el sentido práctico de las enseñanzas de Génesis 2.

El derecho de primogenitura
Por ser creado primero, el hombre, heredaba el derecho de liderar, controlar las propiedades y recursos.

El derecho de dirigir
Por darle «nombre» a las cosas, tanto a los animales como a Eva, era señal que tenía la autoridad sobre lo que había nombrado.

Igualdad de la mujer como compañera y ayudante
Por ser tomada del hombre y recibir las mismas instrucciones que él, la mujer también tenía la responsabilidad del «dominio y gobierno» de la tierra (Gn 1:28). No fue creada para que fuera juguete, ni esclava, sino ayudante idónea.

EL EJEMPLO DE JESÚS

Ahora queda estudiar el trato de Jesús con la mujer, ya que Él es Dios encarnado, y cumple perfectamente la ley divina con todos sus requisitos.

En Lucas 8 tenemos una explicación fascinante de un grupo de mujeres que lo seguían y le servían: «Los doce iban con Él, y también algunas mujeres que habían sido sanada… Ellas les servían con sus bienes». Aunque no le dio a la mujer el “discipulado”, como a los doce, a su vez nunca menospreció sus labores a favor del reino de los cielos. Este hecho no revela “inferioridad” en la mujer, sino distinción en cuanto a responsabilidades.

En el trato de Jesús con la mujer samaritana vemos que rompe con todos los tabúes de los judíos. Al varón judío le era prohibido hablar con una mujer en público, aunque fuera esposa, hermana o hija. Pero Jesús habla con esta mujer en un lugar público. Además, el Talmud dice: Es preferible que se queme la Ley de Dios a que sea enseñada a una mujer. Sin embargo Jesús conversa de «teología» con ella. Él le devuelve derechos que los hombres le habían quitado.

También vemos a Jesús con la mujer pecadora en Lucas 7:37: «Allí, en otro lugar público, permitió que le besara los pies y los ungiera con perfume. Aceptó la gratitud de ella por el perdón de los pecados. Se opuso a las costumbres culturales de sus días, ya que reducían a la mujer a un nivel de insignificancia, contrario a los propósitos divinos explicados en Génesis 2».

¿Qué de su trato con María de Betania? Permitía, con cariño, que ella se sentara a sus pies para que la enseñara (Mr 14:3-9). Siempre respetó a la mujer.

Jesús tomó a la mujer y la puso al igual que los hombres en cuanto al trato de Él con ellas. Les restauró la dignidad. Les dio significado. Siguiendo este patrón, San Pablo dice (Gal 3:28): «Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús».

Todos estos pasajes apuntan a la igualdad de la mujer, a la dignidad que tiene, al respeto e importancia que se le debe dar. A su vez no quita el hecho de que Dios estableciera un orden propio para el mejor manejo de la sociedad, parecido a la relación entre Cristo Jesús y el Padre. Aunque Jesús, por ser Dios, era igual al Padre, a la vez se sometió totalmente al mando del Padre (Jn 4:34, 5:19-3; 6:38; 8:29).

Es bajo este mismo principio, un orden social correcto entre hombre y mujer, marido y esposa, que la mujer cristiana debe vivir. Tiene que respetar el propósito de su creación, el lugar correcto que le pertenece en la sociedad. No debe tomarlo como algo humillante, ni tampoco debe el hombre interpretarlo como una inferioridad de la mujer, más que como un orden de rigor espiritual que Dios impuso para el bien de la sociedad.

DICHOS DE HOMBRES ENTENDIDOS

Bovee: Después de Dios, nuestra deuda es con la mujer: primero, por habernos dado la vida; después, por haberle dado significado a la vida.

Lutero: En la tierra no hay nada más tierno que el corazón de una mujer en la que habita la piedad.

Otway: ¡Oh mujer, hermosa mujer! Dios te hizo para templar al hombre que, sin ti, sería un simple bruto.

Agustín: Mujeres, no se desprecien. El Hijo de Dios nació de una mujer.

Saville: Las mujeres tienen más fuerza en sus miradas que nosotros en nuestras leyes; tienen más poder en sus lágrimas que nosotros en nuestros argumentos.

DICHOS DE HOMBRES EQUIVOCADOS

Platón: hablando de su concepto de la reencarnación, dijo: «La peor forma sería regresar al mundo como mujer».

Aristóteles: «La mujer es un varón mutilado».

Josefo (historiador hebreo): «La mujer es inferior al hombre en todo aspecto».

El Talmud: En el Talmud hebreo se nos informa que los varones cana mañana daban gracias a Dios que no habían nacido mujer.

Tertuliano (padre de la iglesia): Las mujeres son «la portada al diablo; las que conducen al árbol prohibido; las primeras en desobedecer la ley de Dios; las que persuadieron al hombre a pecar cuando Satanás no se atrevía a tentarlo directamente; las que destruyeron con tanta facilidad la imagen de Dios en el hombre; las que introdujeron la muerte, forzando al mismo Hijo de Dios a morir».

References   [ + ]

1. Editado por Paladin (1971), Australia.
2. Penguin (1980), pp. 18, 22; 59-60.
3. InterVarsity Press Penguin (1980). Pp. 18, 22; 59-60; InterVarsity, pp. 206-214.