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GP Biografía 6: Borrow, el misionero que conmocionó a España

por Rubén Gil

El héroe y el justo de funden en su persona

George Borrow nació el 5 de julio de 1803 en una granja de Norfolk, en Deraham, Inglaterra, segundo hijo de Ana Preferment y del capitán Tomás Borrow. Treinta y tres años más tarde, este niño llegó a ser tan popular en España que sería conocido como «Don Jorgito el inglés».

Desde niño Borrow tenía aptitud para aprender idiomas. Aprendió griego y, a los doce años, sabía hablar perfectamente el galés, una de las lenguas más difíciles de Europa: aprendió también el irlandés «de oído».

A principios de 1824, falleció su padre. George Borrow tenía entonces viente años, era un joven musculoso a causa de sus ejercicios, medía un metro ochenta centímetros, imberbe, de piel clara, rostro de belleza clásica, cejas negras bien dibujadas, boca y nariz bien proporcionadas, y cabellos grises, tal como lo contemplan los pocos retratos que de él se conservan.

Con la muerte de su padre, se traslada a Londres, sabe boxear, nadar, montar a caballo y herrar un corcel. Tenía la palabra fácil y poseía una memoria extraordinaria. Allí trató de colocar sus trabajos literarios sin mucha suerte. Para el joven ambicioso, la desilusión fue cruel. ¿Qué podía hacer? La verdad es que pasó por crisis muy profundas y llegó casi al suicidio. En su autobiografía llama «Miedo» a esta extraña depresión.

La influencia de un amigo, William Taylor —que además de enseñarle alemán le inculcó la irreligiosidad— le llevó a preguntarse un día en plena crisis: ¿Qué es la verdad? ¿Qué es bueno y qué es malo? ¿Para qué he nacido? No hallaba respuestas a estas preguntas. Este futuro misionero era en esos días un empedernido ateo.

El gran cambio sobrevino a la vida de George Borrow durante el año 1833. Un reverendo pastor indujo a George Borrow a solicitar de la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera un empleo donde pudiera utilizar sus grandes conocimientos de idiomas.

El instrumento que usó Dios para llevar a Borrow a los pies de Jesucristo fue una viuda de nombre Mrs. Clarke —a quien hizo su esposa en 1840— y la gran amistad con Jasper Petulengro —un gitano apodado Gipsy Smith, con quien convivió durante algún tiempo, aprendiendo de los gitanos grandes enseñanzas que luego le sirvieron en su vida misionera.

Su conversión fue total. A pesar de la pasión con que había aceptado las tesis de su amigo Taylor, ahora había conocido la fe, y un nuevo hombre emergía.

La Agencia de la Sociedad Bíblica en París buscaba a alguien que quisiera aprender manchú, lengua diplomática de China, y Borrow emprendió la tarea de mano de un ruso, Stephan Vasilievich (era el año 1832). En seis meses aprendió la lengua totalmente. La Sociedad Bíblica de Londres quedó impresionada por la capacidad de Borrow y le prestaron libros en manchú y árabe.

Borrow solicitó ir a Manchuria, para distribuir el Nuevo Testamento, pero no le fue concedido. Pidió entonces ir a los gitanos. Les habló de su irreligiosidad y de su inmoralidad, añadiendo que había que salvarles por medio de la Palabra de Dios.

La Sociedad Bíblica necesitaba a un hombre que quisiera abrir una agencia en Portugal y ahí empezaría su aventura que le llevaría finalmente a España.

Digamos que Borrow aparece como una especie de Laurence de Arabia, un personaje intrépido en un mundo hostil en el que logra recalar: España.

«¿No le ha chocado nunca —le escribía en una ocasión su amigo danés Hansfelt— cuánto se parece usted al buen hidalgo Don Quijote de la Mancha? A mi juicio, podía usted pasar fácilmente por hijo suyo».

BORROW Y LA ESPAÑA DE AQUELLOS DÍAS

“La biblioteca móvil fue inventada por George Borrow

El 6 de noviembre de 1835 embarcó hacia de Portugal, llegando a Lisboa el 13 del mismo mes. El Comité de la Sociedad Bíblica aprobó lo siguiente: «Que el Sr. Borrow pueda efectuar un viaje a Lisboa y a Oporto (Portugal), con objeto de visitar a nuestros corresponsales, y haga lo posible

por incrementar la circulación de la Biblia en Portugal».

Pero su destino era España. Una noche, con un barquero andrajoso y una barca del mismo estilo, Borrow atravesó la frontera y se adentró en España. «La voluntad de Todopoderoso —escribe—, nos permitió llegar, no sin que antes el bote casi se llenase de agua, y nos caláramos hasta los huesos…»

Era el 1 de enero de 1836 cuando Borrow entró en España. Llevaba una carta de recomendación, «para las mentes de más influencia en Madrid»; otro del Foreign Office para Lord Howard de Walden, ministro británico en Portugal.

Sin oponerse formalmente, el Comité de la Sociedad Bíblica, consideraba el proyecto de entrar en España, un tanto temeraria dada la situación política que vivía el país. España se encontraba en una situación dramática, pues luego de haber sido arrasada por las tropas de Napoleón y oprimida por un rey de los más nefastos, Fernando VII, se hallaba en guerra.

Una idea de cómo estaba España, nos la da la conversación con el rector del colegio de los ingleses católicas en Portugal: «Voy a España —le dijo Borrow—, de paso me he detenido en Lisboa», «¡España, España!! —exclamó el anciano, ciertamente ha escogido usted una ocasión singular para ir allí, habiendo como hay ahora guerras enconadas, alborotos y efusión de sangre».

Por la misma razón la monja de Mote Moro, ya en España cuando Borrow fue a visitar las ruinas que hay allí, le dijo: «Supongo que será usted un militar e irá a pelear contra el rey, como todos sus compatriotas». A lo que Borrow respondió: «No, no soy hombre de guerra, soy cristiano que no va a verter sangre, sino a procurar la difusión del evangelio de Cristo en un país que le desconoce».

Provisto de una carta del embajador inglés, Borrow pide audiencia al Primer Ministro Mendizábal el 7 de febrero de 1935, y éste le prometo recibirle seis meses más tarbe.

A los seis meses, con puntualidad británica, Borrow acude al palacio del Consejo de Ministros. El Primer Ministro, clava sus ojos escrutadores en Borrow y le dice agriamente: «¿Qué singular desvarío les impulsa a ustedes a ir por mares y tierras con la Biblia en la mano? Lo que aquí necesitamos, mi buen señor, no son biblias, sino cañones y pólvora para acabar con los facciosos, y sobre todo dinero para pagar a las tropas. Siempre que venga con estas tres cosas se le recibirá con los brazos abiertos…»

El 13 de mayo de 1935, caía el gobierno de Mendizábal. El diario El Español consagró a la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, elogiándola y reclamando la formación de una igual para España.

Borrow pidió permiso para imprimir cinco mil nuevos testamentos sin notas ni comentarios, de la versión eso sí, del Padre Scio de San Miguel (traducción de la Vulgata).

La España de Borrow

«España, país infeliz, sangrado por todos sus poros, ha añadido a sus otras calamidades y a su propia responsabilidad la casi total supresión de los esfuerzos para circular dentro y fuera de sus fronteras la preciosa Palabra de Dios. Don George Borrow, agente que ha trabajado con gran celo a favor de España, ha regresado a nuestro país, sin esperanza para proseguir nuevos intentos de distribuir la Biblia; en los últimos cinco años ha logrado distribuir 14.000 ejemplares de las Sagradas Escrituras.»

—Sociedad Bíblica Británica, 1840

BORROW Y LOS GITANOS

Borrow enseña la Palabra de Dios a los gitanos

Los gitanos llamaban a Borrow «Lavengro» (el erudito, el gitano, el sacerdote). Se identificó con ellos de manera total. No solo aprendió su lengua, sino sus costumbres; en una palabra, se transformó en uno de ellos. Borrow amaba el romaní de los gitanos, lengua decaída, despojada de toda gramática, por ser una lengua que se empeñaba en sobrevivir. Hay que considerar que en aquellos tiempos el lenguaje de los gitanos no pasaba de ser una jerga de ladrones.

¿Quiénes eran, y son, los gitanos? Es una pregunta que nadie ha podido contestar correctamente. Se los describe: «Como un pueblo trashumante, sin patria; un pueblo errante de diversas procedencias, una de ellas, el Norte de la India». Pero se puede intuir que su oscuro origen resulte sintomático, ya que en inglés al gitano se le llama Gipsy, por lo que pueden indicar: «procedentes de Egipto». De Egipto procede, sin duda, «un pueblo nómada, errante, sin patria, que estuvo esclavizado 400 años y que después de varios cautiverios no todos se quedaron en Canaán…».

Sea como sea, nadie en España se había preocupado por los «gitanos». Don Jorgito el inglés, si lo hizo, porque les amaba como les ama Jesucristo. También porque ese pueblo trashumante tenía la costumbre de «acompañar al Sol» en su periplo, lo que les permitía recorrer España cada año de Sur a Norte cobijados en su calor.

Los gitanos eran, a pesar de ciertos reparos tradicionales, gentes esperadas en los pueblos donde traían la escasa distracción en aquellos días, la novedad, las noticias y rompían la monotonía. Llegaban con sus familias, sus carromatos, sus bailes, su misterio, sus supersticiones, sus «buenaventuras» (especie de adivinación que hacen leyendo las palmas de las manos), sus «brujerías» y sus libros prohibidos que transportaban entre sus bártulos. También afilaban los cuchillos, reparaban los cacharros de cocina y los paraguas, amén de ser buenos intermediarios para la venta de ganado, para lo que tienen una habilidad especial. Se les atribuían muchas cosas, pero en el fondo, eran y son buena gente.

Por otra parte, los gitanos, tienen costumbres que merecen admiración, como una gran fidelidad a la familia, un apego insobornable a la autoridad de los mayores, autoridad que no se discute: es ley. Y sobre todo, un amor a su forma nómada de vivir.

Borrow sabía que si vivía y viajaba con ellos, ellos llevarían, en su trashumancia, la Palabra de Dios, un servicio de Correos que era inviolable en la España que no permitía la distribución de la Biblia. Y así fue como llevó la Palabra de dios a los más insospechados rincones de España.

George Borrow: como lo describe el escritor Azaña

«Los gitanos le adoraban; y era la admiración de los ‹manolos› (gente del pueblo bajo de Madrid). Temíanle los pícaros; confundía al posadero ruin y a lo alcaldillos despóticos. Encendía en sus servidores devoción sin límites. Era afable y llano con los humildes; trataba a los potentados de igual a igual y hacía bajar los ojos al soberbio. Nunca se apartaba de la razón, ni perdía la serenidad; un prestigio misterioso le envuelve. En suma, el héroe y el justo se funden en su persona. Es un apóstol que propaga la Palabra de dios, pero sin el delirio de la cruz, sin romper el decoro. Es un caballero andante que se compadece de la miseria y a cada momento cree uno verle emprender la rute de Don Quijote, pero sin burlas, sin yangüeces. Es una España que cree en él y le toma en serio.»

Pero…, aquí es donde vemos la mano de Dios. Por años España ha sido un coto cerrado al evangelio. Creímos que éste debía llegar por el camino de la encumbrada cultura literaria, en medio de las grandes urbes y por los caminos «tradicionales». Después de cien años, hemos de confesar que nuestra cosecha es realmente pobre. Pero he aquí que esos «gitanos» evangelizados por Borrow y empujados por el viento del Espíritu, se han levantado como un solo pueblo sus iglesias se multiplican por decenas anualmente) en un movimiento de carácter carismático sin precedentes. Hoy es el grupo de cristianos más importante de España.

Es cierto que el evangelio les viene como anillo al dedo. La tradicional alegría gitana se complementa con la alegría de la fe. Ellos no quieren dejar de ser gitanos, se sienten orgullosos de su raza, de su lengua y de su cultura. Pero ¡bendito sea Dios! Porque desde su miseria nos enseñan la riqueza y la efectividad de la fe cristiana. Son el aldabonazo que no repite: «Los publicanos y las rameras, van delante de vosotros en el Reino de los cielos».

Borrow fue comparado al ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

Y ese Caballero Andante que se llamó George Borrow fue el que los evangelizó. Nos imaginamos verle de galopa, sin duda en una nube celeste con su amado corcel árabe, con la Biblia en la mano, contemplando, quizá, la gran verdad que el «trabajo en la Obra del Señor no es en vano».

Borrow murió el año 1991. Durante su vida coleccionó sus libros impresos, sus primeros relatos, los artículos que hablaban de él y sus libros. La correspondencia de Borrow cubre 937 cartas y sobre él se han escritos más de 1.075 libros. Lo primero que se publicó fue su obra The Zingali (Los gitanos), «una narración de los gitanos en España, con una compilación original de sus canciones y poesía, y un copioso diccionario de su idioma».

En una palabra, George Borrow, no fue un misionero «convencional», él es la excepción. Su contribución marca un hito en la historia del protestantismo en España. A él se le puede aplicar con justicia lo de: «Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, pero sus obras con ellos siguen» (Ap 14.13).

Bibliografía

  • La Biblia en España, por George Borrow, traducida del inglés por Manuel Azaña (1921).
  • Historia de la Biblia en España por el Dr. José Flores. CLIE: 1978
  • Revistas y artículos firmados por Gutiérrez Marín.
  • Historia de los Bautistas, J. David Hughey.
  • Diversas referencias en artículos de Knaap, uno de los pioneros de la obra en España.
  • Imagen de portada, retrato de George Borrow por Henry Wyndham Phillips