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¿Fue la ley de Moisés un medio de salvación hasta que comenzó el nuevo pacto de Jesucristo?

PREGUNTA:

¿Fue la ley de Moisés un medio de salvación desde que Dios la dio hasta que comenzó el Nuevo Pacto de Jesucristo?

RESPUESTA:

Parte de nuestro problema en cuanto a la Ley de Moisés es que leemos el Antiguo Testamento muy superficialmente. Por tanto, cuando salta toda esa larga sección sobre Dios y sus leyes, ahí nos quedamos enfocados (puesto que es tan negativo y contrario a lo que suponemos debe ser la libertad de conducta de todo ser humano). Opinamos que Dios no tiene el derecho de infringir sobre la libertad humana. El resultado es que vemos al Antiguo Testamento como un libro lleno de prohibiciones (incluso prohibiendo cosas insignificantes), o una serie de libros tratándose del tema de un Dios airado que castiga a su pueblo por no prestarle atención a sus leyes.

Consideremos al Antiguo Testamento desde otra perspectiva: Dios eligiendo un pueblo de entre las naciones, con el fin de bendecir a ese pueblo con su presencia, darle a ese pueblo una tierra y un gran futuro, buscando que ese pueblo crea en él, le adore, y viva en obediencia y bendita comunión con él.

Viéndolo desde ese ángulo, no suena muy distinto a lo que Dios espera de sus hijos en el Nuevo Testamento y en el día de hoy.

La historia no comienza con la Ley. Primero vemos que a un hombre viviendo en Ur de los Caldeos, lejos de Dios y adorador de dioses extraños, Dios llega e inesperadamente  le selecciona (elige) para que le sirva y para ser el Padre de una nación (Gn 12, donde le hace unas muy gloriosas promesas). En el estudio que sigue de Abraham y Jacob, vemos a dos personas que luchan supliendo las necesidades básicas de sus familias. En esa lucha ambos experimentan tres etapas en su peregrinaje hacia la fe: un encuentro con Dios lleno de misterio y maravilla; un evento  o lucha demandando el ejercicio de su fe; y largos períodos de espera en que Dios parece haberlos olvidado. Pero, no, no son olvidados, mas bien cada hombre recibió de Dios  cuatro grandes promesas (Gn 12:2-3; y 28:13-15), y luego de encontrar algo de respuesta a esas promesas, unas reafirmaciones de ellas (Gn. 22:17-18; y 35:11-12).

¿Cuál es el propósito? Llevarles a una experiencia genuina de fe (algunos lo llaman “fe viva”)  Tan así que Abraham llega a ser el gran ejemplo de lo que es la fe para el pueblo de Israel y para nosotros (He 11:6). El capítulo cuatro de Romanos es una exposición de Génesis 15:16. Esa fe viva es lo que Dios busca de todos, y Abraham nos da el ejemplo de la esperanza resultante, de un hogar eterno que Dios preparaba para los que creen en él (He 11:13-16). Unas duras pruebas son las cosas que Dios usa —no es la ley— (véase Génesis 12 al 20) de tal forma de que cuando Dios le pide el sacrificio supremo, sacrificar a Isaac, y sin titubear, Abraham obedece.  Eso le lleva a las conclusiones hechas por Pablo en Gal 3:7-9 y también en Ef 2:19-22.

No olvidemos que los patriarcas y sus familias vivían en medio de países muy corruptos y sumamente pecaminosos (véase Gn 15:14-16; Jos 24:15; Dt. 20:17-18;Gn 9:25,26; Lv 18:27; Ex 23:24; Dt 7:5, 25). Dios en su divina paciencia espero 400 años para permitir que el pecado de esas naciones llegase “a su colmo”. Luego, para evitar que su santo pueblo se contaminara con ese estilo de vida, por medio del mismo pueblo (dirigido por Josué) juzgó con terrible juicio a los cananeos y amorreos. El hecho de Israel servir como el brazo de Dios para juzgar a estos pecadores serviría para mostrarles a primera vista cuánto Dios despreciaba los pecados cometidos por ellos (1 Jn 2:15-17). Y por si acaso no entendían cuales pecados odia Dios, Moisés en su Ley le da la lista.

Y los lectores preguntarán, “¿Y qué propósito cumple la Ley de Moisés?  Entendemos que Abraham es el padre de la fe, pero ¿Por qué la ley? ¿Era que por guardar la ley se pudieran salvar?”  De ninguna manera.

Dijimos arriba que Dios ha elegido un pueblo especial buscando que ese pueblo “crea en él, le adore, y viva en obediencia y bendita comunión con él.” Lo principal en ese paso es que el pueblo depositara fe en él (por eso la historia comienza con Abraham —y no con la Ley— y sigue con los patriarcas, mostrando cómo ellos aprendieron a creer en Dios. “Sin la fe es imposible agradar a Dios” nos dice Pablo en Hebreos. El pueblo de Israel no agradaba a Dios por cumplir la Ley de Moisés, sino por la fe, especialmente al confiar en Dios y en sus promesas—la principal siendo que de una virgen nacería el Mesías, el Salvador. ¿Porqué todas las instrucciones en cuanto a sacrificios de ovejas (y palomas para los pobres)? Precisamente porque por obedecer la ley no podían obtener el perdón. Sólo por medio de la sangre derramada (que se refiere o a la sangre de Cristo derramada sobre la cruz) viene el perdón del pecado. El perdón siembre, desde que el Señor primero mató una ovejita para darle ropa nueva a Adán y Eva en el huerto (Gen 3:21), no ha habido otra manera de ser perdonado un pecador.

¿Entonces para qué la Ley con todos sus detalles y demandas? San Pablo nos indica en Romanos 7 que si no fuera por la ley no conoceríamos el pecado, añade que es la ley lo que Dios usa para condenarnos; es la ley lo que nos lleva a Cristo en busca de rescate; declara que la ley es santa y buena. A estas declaraciones podemos añadir: (1.) Porque Dios es un ser santo y quiere que nosotros sus hijos seamos santos como él nos ha dado estos reglamentos. La Ley tiene que ver con nuestra conducta, con lo que aceptamos y rechazamos de este mundo tan lleno de toda clase de práctica y pecado contra Dios. (2.) Sólo al darnos todos estos detalles en cuanto a lo que es bueno y lo que es malo que aprendamos cómo obedecerle. (3.) Es así, por mostrarnos lo que es malo que la ley no solo nos revela el carácter puro y santo de Dios, pero nos señala el camino hacia la pureza. Toda la Ley, interesantemente, se encuentra resumida en los Diez Mandamientos: Los primeros cuatro correctamente tratan nuestra relación con el Dios que nos ha llamado y perdonada por medio de la sangre derramada por su Eterno Hijo; los seis que siguen nos enseñan como relacionarnos con los demás seres humanos para no pecar contra Dios.

Por mediación de Moisés Dios, de forma muy clara, nos dio una revelación de su santo carácter. Por medio de esa Ley vemos la preocupación por parte de Dios que su pueblo se separe de todo lo impuro y pecaminoso y realmente le ame a él. El propósito de la Ley de Dios no ha cambiado. Dios quiere que seamos un pueblo que realmente glorifique al santo Dios y viva de forma distinta a las naciones pecaminosas a nuestro alrededor (1 Jn 2:15-17).  Por medio de las leyes y mandatos el Señor enseña a Israel (y a nosotros) la seriedad del pecado, a la vez que al obedecerla aprendemos la apropiada conducta del pueblo de Dios ante su santa presencia (Dt 5:29).

La ley nunca jamás podrá salvar a alguien, pero la ley sí podrá enseñarnos aquellos que entristece a Dios, y la conducta que él pide para agradarle.

Les Thompson