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¿Existe la mujer perfecta?

 por Eugenia de Aracena

La palabra “perfecta” parece ambiciosa. Sin embargo, en términos bíblicos la perfección es ser completo o idóneo. En ese sentido, buscamos relacionarnos con lo que es perfecto: Dios.

Cuando recibimos al Señor en nuestros corazones, lo perfecto o completo viene a morar en nosotros. Y eso perfecto es El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Ya lo decía Pablo “y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad” senses 2:10). En esta relación con Dios, Jesucristo comienza a formar su persona en nosotros, a través del Espíritu Santo. Hay una nueva orientación y guía en nuestra vida y lo torcido comienza a enderezarse en la medida que nos disponemos. ¿Qué consecuencias trae esto para nosotras como mujeres?

En primer lugar podemos sentirnos mujeres completas y satisfechas con el hecho de que Dios nos ha hecho mujeres. No debemos sentir resentimiento hacia el varón o envidiar su rol, sino más bien darnos cuenta en el plan de Dios que ellos se vuelven completos en su humanidad al participar de la vida de una mujer; más aun si ella es cristiana. Debemos reconocer en la Palabra de Dios que hemos sido hechas a imagen y semejanza de Dios; por lo tanto lo femenino es plan y diseño de Dios. ¿No has pensado que cuando Dios vio todo que había creado, lo bendijo porque era bueno en gran manera? Esa afirmación te incluía a ti y a mí.

En segundo lugar, podemos ser esposas idóneas y eficientes colaboradoras con nuestros esposos, aportando sensibilidad y ternura a él y a nuestra familia, particularmente a los hijos. ¡Qué bendición cuando podemos involucrarnos en sus tareas como esposo y ayudarle! Somos partícipes del éxito o fracaso de nuestro esposo y así lo dice la afirmación popular: “detrás de todo gran hombre hay una gran mujer“. Si somos hijas de Dios, con mayor razón esto será verdad. Esto es particularmente cierto en el caso de la esposa del pastor. ¿Te has dado cuenta que el mayor número de asistentes a una Iglesia somos las mujeres? Tenemos un lugar de trabajo importante y es la mejor manera de respaldar a nuestro esposo. Esa ha sido mi experiencia como esposa de pastor. Es cierto que a veces es una tarea ingrata y nos demanda más tiempo del que tenemos pero el resultado, sin duda, es un esposo agradecido.

Aun si no eres esposa de pastor, busca ser perfecta en sembrar lo espiritual en tu familia en la medida que aprendes de Dios y su Palabra. Reconoce que tu familia es como una casa; si no está edificada sobre fundamentos espirituales, tarde o temprano tendrá problemas. No temas buscar primeramente a Dios, la consecuencia de esa relación profundizada afirmará tu casa y tus relaciones familiares. Pondrás en tus hijos una semilla que tarde o temprano dará su fruto, el cual traerá alegría y paz para ti y tu pareja.

Asimismo, podemos ser abuelas completas. ¿Qué mejor motivo de nuevas ilusiones y fuerzas después de los 50? No podemos quitar a nuestros hijos la responsabilidad de ser padres, pero sí podemos ayudar en la tarea cristiana de formar a los nietos. Dios ha permitido una relación de mucha intimidad entre los nietos y la abuela. El apóstol Pablo nos cuenta acerca de su discípulo Timoteo, cómo la fe y vida cristiana de la madre y la buela influyó para hacerlo un hombre de Dios. Junto con los juegos y las caricias podemos ir enseñando las primeras palabras de una oración o un cántico a Dios. Y es que la vida activa de una mujer perfecta no termina nunca. Es la consecuencia de estar unidas a una fuente inagotable de amor y perfección, que es Dios en la persona de Jesucristo.

En cuarto lugar, podemos ser mujeres completas, perfectas e idóneas en una sociedad llena de necesidades. Las mujeres hemos ido tomando poco a poco un liderazgo en la sociedad llegando a ocupar la presidencia, el primer puesto público en un país. ¿Te das cuenta el privilegio que Dios nos ha permitido? No ha sido quitar el lugar al varón, sino ocupar un sitio que a veces se ha dejado vacío por las responsabilidades que implica. ¡Qué oportunidad para las mujeres cristianas en todos los niveles de servicio en la comunidad! Podemos llevar la palabra de Dios a un mundo en crisis que no sabe cómo resolver el problema de los niños y la juventud. Nuestra voz debe ser escuchada, pero también respaldada por un testimonio de vida consecuente en nuestra vida de hogar, de Iglesia, y sobre todo en la comunidad donde vivimos.

Por último, como mujeres completas debemos desarrollar los dones que el Señor nos ha dado. En la Biblia vemos mujeres con el don de liderazgo en tiempos de crisis, como Débora, la jueza establecida por Dios para el pueblo de Israel. Vemos la prudencia, el tacto y el ocupar la gloria del segundo lugar, pero con una fuerte y positiva influencia, como la Reina Ester, que pudo ser el instrumento de Dios para preservar el pueblo de Israel. Vemos la capacidad para enfrentar grandes desafíos y servir como la madre del Mesías, en el caso de la Virgen María desde el momento en que el ángel le dijo “has hallado gracia delante de Dios” (Lucas 1:30). El apoyo y ayuda de las mujeres que por más de dos años sirvieron al Señor Jesucristo en sus necesidades en su ministerio en la tierra. Las discípulas de Pablo, como Priscila, a quien él llama “mi colaboradora en Cristo Jesús” (Romanos 16:3) y recomienda que sea tenida en gran estima y honor por el servicio que ha hecho a la causa de Cristo.

Hay mucho que decir acerca de nosotras, pero quiero agregar algo especial para nosotras las mamás. Lo llamaré: “El menú perfecto de mamá“:
• AMOR, el cual debe ser dado en la justa medida y en equilibrio. El exceso de amor es sobreprotección y es dañino. Si bien debemos amar a los hijos no debemos excedernos, puesto que mostraremos un cuidado muy acentuado. Ellos deben aprender a tomar decisiones, para lo cual necesitan libertad de acuerdo a su edad. El amor se traduce en aceptación incondicional, lo cual será la base para que el hijo tenga una buena autoestima. Nuestra tranquilidad estará en los valores que hemos sembrado en ellos.
• PACIENCIA, que es una característica necesaria en grandes dosis, sobretodo cuando están pequeños. La paciencia implica aceptar que la vida de nuestros hijos es un proceso que necesitará de perseverancia, repetir una y otra vez las cosas, apoyarlos cuando fracasen y motivarlos a probar de nuevo.
• DEDICACION, que te exigirá tiempo con los hijos, y esto es una inversión muy grande y rentable si se hace responsablemente. Sobre todo en las primeras etapas del crecimiento, ya que esto evitará problemas serios en un futuro y creará una relación de confianza. Lo ideal es “estar ahí” cuando ellos te necesitan. ¿Te imaginas no estar ahí cuando dicen por primera vez “mamá”, su primer gateo en la alfombra, sus primeros pasos, su primera comida o cuidarlos en su primera enfermedad? Si trabajas fuera de la casa, trata de tener calidad de tiempo con tus hijos, no tanto cantidad, sino el mejor tiempo con ellos.
• CUIDADO, obligación que tenemos ante Dios, pues nuestros hijos son prestados, pertenecen a Dios y cada uno de nosotros tenemos que dar cuentas a Dios de cómo les hemos enseñado, de qué hemos sembrado en sus infantiles vidas, simplemente somos administradores. La palabra de Dios nos dice: “herencia de Jehová son los hijos” (Salmo 127:3).
• PROTECCION, que significa brindar seguridad y estar pendiente de cada uno de ellos reconociendo que son diferentes tanto en sus personalidades como sus necesidades. Es volverte Médico, Psicóloga, Maestra experta en tareas escolares, Consejera, y Nutricionista.
• Por último, FE EN DIOS, lo más importante para el final. Todos los valores espirituales que tú creas y siembres en los pequeños con palabra y ejemplo, tendrán resultados maravillosos en el futuro. Te lo digo con convicción. Cuando tu te sientas a leer la Palabra de Dios, cuando oras, cuando alabas, estas invirtiendo en la eternidad. Los niños son la buena tierra, ellos son como una esponja que absorbe todo, lo bueno y lo malo, por lo tanto debemos tener mucho cuidado en lo que les enseñamos. Si tú practicas todo esto, en el mundo habrá mejores hombres y mujeres, mejores profesionales y ellos tendrán un mundo mejor para vivir.

Cumpliendo con esta tarea que Dios nos ha asignado a las mujeres, es que nos convertimos en mujeres idóneas y completas.