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¿Es cierto que muchos de los himnos de Carlos Wesley eran sacados de marchas para la guerra?

PREGUNTA:

¿Es cierto que muchos de los himnos de Carlos Wesley eran sacados de marchas para la guerra? ¿Qué opina?

RESPUESTA:

Esta es muy buena pregunta, especialmente en estos tiempos cuando se está copiando la música más popular mundana y sencillamente cambiándole le la letra con letra cristiana. Se excusa esta costumbre haciendo referencia de que esto era lo que hacían Martín Lutero y Carlos y Juan Wesley, e himnólogos del pasado.

Tenemos una gran ayuda para contestar este tipo de preguntas en un tomo que tiene el título de TE DEUM: La iglesia y la música, por Paul Westermeyer, profesor de Música cristiana del Luther Serminary, en Saint Paul, Minnesota, quien es considerado autoridad en todo lo relacionado a la historia de la música de la iglesia. En su libro (que yo sepa, no se ha traducido al español), cuenta la historia de la música sagrada en el Antiguo Testamento y sigue contando toda la historia hasta llegar a la música de nuestros días. Dedica 24 páginas a la música de los hermanos Wesley, de cuyas páginas podemos contestar la pregunta que se nos hace.

Es cierto que Carlos Wesley, el gran poeta de los grandiosos himnos del siglo 18, no le puso su propia música a los himnos que escribió. La mayoría fue música escrita por amigos creyentes que eran músicos, y, en unos cuantos casos,  arreglos que se hicieron de música clásica adaptada para estas poesías. Nos dice Paul Westermeyer, que la música fue escogida de una variedad de fuentes: “música que existía para cantar algunos de los salmos, música de los corales germánicos, música de himnos cantados por previas generaciones, y música compuesta por amigos de los Wesley”. En las 24 páginas no hay nada que indique que la música que acompaña los himnos de Wesley fue sacada “de marchas para la guerra”, como está sugerido en la pregunta.

Explicando los criterios usados para esta himnología que llegaría a ser la usada en las iglesias metodistas por todo el mundo, se nos dice (en esas 24 páginas dedicadas a los Wesley): “Wesley buscaba la unidad de lo emocional con lo cognoscitivo, el corazón y la cabeza”. “El himno no debe poseer música con ritmos sueltos ni burlescos, no debe ser mal compuesta, ni con ritmos sin sentido; no debe tener un exceso de adornos, y no ha de ser tocada ni con rimbombancia ni en estilo lento y deprimente. La letra debe ser clara y significativa, llena de sentido, de pureza, poder, y haciendo lucir la elegancia de nuestro idioma”.  “Wesley sabía, igual que Lutero, que la calidad tanto de los textos como de la música tenía que ser buena, o el himno desaparecería rápidamente. Una frase común era, “Danos la mejor música posible, pero que Ésta sea fácil de cantar por la gente”. Wesley se preocupaba por la tendencia a las “vanas repeticiones” y no le gustaba que se hiciera repetición tras repetición de los coros. Tampoco quería el uso de polifonía [la combinación de más de una melodía que se canta simultáneamente] como en una fuga. Pensaba que las armonías modernas y el contrapunto robaban a la música su poder monofónico, a la vez que le gustaba la música de Handel, particularmente el Mesías [que contiene el conocido ¡Aleluya!].

Con estos criterios y comentarios podemos entender mejor la gran música que nos fue dada como iglesia en aquellos días del gran avivamiento del siglo 18, dirigido por los hermanos Wesley, Carlos (el himnólogo, 1707 – 1788) y Juan (el gran predicador y evangelista, 1703-1791). A su vez, creo, nos da muy buenos criterios con que juzgar nuestra música hoy, y pautas a seguir en la manera de escribir y escoger nuestra música sagrada.

Les Thompson