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El paralítico de Betesda

 por Rogelio Aracena

Muchas veces hemos oído mensajes o estudios bíblicos donde se menciona este personaje y se le asigna la calidad de paralítico. Recuerdo una antigua alabanza cristiana que decía: “En Betesda largo tiempo pasó. Su lecho sin embargo cargó. Cuando Cristo al paralítico sanó”.

Un lugar para visitar
El apóstol Juan en su evangelio en el capítulo 5 nos relata esta historia, y la ubica en el estanque de Betesda, lugar ubicado cerca de la Puerta de las Ovejas y que tenía cinco pórticos. Estos eran lugares para guarecerse de la lluvia o del sol. Nos dice el versículo 3, que allí yacía multitud de enfermos de toda clase, incluyendo paralíticos. Nos podemos imaginar el lugar saturado de gente, los pórticos llenos, y seguramente muchos de los allí establecidos estaban a la intemperie.

Yacían allí por meses y meses esperando una oportunidad para ser sanados. Nos cuenta el versículo 4 que una vez al año, un ángel movía las aguas y el primero que descendía al estanque quedaba sano de cualquier enfermedad. El lugar llamado Betesda, en el idioma original significa “Casa de Misericordia” y hoy, con bastante certeza, se le relaciona con el estanque doble que está ubicado en la Iglesia de Santa Ana en el actual Jerusalén.

Seguramente a ese lugar concurrían muchos judíos para llevar alimentos y limosnas a los enfermos. Además que las leyes de relaciones sociales en Levítico establecían una preocupación por los pobres. El editor de la Biblia Plenitud, en la parte tocante al Nuevo Testamento en la página 1349, en su nota al pie de página nos dice que “la última frase del verso 3 y todo el verso 4, se omiten en algunos manuscritos griegos antiguos de Juan. Algunos especialistas creen que el mover de las aguas se debía a un manantial intermitente. Independientemente del origen del fenómeno, el testimonio de la gracia sanadora de Cristo estaba presente”.

Un paciente diferente
5Y había allí un hombre que hacía 38 años que estaba enfermo.

Estamos hablando  prácticamente de la mitad de una vida. Enfermo, no paralítico, simplemente enfermo. No se nos dice la naturaleza de su enfermedad pero si podemos hacer un análisis a través de ciertos eventos que acontecen.

6Cuando Jesús lo vio acostado y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le preguntó si quería ser sano.

A) Es posible que el propio hombre haya informado a Jesús de su situación o que alguien le hubiera contado, mientras el Maestro se paseaba por el lugar.

B) Llama la atención que el interés de Jesús por este caso, le hiciese ignorar los ciegos y paralíticos que allí habían. Es posible que este hombre voluntariamente hubiera escogido este ESTILO Y LUGAR DE VIDA, llegó con capacidad de movilidad pero aparentemente la fue perdiendo con el paso del tiempo. Está solo por 38 años dependiendo de la caridad pública. El menciona en el verso 7 su profunda soledad: Señor, respondió el enfermo, NO TENGO QUIEN ME META EN EL ESTANQUE cuando se agita el agua. Entretanto que YO VOY, otro desciende al agua antes que yo.

¿Qué ha pasado con su familia en estos 38 años? No tiene amigos, ni hijos ni sobrinos. Está completamente solo. ¿Qué hizo para que su familia y amigos lo abandonaran? ¿Hubo alguna tragedia familiar que lo dejó completamente solo? ¿Era Betesda el único lugar donde podía tener un hogar?

Nos puede pasar a nosotros
La soledad puede llevarnos a una profunda depresión, que al acentuarse hace que perdamos nuestra autoestima y el interés por la vida. Dejamos de arreglarnos e incluso puede presentarse inapetencia y un fuerte deseo de dormir y no despertar más. La ausencia de actividad física es un síntoma también presente. Las consecuencias sicosomáticas luego de 38 años de reclusión física pasiva, llevan a una falta de capacidad de movilización que puede ser parcial o completa.

En el caso de este hombre es interesante notar que el dice “entretanto que yo voy”. Se mueve lentamente o penosamente. Qué común es el preparar niños para la limosna atándoles sus pies y doblando sus rodillas, para luego de crecer estar inmovilizados y no poder caminar.

Una pregunta definitiva
Por eso Jesús pregunta algo que parece fuera de lugar ante las circunstancias que ve: “¿Quieres o no quieres ser sano?”. En los hospitales,  es común oir a un paciente pedir que por favor no sea dado de alta. No tiene dónde ir, nadie se preocupara de él, por lo menos en el hospital tiene atención que es una forma limitada de cariño.

Este hombre en 38 años no ha logrado la atención de nadie, excepto de Jesús, quien está conversando con él. Betesda es el único lugar donde se siente un poco ser humano. Es posible que el Señor nos este señalando que es más grave la enfermedad del alma, en términos sicológicos la mente, las emociones, la voluntad, que la del cuerpo. Desde el punto de vista de El, ese paciente era el que necesitaba la mayor atención. A veces en nuestras iglesias los pacientes no son por males físicos sino sicoemocionales. Muchas veces las sanidades emocionales no son las más espectaculares o no se detectan a menos que demostremos un interés especial como lo hizo Jesús. En nuestras propias Iglesias a veces tenemos una Betesda. Personas que están en la Iglesia y asisten a todo pues encuentran un lugar de mínima aceptación y cariño. Pero necesitan más atención personalizada.

Se inicia el proceso
8Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho y anda. Esta misma frase Jesús usó en casos similares en Mateo 9:6, Marcos 2:11, y Lucas 5:24, pero en las tres agregó: “Y VETE A TU CASA”. No lo hizo así con este hombre, lo cual nos permite pensar que algo tenía que hacer antes de volver a casa con su familia. En términos hebreos la palabra casa se usa también para referirse a familia.
9Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho y anduvo.

Una aclaración importante: La palabra sano, sanidad, se traduce también como “ser hecho completo”. Desde el punto de vista de la Organización Mundial de la Salud, la salud es una perfecta armonía sicoemocional y física. Algunos especialistas en salud, agregan el elemento espiritual como necesario en esta armonía. La salud se define como un bienestar integral, y si definimos la palabra “bienestar” no es otra cosa que “estar bien con” (CONSIGO MISMO, CON LA COMUNIDAD O MI ENTORNO SOCIAL, Y CON LA NATURALEZA). Notemos que cuando nos dan un certificado de buena salud, no solamente especifican que no tenemos enfermedad, sino también que estamos aptos para vivir en comunidad. Esto es lo que esta sucediendo en la vida de este hombre. Un proceso total de restauración personal y social. Tendrá que volver a su vida en comunidad, a la que realmente pertenece, esta es también la labor de la Iglesia al llevar al ser humano a una relación total con Dios.

Al poco rato, Jesús lo encuentra en el templo. Seguramente había ido a dar gracias a Dios. El Señor ahora le dice: “Mira, has sido sanado, no peques más, para que no te venga alguna cosa peor”. No sabemos cuál haya sido el pecado de este hombre, pero podemos pensar lo que dice Hebreos 12:15: Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios, que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados.

La raíz de amargura alude a un abandono deliberado de Dios con sus necesarias consecuencias, entre ellas la contaminación y subsecuente pérdida de relaciones con la comunidad más inmediata nuestra. Es posible que luego del templo y la advertencia de Jesús, se haya abierto el espacio para la reconciliación familiar.

¡Cuan necesaria es una pastoral integral, interesada en el hombre total! Que no sea sólo de púlpito, sino también de encuentro personal. Esto requiere tiempo de conocer y observar las personas que Dios ha puesto a nuestro cargo. A veces no será una sanidad espectacular sino más bien anónima, pero a los ojos del Señor será extraordinaria.

Pienso hoy en día en aquellas mega iglesias, donde se reúnen miles de personas anónimas que muchas veces no se conocen entre si, y jamás alcanzan una cita con el Pastor principal o sus ayudantes. ¿Cuántas personas no han llegado a mi oficina con algún problema, reconociendo que asisten a una Iglesia, pero no hay tiempo para escucharles? Nuestra Iglesia no sólo tiene que ser sana, sino también sanadora.