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El divorcio y la Biblia

por Rogelio Aracena

El mes pasado comenzamos a tratar el problema del divorcio a la luz de la Biblia, y veíamos que la causal válida general es el adulterio, tanto en el  Antiguo Testamento como en las aseveraciones de Jesús en los evangelios. La Iglesia gentil comienza a presentar situaciones nuevas que son atendidas por el apóstol Pablo, quien sigue los lineamientos anteriores e incluye un concepto que abre un espacio más amplio: El concepto del consentimiento y el no consentimiento (1 Co 7:13).

Suneidokei, palabra griega que quiere decir: estar de  acuerdo, sentirse grato, asentir, actuar en bien de, del consentimiento.

Tenemos que reconocer que el concepto esta en el contexto del matrimonio mixto —un creyente con un no creyente. Pareciera ser una situación diferente al caso del matrimonio de creyentes, donde se asume el CONSENTIMIENTO desde un principio por tener previamente la misma fe y convicción. Esto implicaría también, asumir una madurez espiritual en la pareja cristiana antes de casarse, lo cual en la práctica no necesariamente parece ser una realidad.

Los mismos traumas en la pareja no creyente se están dando entre los creyentes. Violencia intrafamiliar, donde el esposo o la esposa abusa de su cónyuge, quien confía en que la oración y el consejo cambiara al cónyuge golpeador. El pastor no se atreve, en la mayoría de los casos, a dar un consejo que verdaderamente proteja la integridad de la mujer. En otros casos se asume que “es un espíritu demoníaco que mueve a ese golpeador”, y se promueve una liberación espiritual, aún cuando estemos de acuerdo con lo anterior. ¿Que hacer si la situación continúa? es el dilema.

Lo mismo sucede con el cónyuge alcohólico, el adicto a las drogas, el cual no acepta su problema patológico e insiste que el puede cambiar y no cambia. Coloca a su familia en un serio problema por su irresponsabilidad, llegando muchas veces a robar a su propia familia para pagar su vicio. Se da también la situación de abuso sexual de los hijos, incluso algunas veces abusando de sus hijos varones. Se dan todas las opciones para que haya un cambio y este no llega.

La causal del divorcio por adulterio esta muy clara en la Biblia, pero estas otras situaciones colocan al cónyuge creyente en una situación muy difícil, puesto que tomar una decisión radical pareciera irresponsable por:

  1. Una aparente falta de fe y confianza para esperar en Dios
  2. Un mal testimonio de Cristo ante la comunidad.

Es muy fácil aconsejar cuando uno no esta en los zapatos del que sufre el problema. Los índices de violencia intrafamiliar, drogadicción y alcoholismo, abuso de hijos e hijastros aumentan dramáticamente, incluyendo entre parejas de creyentes. Por otra parte son pocas las iglesias que tienen un programa de consejería sicológica cristiana para atender estas situaciones, con una clara filosofía de trabajo. Muchas veces el consejo depende del punto de vista del consejero.

La palabra RECONCILIACIÓN implica disposición a reconocer el problema, aceptar la ayuda eficiente y enderezar las cosas. Este es el significado etimológico de la palabra katallaso.  El no reconocer el problema, aceptar la ayuda eficiente, y consecuencialmente enderezar las cosas, implica una negativa a la RECONCILIACIÓN.

El hombre que reprendido endurece la cerviz, de repente será quebrantado y no habrá para el medicina  (Proverbios 29.1).

Reprender es amonestar, recordar una serie de principios establecidos que se han dejado de cumplir. En el caso del no creyente no podríamos usar una amonestación bíblica, debiendo recurrir primero a  hablarle de Cristo y, sobre esa base, desarrollar una sana consejería.

El problema es si RECHAZA EL EVANGELIO y continúa en su conducta negativa, solo podríamos usar principios fundamentales de sana convivencia para obtener cambios en su conducta. Si la negativa continúa, hay el “endurecimiento”. La palabra que usa el NT para esto es porosis: un callo que va formando una dureza y que no admite cambio. En ese caso, la medicina no sirve aún cuando se administre. ¿Debe continuar el cónyuge creyente esperando y sufriendo más?  ¿Cuánto tiempo debe esperar? Qué miembro del consejo debe asumir la responsabilidad ante Dios de las consecuencias que vengan.

En el caso de un cónyuge creyente en la misma situación negativa, ¿no es más responsable que el otro al hacer semejante cosa? Está burlándose de Dios y de los votos matrimoniales que hizo con su cónyuge.

El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia  (Proverbios 28.13).

Esta es la situación que debe darse en el proceso de reconciliación. El cónyuge ofensor debe aceptar que hay un problema, reconocerlo ante Dios y su cónyuge a través de un proceso de consejería y restauración. Además, probar EN EL TIEMPO, QUE VERDADERAMENTE HA CAMBIADO DE CONDUCTA. Es un grave error confundir el perdón y el volver a vivir como si nada hubiera pasado inmediatamente. Perdonar es bueno, pero el ofensor debe probar su cambio al cónyuge herido. No es venganza; es prudencia y sabiduría. El ofensor debe entender que la misericordia significa un perdón inmerecido que recibe, y es la gracia de Dios, a través del amor y fidelidad a los votos de un cónyuge dispuesto a perdonar.

El problema es si el cónyuge ofensor, creyente, asume la posición de Proverbios 29.1 ¿cuánto tiempo debe esperar en oración que su cónyuge desee cambiar? Una falta de cambio es señal inequívoca de no CONSENTIMIENTO. En mi opinión personal diría que máximo un año. Como esa higuera de la parábola contada por Jesús, y que no daba fruto. El viñador dijo que esperaran un año para ver frutos, si no, que fuera cortada, sacada de su lugar (Lc 13:6-9).

Reiteramos que el concepto del NO consentimiento es romper votos matrimoniales que no necesariamente tienen que ver únicamente con la fidelidad sexual.

El matrimonio es bíblicamente un pacto de compañerismo, que implica mutua devoción, cuidado, consideración, respeto, fidelidad, ropa, comida y amor. El valor intrínsico del ser humano, como creación de Dios, nos obliga a ser responsables ante Dios y rendir cuentas de nuestras relaciones personales. Cuanto más en el matrimonio, habiendo tomado un COMPROMISO SOLEMNE con una persona en especial.

Mayor discusión existe en el caso de este tipo de problemas entre los pastores. En una organización eclesiástica se hizo una encuesta anónima sobre desempeño y vida pastoral, se incluyó la pregunta: Si el pastor, al tener problemas conyugales, ¿se divorciaría si tuviera la seguridad de no perder sus credenciales de pastor? Un alto porcentaje contesto que sí.

El Dr. Les Carter en su libro “El cónyuge pródigo”, nos dice que por lo menos un 20 a 25% de los pastores en ejercicio han cometido adulterio por lo menos una vez en su vida pastoral. De la misma manera, un 15% de las esposas de pastores han incurrido en la misma conducta. Son encuestas hechas en los EEUU que no creo difieran de las de América Latina.

Si a esto agregamos el alto descontento de esposas de pastores que no están de acuerdo con el ministerio de su esposo; y estos, a su vez, descontentos por que la esposa no siente el mismo interés por el ministerio. Si se da adulterio, o no consentimiento, y él o ella rompen el matrimonio, ¿puede ese pastor continuar en el ministerio? Indudablemente que la Biblia favorece al cónyuge inocente y no al ofensor, pero aún no siendo el causante, ¿puede seguir en el ministerio y tener un segundo matrimonio?

Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer (1 Ti 3:2).

Algunos opinan que esto se refiere a que el pastor debe haberse casado una sola vez. Obviamente esta interpretación condenaría a un pastor que ha enviudado a quedarse solo, si va a seguir siendo pastor. El sentido es más bien de fidelidad, de ser un esposo ejemplar, excluyendo la poligamia. No es la prohibición después de un divorcio. La preocupación de Pablo es la conducta de ese obispo. Los matrimonios pastorales no tienen votos diferentes a los laicos, aunque moralmente implican mayor responsabilidad.

¿Qué podría impedir a un pastor que no ha sido culpable del rompimiento del Pacto Matrimonial, tener un segundo matrimonio luego de un divorcio por justa causa? ¿No es mayor pecado el traslado de un matrimonio pastoral arruinado en su vida de pareja de ciudad en ciudad, y de Iglesia en Iglesia, dejando una estela de mal testimonio? Existen casos de pastores casados por segunda vez con un ministerio bendecido por el Señor, cuando ellos han sido la parte herida o inocente en el conflicto.

Sin duda alguna, es necesario romper una serie de paradigmas que tenemos al respecto y establecer programas de seguimiento y consejería a estos problemas pastorales, y luego de cuidadoso análisis, recomendar una decisión. La vida y llamado de un siervo o sierva de Dios está en juego, y junto con ello el testimonio ante una congregación que observa y es testigo de todo.

Con este artículo respondemos a algunas de las preguntas que se nos han hecho hasta el momento. Me imagino que otras se habrán levantado. Por favor, queremos que todo este bien aclarado. Envíenos sus inquietudes. Este tema es muy importante para la estabilidad de la iglesia. Sigamos buscando las respuestas que El tiene para su iglesia en su preciosa Palabra. Dios le bendiga.