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¿Debe renunciar al pastorado un hombre cuyos hijos no son cristianos?

PREGUNTA:

¿Debe renunciar al pastorado un hombre que está en comunión con Dios pero que tiene miembros de su familia (hijos) que se niegan a ser cristianos?

RESPUESTA:

Como pastor puedo decirle que mis hijos siempre fueron el foco de atención de la gente de la iglesia. Muchas veces sintieron la presión de tener que conducirse igual que su padre. Tiempo completo en la iglesia, líderes de niños o juveniles, etc. En ocasiones me dijeron: “Papá, ¿por qué no te dedicaste a tu profesión mejor y no a pastor?… ¿No te das cuenta que todos nos ven como futuros pastores y no podemos ser nosotros mismos? En su adolescencia vivieron como cualquiera de su edad, pero muchas veces no LLENABAN LAS EXPECTATIVAS DE LA GENTE,  aunque sí eran cristianos.

El Dr. Billy Graham cuenta la historia de su propio hijo Franklin, quien hasta los 20 años fue drogadicto y rebelde. El reconoce que siempre oró por su hijo y esperó en el Señor. Muchos quizás lo llamaron perdido, drogadicto, rebelde, y seguramente criticaron a Billy Graham como padre. Hoy su hijo Franklin está al frente de la organización y desarrolla un ministerio fructífero. No es un gran evangelista como su padre, pero es un creyente muy fiel y consagrado que sirve a Dios con todo su corazón.

Mis hijos están en la vida cristiana, y tienen valores cristianos. No son pastores, pero creen y sirven a Dios de acuerdo a sus habilidades. Creo que lo mejor que podemos hacer por los hijos de las familias pastorales es orar por ellos y rodearlos de afecto. Casi el 70 por ciento de los hijos de pastores, cuando crecen no quieren saber nada con la Iglesia, pues muchas veces sienten que ella les quitó a sus padres cuando los necesitaban.

Pensemos en el gran hombre de Dios, Moisés. Tuvo un hijo varón y nada supimos de él. No siguió los pasos de su padre. Aún los hijos de los pastores tienen la libertad de no seguir los pasos de su padre. La vida cristiana y el servicio a Dios es una decisión personal. Nuestra preocupación debe ser formar y enseñarlos, y orar y confiar en Dios para que la semilla plantada fructifique.

Cordialmente,
Rogelio Aracena