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¿Cómo respondo al incesto en mi iglesia?

PREGUNTA:
¿Cómo respondo al incesto en mi iglesia?

RESPUESTA:
El incesto — las relaciones sexuales entre miembros familiares —presenta un problema serio y complicado tanto en la iglesia como en el hogar. Gracias a Dios, Su perdón, poder, y sabiduría están disponibles para enfrentar los retos que presentan este pecado tan serio.

El pastor o consejero necesitará sabiduría del Señor para saber cómo enfrentar estos casos. El pecador necesita el perdón de Dios, aunque hay casos (tal vez la mayoría) en los cuales el agresor del incesto no piensa que está haciendo algo indebido. Además, los casos de incesto representan un problema de familia que pueden involucrar a otros además del agresor directo y su víctima. Muchas veces otras personas en la familia saben que hay un problema serio y o lo facilitan de alguna manera o callan y permiten que el abuso y el pecado sigan sin freno. De manera que todos en estos casos necesitan la ayuda del Señor de una manera u otra —en especial las víctimas.

Existen tres áreas que considerar. En primer lugar hay que proteger a las víctimas del ofensor y hacer que la actividad dañina cese lo más antes posible. Hay varias formas para lograr esto. Son necesarios el consejo sabio, la oración, y la recopilación de toda la información necesaria a fin de realizar el mejor plan posible.

En segundo lugar —aunque tal vez la primera consideración práctica— el pastor o consejero debe percatarse de las leyes civiles que afectan dichos casos. En los EE.UU, por ejemplo, hay leyes que requieren que los casos de abuso sexual sean reportados a las autoridades civiles. Estas intervenciones por las autoridades señalan al agresor y hacen que el abuso cese de inmediato. También logran que la víctima sea colocada en un ambiente protegido donde no será abusado. Asimismo, el pastor o consejero debe percatarse de todos los asuntos legales y proceder sabiamente conforme a las leyes locales (siempre con la ayuda de Dios y el consejo de personas sabias y experimentadas en estos asuntos).

En tercer lugar —y por cierto de suma importancia— debemos comenzar el proceso de la sanidad espiritual y psicológica. Esto probablemente requiera la ayuda de consejeros profesionales con experiencia en tratar dichos casos. Deben ser consejeros cuyos consejos y perspectivas no contradigan ni choquen con las enseñanzas y la perspectiva de las Escrituras. A veces tomará tiempo para que el agresor reconozca que tiene un problema. Y la víctima tendrá que pasar por un proceso de recuperación y restauración a fin de que no llegue a ser víctima de nuevo en el futuro (o tal vez que él o ella misma se convierta en ofensor en un futuro). El pastor, por lo tanto, debe investigar qué recursos y profesionales hay disponibles ya sea en su comunidad o en sitios cercanos.

Los casos de incesto son muy delicados y requieren conocimientos expertos y recursos de tiempo que el pastor promedio no tiene. No obstante, la iglesia puede trabajar junto con los consejeros profesionales demostrando amor, respaldo, y aceptación a los afectados. La parte más difícil será el trato que la iglesia hacia el agresor ya que, por ejemplo, los padres en la congregación no querrán que sus hijos o hijas estén cerca de personas culpables de abusos sexuales. Sin dudas, se dificulta perdonar o confiar en alguien que se haya aprovechado sexualmente de algún inocente. Esto representa una de las muchas dificultades en casos como estos ya que aun personas que han pasado por un proceso de consejería profesional pueden recaer.

Se debe demostrar mucha paciencia ya que la solución y la recuperación será un proceso de aceptación de la realidad, de restauración a una vida normal, y de perdón hacia el ofensor (a su debido tiempo y con la ayuda del Señor). Se debe enfatizar que perdonar al agresor no significa exponerse de nuevo al peligro o la posibilidad de ser abusado de nuevo. Más bien abarca dejar ir de cualquier sentimiento (o intención) de venganza y descansar en el hecho de que Dios sabrá qué hacer con el pecador.

Ahora, para tratar con el caso específico en su iglesia se necesita más información. Por ejemplo, ¿quiénes están involucrados? ¿Son todos adultos? ¿Trata de niños, adolescentes, o jóvenes adultos? ¿La iglesia conoce el caso? Sin dudas, hay que enfrentar el problema de una forma u otra. La iglesia primitiva también tuvo que lidiar con problemas de naturaleza sexual. Como los siguientes pasajes demuestran, Dios puede salvar a personas involucradas en pecados serios, y la iglesia tiene que lidiar con creyentes no arrepentidos y atrapados en transgresiones de naturaleza sexual (y de otros tipos):
“¿O no sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los difamadores, ni los estafadores heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos de vosotros; pero fuisteis lavados, pero fuisteis santificados, pero fuisteis justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:9-11).

También:

“En efecto, se oye que entre vosotros hay inmoralidad, y una inmoralidad tal como no existe ni siquiera entre los gentiles, al extremo de que alguno tiene la mujer de su padre. Y os habéis vuelto arrogantes en lugar de haberos entristecido, para que el que de entre vosotros ha cometido esta acción fuera expulsado de en medio de vosotros. Pues yo, por mi parte, aunque ausente en cuerpo pero presente en espíritu, como si estuviera presente, ya he juzgado al que cometió tal acción. En el nombre de nuestro Señor Jesús, cuando vosotros estéis reunidos, y yo con vosotros en espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesús, entregad a ese tal a Satanás para la destrucción de su carne, a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. Vuestra jactancia no es buena. ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? Limpiad la levadura vieja para que seáis masa nueva, así como lo sois, sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado. Por tanto, celebremos la fiesta no con la levadura vieja, ni con la levadura de malicia y maldad, sino con panes sin levadura de sinceridad y de verdad. En mi carta os escribí que no anduvierais en compañía de personas inmorales; no me refería a la gente inmoral de este mundo, o a los avaros y estafadores, o a los idólatras, porque entonces tendríais que salir del mundo. Sino que en efecto os escribí que no anduvierais en compañía de ninguno que, llamándose hermano, es una persona inmoral, o avaro, o idólatra, o difamador, o borracho, o estafador; con ése, ni siquiera comáis. Pues ¿por qué he de juzgar yo a los de afuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro de la iglesia? Pero Dios juzga a los que están fuera. EXPULSAD DE ENTRE VOSOTROS AL MALVADO” (1 Corintios 5:1-11).

Hay esperanza, y debemos enfrentar el pecado en el cuerpo de Cristo. Pero hay que hacerlo de manera sabia para que la iglesia salga de esta prueba fortalecida, sana, y más madura que antes.
Al Valdés
Ministerios LOGOI