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Cómo resolver problemas familiares y personales

por Dr. Rogelio Aracena L.

La vida cristiana no nos asegura un lecho de rosas, sino más bien las herramientas para sortear las espinas y disfrutar de las rosas. El entorno familiar y personal implica una serie de relaciones bastante complejas. Varios especialistas definen la familia como un conjunto de personas unidas en lazos sanguíneos, que forman un hogar y se determinan por el tipo de relaciones que establecen entre ellos. En otras palabras, lo importante en la familia es cómo se establecen las relaciones.

A la luz de lo anterior la familia moderna está en profunda crisis, porque los esquemas tradicionales de la organización familiar y las subsecuentes relaciones han cambiado totalmente. El hogar es casi un lugar para alimentarse, obtener ropa limpia, y dormir. Las relaciones están condicionadas por el tiempo disponible, el tipo de trabajo y la excesiva necesidad de vida social externa al hogar. La autoridad del padre y la dependencia de la madre, es ahora una sociedad donde ambos aportan y por lo tanto se tiende a decisiones consensuadas, a veces alteradas por la posición dominante de quien aporta más.

Desde el punto de vista de vida espiritual familiar, el número de familias promedio que asisten a la Iglesia no es muy alto. Predomina la vida individual. En este aspecto el reconocer que tenemos un problema familiar o personal es el punto más difícil. Debemos reconocer que la mujer es la que más dispuesta está a la búsqueda de soluciones, pues para la mayoría de las mujeres la familia es algo demasiado importante.

Por otra parte, predomina el enfoque sistémico al observar los problemas familiares; en otras palabras, el problema de un miembro de la familia es síntoma de una familia disfuncional, a la cual hay que tratarla como un todo. Gran parte de esto es cierto, el asunto es ¿por dónde y cómo comenzar?

1. La necesidad de un marco referencial

Ya sea que miremos los problemas personales o familiares desde cualquier perspectiva, necesitamos tener un patrón de normalidad el cual sirva como referencia de conductas anormales o no deseables. El aceptar esta posición implica reconocer que hay valores absolutos a los cuales debemos ceñirnos, lo cual difiere del concepto general de normalidad. Esta es vista desde un punto de vista estadístico. Lo normal es lo que la mayoría hace y acepta, lo anormal es en cierto sentido estar en la minoría.

2. La percepción secular y la cristiana

El punto de vista secular, se basa en una filosofía humanista, considerando desde este punto de vista el bienestar individual como lo más importante. Sin un marco referencial de lo que es el bienestar individual, el terapeuta permite que el aconsejado defina por si mismo lo que lo hará feliz. Obviamente se busca que la persona “se sienta bien”. El único freno que tendría  la conducta asumida, es que interfiera con el bienestar de otra persona.

“Hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muertes” (Pr 14:12).

No hay duda que los consejeros cristianos buscamos lo mismo, que las personas sean felices. En la percepción cristiana, el bienestar de una persona depende de tener como referencia para vivir valores absolutos. Dios, su Palabra que es la Biblia, y una relación dinámica con Cristo. El verdadero bienestar personal no se consigue sacrificando valores absolutos en aras de un sentirse bien viviendo de forma relativa e individualista. Miremos el ejemplo del Rey David en la historia del Antiguo Testamento: él se dijo a si mismo, acomodado en el balcón de su palacio mirando a Betsabé bañándose, lo bien que se iba a sentir al hacer suya esa mujer. Era casada, pero no había problema. El era el rey. Ordena la muerte en combate del marido, su general y hombre leal a la corona y hace suya a la viuda ¿Qué tan feliz fue David después de esa decisión? La vida de David perdió significado, su gran ideal de construir el templo se frustró. La espada no se apartó de su familia. Hubo perdón de Dios para él, pero la infelicidad como consecuencia tuvo que vivirla.

3. Una opinión religiosa y una secular que están de acuerdo

Pues nos hiciste para ti Oh Dios, y nuestra alma no hallará descanso hasta que no lo encuentre en ti” (San Agustín).

Existe en el corazón del hombre un vacío que tiene forma de Dios, y que no puede ser llenado con otra cosa que no sea Dios mismo en Jesucristo” (Carl Jung).

El ser humano al sacar a Dios como marco de referencia para su vida, asumió la responsabilidad de ser él la medida de todas las cosas y autoreferenciarse. La consecuencia ha sido esta sociedad posmoderna en la cual la vida tiene el sentido y dirección que el mismo quiera darle. El resultado ha sido en palabras de Francis Schaeffer, “el suicidio del ser humano”.

4. Hacia la solución

La pregunta que debemos hacernos es ¿Existe un marco de referencia seguro para conocer las bases para establecer una vida personal y familia satisfactoria? Si descendemos del mono, cada mono tendrá que descubrir su propia manera de subir y bajar del árbol y cómo convivir con los otros monos. Sin embargo esta afirmación es falsa, puesto que en la sociedad de los primates existe un marco de vida y conducta referencial a los cuales la comunidad se sujeta… ¿No debe en la comunidad humana ser igual? La diferencia está en que la comunidad de primates está sujeta por el instinto a obedecer el patrón que les permite sobrevivir y desarrollarse. En cambio, el hombre, siendo un ser superior, disfruta del privilegio de la libertad de escoger su modo de vida.

En este sentido, el hombre escoge vivir bajo los patrones de un Dios creador o sus propios patrones. Dios se ha revelado al hombre a través de su Palabra y finalmente en la persona de Cristo. Le han sido dados los marcos de referencia para vivir plena y satisfactoriamente. La vida personal y familiar está asentada en valores absolutos en la Palabra de Dios. Esto implica una renovación de la mente, que es donde empieza el cambio positivo. Desarrollar una manera de pensar diferente, aceptando que el punto de vista de Dios acerca del hombre es más confiable y seguro.

El Dr. Larry Crabb Jr. nos invita al siguiente planteamiento: “los sentimientos desagradables o de infelicidad, son la consecuencia de conductas erróneas, y estas son el resultado de una equivocada manera de pensar, en otras palabras, el hombre es lo que piensa, de acuerdo como piensa actúa, y de acuerdo como actúa así se siente”.

Porque cual es su pensamiento en su corazón [mente] tal es el [hombre]” (Pr 23:7).

El tratar con los sentimientos, es simplemente tratar con los síntomas y no con la causa que es la errónea manera de pensar, fruto de la suma de experiencias y conocimientos adquiridos enmarcados en valores personales. Se hace necesario renovar la mente y establecer pensamientos correctos acerca de mi mismo, el prójimo, y la sociedad. Esto implica reconocer que hay una respuesta o pauta diferente a mi propio criterio. Descubrir el propósito para el cual he sido creado, y el rol que debo cumplir como hijo, hermano, esposo y padre. Estos roles y su desempeño se mueven en un marco de valores absolutos establecidos en la Biblia.

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia; a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Ti 3:16-7).

Verdad número 1

Mi seguridad y significado como persona depende únicamente del amor de Dios manifestado en Cristo hacia mí.  Solo El puede llenar mis necesidades. No puedo hacer responsables de mi felicidad a otras personas.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros” (Ro 5:8).

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mi y yo en él, este lleva mucho fruto (significado, propósito, sentido en la vida); porque separados de mi nada podéis hacer” (Jn 15: 5).

Verdad número 2

Cualquier cambio debe empezar primero en mí. La otra persona cambiará por reacción.

De modo que si alguno está en Cristo, es una nueva persona, las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

“Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, humildad y dominio propio” (Gálatas 5:22-3).

Verdad número 3

La felicidad es consecuencia de centrar mis intereses en las otras personas y no en mi mismo.

Más bienaventurada cosa es dar que recibir, pues es dando que recibimos” (Hch 20:35).

Verdad número 4

La felicidad se alcanza a través de la paciencia y la perseverancia.

No nos cansemos pues de hacer Bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gá 6:9).

Verdad número 5

Es posible que fallemos en nuestros intentos, sin embargo hay perdón de parte de Dios y restauración.
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn 1:9).

Al establecer una manera de pensar correcta, de acuerdo a los principios establecidos en la Biblia, nuestra conducta no será errónea, y por ende los sentimientos que se alcanzarán serán satisfactorios.
La Iglesia local debe asumir la responsabilidad ejercer el ministerio de consejería y restauración a las personas que sufren por falta de adecuación en sus vidas. Muchas de ellas llegan a la vida cristiana y luchan con sus antiguas y erróneas maneras de pensar y entenderse a si mismas. Son cristianos que viven frustrados y culpables, incluso dudando del amor de Dios.

En esta hora de tanta crisis personal y familiar, recordemos las palabras del salmista: “Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino” (Salmo 119:105).