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¿Cómo puedo controlar la búsqueda de placer a través de la pornografía?

PREGUNTA:

¿Cómo puedo controlar la búsqueda de placer a través de la pornografía, masturbación y frecuentar prostitutas? He confesado este pecado a Dios pero es un impulso fuertísimo?

RESPUESTA:

Con agonía de corazón he leído su correo al comprender la angustia tanto espiritual como mental que usted sufre. Permítame unas observaciones, y luego unas indicaciones para ayudarle en su lucha.

Debe saber que una persona que no es salvada no experimentaría la agonía de consciencia que usted sufre. Es porque es un hijo de Dios que está sufriendo, y esta es la obra del Espíritu Santo en usted para llevarle al arrepentimiento y limpieza. Una persona sin Cristo peca a gusto y no le afecta su consciencia al grado que usted describe. Ahora, al establecer que usted pertenece a Cristo, esto no quiere decir que puede seguir pecando a gusto y seguir haciendo aquello que Dios prohíbe a sus hijos. Los versículos 20 y 21 de Romanos 5 se aplican a su caso. Es decir, la Ley de Dios que condena el pecado le ha mostrado su gran pecaminosidad, al grado que ahora usted cuestiona si es un hijo de Dios. Ahí en Romanos el apóstol declara que “cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia”, es decir, que usted a pesar de todo su pecado sigue siendo un hijo de Dios sencillamente a consecuencia de la grandiosa gracia que Dios ha derramado sobre su vida por la obra de Cristo en la cruz. Como dice en el versículo 21, con el fin de que “la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo nuestro Señor” (quiere decir que la gracia —ese favor inmerecido de Dios— se extienda sobre su vida pecaminosa para demostrarle la maravillosa efectividad de la muerte de Cristo en la cruz para cubrir y perdonar todos sus pecados).

Ahora bien, por la manera que su consciencia le acusa y la gran incomodidad que experimenta, establecemos que usted es un creyente, y que Cristo no le ha abandonado. Pero, ahora tenemos que tratar con ese pecado que le tiene esclavizado. El capítulo 6 de Romanos declara: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en Él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. El texto nos enseña:

  1. Que no debemos abusar de la gracia de Dios.
  2. Que al llegar a ser hijos de Dios, en Cristo nuestro sustituto, nosotros morimos al pecado y su poder en nuestras vidas.
  3. Que cuando fuimos bautizados, en ese momento dimos testimonio ante el mundo que nos hemos unido a Cristo y a todo lo que Él hizo a nuestro favor, al tomar el castigo por nuestro pecado en la cruz.
  4. Que, ya que Él murió y fue castigado en la cruz en nuestro lugar a cuenta de nuestro pecado, nosotros –unidos a Él– también participamos en esa muerte y todos nuestros pecados fueron castigados en el castigo que Cristo sufrió en nuestro lugar.
  5. Que como Cristo fue enterrado “murió en verdad y fue sepultado en verdad”, así que en nuestra identificación con Él, también realmente morimos y nuestros pecados. Todo ese pasado nuestro fue enterrado, ya murió, ya no tiene valor, ya no tiene poder, ya no tiene razón para seguir viviendo en nosotros.
  6. Que como Cristo resucitó, nosotros también hemos resucitado junto a Él para gozar de nueva vida –sin toda la carga de nuestro pasado– y con la esperanza de vivir una vida completamente nueva con el poder que nos da Jesucristo, el Hijo de Dios.

¿Para qué todo este detalle? Es que si no comprendemos esta verdad acerca de lo que ocurrió cuando aceptamos a Cristo como Salvador no podremos entender cómo vencer el pecado que quiere triunfar en nuestras vidas. Llegaré a esto en un momento. Primero quiero referirme a lo que nos dices de tus plegarias ante Dios: que has confesado este pecado a Dios miles de veces, que has pedido ayuda, que es un impulso fuertísimo, que te sientes rechazado, odiado; que cuando algo sale mal, te atacas y te odias. Por lo que dices, me parece que crees que Dios no te ha escuchado, que Dios no te ve como un hijo, sino que te desprecia y hasta te odia a cuenta de tu pecado. Razona conmigo por un instante. Si Cristo fue hasta la cruz, y allí murió en gran dolor y agonía con el fin de ayudarnos a nosotros los pecadores y perdonar nuestros pecados, ¿crees que te va a despreciar porque eres un pecador? Al contrario, Él va a querer ayudarte y a darte el poder para que puedas vencer tu pecado — ¡para esto vino a esto mundo!

El problema es que tú estás esperando un milagro. Quieres que como un rayo del cielo Dios venga y te quite todos esos deseos que tienes y que nunca más tengas un pensamiento sucio y malo, ¡ya sano, libre, sin problemas! Aunque Dios lo puede hacer, rara vez obra de esa forma, y te explico por qué.

  1. El ya te dio el poder para vencer.
  2. El ya hizo el milagro –lo hizo en la cruz, cuando murió por ti.
  3. Ya no tienes por qué seguir pecando.

Lo acabamos de leer en Romanos 6:1-4. Moriste al pecado con Cristo. Resucitaste a nueva vida con Cristo. El problema tuyo es que quieres que Cristo sea tu. Que Èl milagrosamente intervenga y que Èl te quite esos deseos, mientras tú, sin hacer nada, tranquilamente observas ese obrar. Y ¡eso nunca va a suceder! Tu tiene que tomarte por el cuello y decirte: “Por el poder que Cristo me ha dado como hijo suyo, ya no miro a otra prostituta. Por el poder que Cristo me ha dado como hijo suyo, ya no veo otro vídeo pornográfico. Por el poder que Cristo me ha dado como hijo suyo, ya no permito otro pensamiento impuro que pase por mi cabeza”.

¿Qué estoy diciendo? El poder para vencer al pecado más fuerte que te domina ya lo tienes. Cristo ya te lo dio. Es que tu no quieres dar ese paso de cortar con todo ese pecado que te ha dado tanta satisfacción personal. Quieres un milagro, que Cristo venga y te lo quite, porque en tu interior no quieres partir con esos deseos carnales, esos placeres interiores aunque momentáneos tanta satisfacción te han dado. ¿Qué harías si no pudieras satisfacer esos deleites más? ¿Qué llenaría tu mente si dejaras de pensar y deleitarte en todos esos sueños carnales?

Hasta que quieras satisfacer a Cristo más que satisfacer tus deseos carnales, no podrás vencer esos vicios. Por eso Cristo dice: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, de toda tu alma, de toda tu mente. Cuando quites al sexo de ese lugar prominente en tu vida y coloques allí a Dios, no podrás vencer sobres estos hábitos que ahora te controlan. Por eso es que el Espíritu Santo te ha llenado de agonía y dolor a cuenta de tu estilo de vida. Y va a seguir atormentándote hasta que veas que hay una vida de pureza, de honradez, de hermosura, de utilidad, de bendición que más que llena y satisface el corazón. Porque eres un hijo de Dios, no te dejarea –y da gracias que no te dejará– hasta que la razón por la cual Cristo vino al mundo –limpiarnos de nuestros pecados– sea una realidad en tu vida.

Lo que le he escrito es precisamente lo que está diciendo Martín Lutero en ese artículo que leíste: “resiste tu naturaleza corrupta, vive de acuerdo a como tu naturaleza espiritual te dirija; no sigas haciendo aquellas cosas que tu naturaleza corrupta te pide”.

Les Thompson