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¿Cómo puedo conciliar o entender e interpretar correctamente los censos de David?

PREGUNTA:

¿Cómo puedo conciliar o entender e interpretar correctamente los censos de David uno en: (2 S 24:1-25) y el otro en:(1 Cr 21:1-24)? En el primero Dios lo guía y en el segundo dice que es Satanás, ¿Qué sucede aquí?

RESPUESTA:

No hay duda que al escribir del mismo censo, en 2 Samuel 24:1-25 y en 1 Crónicas 21:1-24, cada escritor lo cuenta desde su perspectiva. Samuel ve en el caso la voluntad permisiva de Dios, permitiendo a David orgullosamente cometer este pecado personal tan grave. El escritor de Crónicas añade un aspecto más amplio al caso, enseñando que Dios emplea de forma soberana a Satanás para probar el corazón del Rey David. Cumple lo que enseña Santiago 1:13-15: Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.  Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.

Dios no tienta pero, en su soberanía y sabiduría, permite que pequemos. Lo interesante de la tentación es que ella nace en nuestros corazones con nuestros propios deseos (de su propia concupiscencia es atraído y seducido). El pecado no nace en Dios (tal cosa sería imposible), ni tampoco nace en Satanás. Comienza en nuestros propios corazones, como lo fue en el corazón de David. Todos tenemos la simiente del pecado como herencia de Adán (Ro 5:10). Cuando Satanás reconoce a su manera (recordemos que Satanás no es omnisciente)  nuestro deseo, entonces él hábilmente “abanica” esos deseos y hace la tentación aparecer irresistible. Pero es el hombre el que peca, el que sigue sus pasiones, el que desobedece a Dios. Con la terrible pena que sufre David, Dios nos enseña que nosotros somos los culpables y nosotros somos los que sufrimos las consecuencias.

Hablando de este tema, el Dr. MacArthur nos dice que Dios usa a Satanás para juzgar a los pecadores (cp. Mr 4:15; 2 Co 4:4), para afinar a los santos (cp. Job 1:8-2:10; Lc 22:31, 32),  para disciplinar a los miembros de la iglesia (cp. 1 Co 5:1-5; 1 Ti 1:20) y para purificar a los creyentes obedientes (cp. 2 Co 12:7-10). Estas son áreas del pecado que todos debemos reconocer.

A su vez, ni Dios ni Satanás nos obligan a pecar, como vimos en Santiago 1:13-15; también reconozcamos que Dios permite que Satanás nos tiente; pero lo que nunca olvidemos es que nosotros somos los que pecamos y merecemos el castigo a consecuencia.

Espero que estas explicaciones le ayuden a entender la manera en que el pecado obra en todos nosotros.

Les Thompson