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Cómo hablar como cristianos

Por Al Valdés

Un estudio bíblico reciente basado en la primera epístola de Pedro tenía como título “¡Cállate!”. Sin dudas, suena bastante rudo. Y lo cierto es que no abarca todo el tema. Pero sirvió para captar la atención y dirigir a la audiencia al tema real: ¿Qué dice 1 Pedro acerca de nuestra boca? Si recordamos nuestros tiempos en la escuela dominical, hay más de un episodio en el cual Pedro dijo algo que no debió haber dicho. (Véanse Mateo 16:21-23; Marcos 9:2-8; Juan 18:15-27.) Sin embargo, con el tiempo llegó a desempeñarse como vocero de los doce apóstoles (véanse Hechos 1:15-26; 2:14-4; 3:11-26; 4:8-12). Por lo tanto, reconocemos que Pedro sabe un poco acerca de cómo hablar. Echemos un vistazo a tres de sus lecciones.

Lección 1: No ataquemos a otros creyentes con nuestras palabras

Sabemos que los que recibieron los mensajes de Pedro estaban sufriendo persecución — la clase de ataques que se producen cuando los valores cristianos chocan con los de no creyentes. Por ejemplo, leemos, “A ellos les parece extraño que ustedes ya no corran con ellos en ese mismo desbordamiento de inmoralidad, y por eso los insultan”. (1 Pedro 4:4, NVI). En este contexto más amplio de persecución, el apóstol aborda el tema de las respuestas verbales (y no verbales) de cristianos hacia los no cristianos. Pero también advierte a los mismísimos creyentes acerca de todo tipo de discurso negativo, ¡el uno contra el otro!

“Por lo tanto, desháganse de toda mala conducta. Acaben con todo engaño, hipocresía, celos y toda clase de comentarios hirientes. Como bebés recién nacidos, deseen con ganas la leche espiritual pura para que crezcan a una experiencia plena de la salvación. Pidan a gritos ese alimento nutritivo ahora que han probado la bondad del Señor”. (1 Pedro 2:1-3, NVI)

El maestro de Biblia de renombre, Stanley Toussaint, califica estos “pecados que se ven en el vestíbulo de la iglesia”. Pedro nos exhorta a dejar a un lado todas esas cosas.

Lección 2: Respondamos bien a nuestros enemigos

Cuando niños podemos haber escuchado a alguien mandar a otro “a irse bien lejos” o, más tarde, ¡a un lugar muy, muy, muy caliente! (el primero de los dos destinos preferible sin dudas). Como adultos, la cultura y nuestros compañeros aún no nos ayudan mucho con consejos como “No te calles la boca” o “Yo le diría ¡todas las malas palabras habidas y por haber!”, o peor. Pero para estos creyentes (al parecer principalmente sufriendo persecución verbal) el apóstol Pedro tenía consejo preciso y centrado en Cristo:

“Porque para este propósito han sido llamados, pues también Cristo sufrió por ustedes, dejándoles ejemplo para que sigan Sus pasos, el cual no cometió pecado, ni engaño alguno se halló en Su boca; y quien cuando Lo ultrajaban, no respondía ultrajando. Cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a Aquél que juzga con justicia. El mismo llevó (cargó) nuestros pecados en Su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por Sus heridas fueron ustedes sanados”. (1 Pedro 2:21-24, NBLH)

y: “no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, sino más bien bendiciendo, porque fueron llamados con el propósito de heredar bendición”. (1 Pedro 3:9, NBLH)

Nosotros también debemos encomendarnos a nuestro Padre celestial frente a ataques, y responder con una bendición en lugar de una maldición.

Lección 3: Ganemos a los maridos a la Palabra sin una palabra

Esposas cristianas que viven con esposos que aún no han creído a veces se comportan de manera estereotípica. Esconden tratados en lugares estratégicos, intentan hablar de estrellas de deportes que son creyentes, dejan libros cristianos aquí y allá, o quizás incluso los tientan con las delicias que servirán el banquete de la iglesia. Pero el apóstol Pedro tiene un plan diferente: que tu comportamiento sea el que hable. Él lo dice así:

“Asimismo ustedes, mujeres, estén sujetas a sus maridos, de modo que si algunos de ellos son desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la conducta de sus mujeres al observar ellos su conducta casta y respetuosa. Que el adorno de ustedes no sea el externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea lo que procede de lo íntimo del corazón, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios”. (1 Pedro 3:1-4, NVI)

Ahora, si el esposo no ha escuchado el Evangelio, en algún momento alguien tiene que decirle que crea en Jesús (ver Juan 3:16-18a). Y, de suma importancia, si como cristiana planeas casarte con alguien que no ha creído en Jesús como su Salvador, debes saber que Dios lo prohibe (2 Corintios 6:14-18) —sea o no que la persona asista a la iglesia contigo. Realmente deben creer en Jesús antes de que tu digas, “Sí” en el altar.

Conclusión

Lo que decimos y no decimos pueden afectar significativamente a nuestras vidas y las de los demás. Eliminar el discurso negativo hacia otros cristianos, responder apropiadamente a los antagonistas de la fe y ganar a los maridos incrédulos a través del comportamiento virtuoso representan sólo tres de las maneras en que el apóstol Pedro nos instruye sobre el hablar (o no hablar). Pero, su carta también trata del hablar como don espiritual (ver 1 Pedro 4:10-11) y en el sentido de la más alta forma de expresión —la alabanza ofrecida a Dios. Pedro escribe:

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según Su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”. (1 Pedro 1:3, NBLH)

y,

“Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de Aquél que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable”. (1 Pedro 2:9, NBLH)

Amén.