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¿Cómo deben celebrar los cristianos la Navidad?

Sr. Thompson, ya que veo que usted está tan a favor de celebrar la Navidad, ¿Cuál es la mejor manera de que como cristianos la celebremos?

Se ha dicho que somos criaturas formadas por nuestros hábitos, hábitos que en su mayoría se establecen en nuestra niñez. Lo que nos enseñaron nuestros padres siempre influye mucho. Y no es excepción en mi caso. Mis padres fueron los que me enseñaron a celebrar la Navidad. Allá en Cuba, pocos días antes de la Navidad, mi padre solía llevarnos a mi hermano y a mí a buscar un arbolito en un monte a pocos kilómetros del seminario donde él enseñaba. Juntos como familia lo decorábamos. Como no teníamos electricidad no le poníamos lucecitas, pero mi madre —una presbiteriana muy conservadora— compraba velas y las colocaba de tal forma que alumbraban el arbolito. Eran tiempos muy difíciles, pero el día de Navidad debajo de ese arbolito siempre habían regalos, expresiones del gran afecto paterno. Siempre, chiquillos que éramos, el día de Navidad nos levantábamos al amanecer para contemplar los regalos e impacientemente esperar a que mis padres se despertaran. Mi madre siempre preparaba un desayuno especial que, ya resignados a tanta espera, papá nos hacía comer. Luego todos entrábamos a la sala y alrededor del arbolito, papá sacaba la Biblia y nos leía la historia de Navidad. Predicador que era, siempre añadía algunas enseñanzas pertinentes. Seguido, nos arrodillábamos y uno por uno dábamos gracias a Dios nuestro Padre por habernos enviado el regalo precioso de Su Hijo. Al final de todo esto nos tocaba abrir los regalos. ¿Era ese proceso demasiado agonizante para un niño? No, no lo era por la manera tan amorosa con que papá nos llevaba a comprender el maravilloso regalo de Dios. Tanto así que cuando me llegó el turno de ser padre, introduje la misma costumbre en mi hogar. Y ahora que soy abuelo, cuando visito a mis hijos en la Navidad, veo repetido el mismo proceso. A usted también se lo recomiendo.