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Cómo comunicarte con tu pareja

por Al Valdés

Hace un tiempo viajé en una aerolínea que servía comida a los viajantes. Los pasajeros judíos ortodoxos podían pedir con anticipación sus comidas kosher. Pero a la esposa judía ortodoxa del pasajero sentado a mi lado le trajeron la comida equivocada. Le tocó al esposo rectificar la situación. El esposo, con tono molesto y al alcance del oído de los otros pasajeros, le dijo: “¡Ves todo lo que tengo que pasar por culpa tuya!” La esposa, avergonzada e insultada, no habló por el resto del viaje. Si ese esposo hablaba así con ella en público, ¿cómo sería la situación en privado? La comunicación en gran medida revela y determina la calidad y calidez matrimonial. La Biblia ofrece principios para la comunicación que podemos aplicar a nuestros matrimonios. ¿Cuáles son algunos?

HABLEMOS CON SABIDURÍA Y CARIÑO

Primeramente, nos ayuda tomar la decisión consciente de no decir ciertas cosas al cónyuge. Debemos comprometernos a no decir cosas como: “Quiero el divorcio”, “¿Cuánto más piensas aumentar en peso?”, “Te odio”, y “¿Por qué no puedes ser más como él (o ella)?” En contraste, el libro Cantar de los Cantares nos da una mirada íntima a cómo Salomón, el hombre más sabio de la tierra (con la excepción de Jesús), habló con su amada. Le dio alabanza genuina que la edificaba y hacía que ella se sintiera segura:

Cuán hermosa eres, amada mía.
Cuán hermosa eres.
Tus ojos son como palomas detrás de tu velo;
tu cabellera, como rebaño de cabras
que descienden del monte Galaad.
Tus dientes son como rebaño de ovejas trasquiladas
que suben del lavadero,
todas tienen mellizas,
y ninguna de ellas ha perdido su cría
Tus labios son como hilo de escarlata,
y tu boca, encantadora.
Tus mejillas, como mitades de granada
detrás de tu velo.
Tu cuello, como la torre de David
edificada con hileras de piedras;
miles de escudos cuelgan de ella,
todos escudos de los valientes.
Tus dos pechos, como dos crías
mellizas de gacela,
que pacen entre lirios.
Hasta que sople la brisa del día
y huyan las sombras,
me iré al monte de la mirra
y al collado del incienso.
Toda tú eres hermosa, amada mía,
y no hay defecto en ti. (Cantares 4:1-7, LBLA)

Estas palabras provienen de su luna de miel (la boda precede en el contexto, véase Cantares 3:6-11). Pero aun después Salomón usa palabras placenteras para hablarle a su esposa (véase Cantares 6:1-9). Sin dudas, algunas cosas pueden lastimar a alguien durante mucho, mucho tiempo. Pero algunas veces no usamos sabiduría y permitimos que el enojo se lleve la ventaja. ¿Qué hacemos entonces?

ABORDEMOS EL PROBLEMA EL MISMO DÍA

Podemos hacer un resumen de la estrategia para solucionar problemas matrimoniales con estas palabras: debemos ir a la cama en paz. Sin dudas, no es posible resolver todos los problemas en un día. Sin embargo, le podemos dejar saber a un marido o una esposa enojada que entendemos el conflicto y tenemos la voluntad para solucionar el problema.

La clave está en no dejar que la ira nos haga permanecer despiertos toda la noche (¡en el sofá de la sala!) ya sea planificando venganza contra el cónyuge, haciendo estrategia para la guerra total, o buscando una vía de escape del estado matrimonial. La Biblia lo dice así:

Por tanto, dejando a un lado la falsedad, HABLAD VERDAD CADA CUAL CON SU PRÓJIMO,
porque somos miembros los unos de los otros. AIRAOS, PERO NO PEQUÉIS;
no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis oportunidad al diablo.
(Efesios 4:25-27, LBLA)

También vemos:

No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación,
según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan.
Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios, por el cual fuisteis sellados para el día de la redención.
Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia.
(Efesios 4:29-31, LBLA)

Por otro lado debemos esperar a que nuestro cónyuge procese sus emociones y razone tras el problema antes de tratar de forzar alguna solución (¿Por qué ocurrió? ¿Cuál fue mi parte —y la de mi cónyuge— en el conflicto? ¿Cómo podemos resolver el dilema y restaurar la armonía?). Sin dudas, no debemos dejar que el enojo nos motive a decir cosas que dañen o den rienda a cosas peores. Santiago amonesta:

Esto sabéis, mis amados hermanos. Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar,
tardo para la ira; pues la ira del hombre no obra la justicia de Dios. (Santiago 1:19-20, LBLA)

Así, ayuda en gran medida permitir que el enojo se calme antes de que las cosas se salgan de control. Es mejor removerse uno de una situación potencialmente explosiva. Sin dudas, el perdón —o, al menos, encaminarse hacia el perdón— siempre representa la mejor opción.

PERDONEMOS LO ANTES POSIBLE

Un profesor de terapia familiar nos enseñó a hacer la siguiente pregunta a los aconsejados: “En el hogar donde creciste, ¿Cómo se sabía que una discusión había terminado?” Explica que en algunos hogares ocurre una gran pelea, y entonces el conflicto termina —y la paz regresa. En otros, el mismo asunto del pasado se sigue volviendo a sacar a la luz. El argumento no se acaba nunca. En otros hogares se evita todo conflicto y deciden no hacer frente a las cuestiones y problemas. Mejor resulta tratar las cosas con prudencia y perdonar con la ayuda de Dios. El apóstol Pablo lo dice así:

Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia,
así como toda malicia. Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos,
perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo.
(Efesios 4:31-32, LBLA)

Alguien dijo que el matrimonio será difícil para aquellos a quienes les cuesta perdonar. Tenían razón. No hay que sacar cada ofensa a la luz sin excepción. La Biblia dice:

La discreción del hombre le hace lento para la ira,
y su gloria es pasar por alto una ofensa.
(Proverbios 19:11, LBLA)

Por otro lado, hay ofensas y problemas con las cual debemos lidiar lo más pronto y eficazmente que lo podamos hacer, y regresar lo antes posible a un matrimonio armonioso.

Conclusión

El matrimonio requiere muy buena comunicación. Ya que nos hemos comprometido a vivir juntos para toda la vida debemos hablar con el futuro en mente. La señora en el avión —ya de mayor edad— tal vez soportó años de maltrato y humillación por palabras. Probablemente le quedaban más por delante. Por otro lado, también hay esposas que se deleitan en echar abajo a sus esposos. En contraste, podemos hablar con tierna sabiduría y tratar de resolver los asuntos lo más pronto posible. Podemos tratar de decir cosas que edifiquen en el presente y sirvan a largo plazo. Finalmente, cuando digamos o hagamos cosas dañinas debemos perdonar de corazón lo más rápido posible —siempre con la ayuda de Dios.