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¿Cómo ayudo a mis hermanos a aceptar a Dios?

PREGUNTA:

Hace ya un buen tiempo que he empezado a tener una gran carga en mi corazón y han habido noches en que incluso le dije al Señor que me dejara en paz, o simplemente huía de El… me siento algo como Jonás… siempre he pensado que trabajar dentro de la iglesia es lo que alguien debe hacer, lo de afuera alguien más lo hará…

Pero hace ya un buen tiempo Dios ha dejado una carga grande en mi… Soy médico, y serlo es de gran satisfacción para mi…. pero en este tiempo me he dado cuenta que mis colegas, que atienden también a personas solo tratan el cuerpo y el alma no. La gente simplemente muere sin Cristo; miro a la gente a mi alrededor y allí están yéndose a una eternidad sin Dios, a una eternidad en el infierno. ¿Por qué?

RESPUESTA:

Cuando leemos el Evangelio de Juan, notamos en el primer capítulo el comentario sumamente lamentable y triste: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”. Lo que usted describe de su mundo es exactamente lo mismo que se pudo describir del mundo al que vino Jesucristo. ¿Cómo ha de haberse sentido Jesucristo con tanto rechazo? No importa a donde usted vaya, la reacción humana es amor al pecado y rechazo de Jesucristo. Así ha sido siempre. Como dice Juan 3:19: “Y esta es la condenación, que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.” No importa que bombardeemos a un pueblo, a una ciudad, a una nación 24 horas al día con la verdad del evangelio, igual van a rechazar, y por la misma razón.

Déjeme apresurarme a decirle que la reacción suya es la reacción correcta. Debemos sentir agonía, dolor y tristeza al ver a nuestro alrededor tanto rechazo de la verdad, y tanto placer en el pecado. ¡Esa es la misma reacción de Dios! Debe ser la reacción de nosotros sus hijos. A pesar de ese rechazo, Jesús vino al mundo, fue a la cruz, y murió, precisamente por aquellos que creerían en él. A su vez, no todo es rechazo: MAS A TODOS LOS QUE LE RECIBIERON, A LOS QUE CREEN EN SU NOMBRE, LES DIO POTESTAD DE SER HECHOS HIJOS DE DIOS. Es en esa verdad que nos regocijamos…especialmente al darnos cuenta que antes nosotros estábamos junto a los rechazadores, y Jesucristo gloriosamente nos rescató.

¿Qué podemos hacer para suavizar ese dolor que sentimos por esas multitudes que rechazan a Jesucristo? En el Sermón del Monte el Señor nos indica el rol que como sus hijos tenemos aquí en la tierra. Hemos de ser “sal” y “luz” —palabras llenas de claros simbolismos. En primer lugar, solo Cristo salva. Yo no puedo salvar a nadie. Pero puedo ser “sal” —vivir de una forma que los demás se den cuenta que hay un estilo alternativo de vida, en el que la pureza y el perdón y la paz predomina. La manera en que usted practica la medicina, la manera que ama, la manera en que su carácter se asemeja al de Cristo, eso hará que la gente comience a preguntar, ¿qué es aquello que le hace diferente a usted? Es entonces que se aplica la “luz” —el testimonio, el mensaje que revela al Salvador que nos ha cambiado. Uno aquí, otro allá lo aceptará. Yo estoy personalmente persuadido que sin la “sal” la “luz” no se extiende, ni se entiende, ni se ve. Para que el evangelio haga sentido, primero se tiene que ver personificado a través de personas transformadas por la gracia de Cristo.

Así, sin elaborar mucho, le insto en que a través de la gran carrera que Dios le ha dado de la medicina usted tiene un campo de oportunidad y trabajo que ningún misionero ni ningún pastor tiene. Yo no creo en casualidades. No creo que usted accidentalmente llegó a ser médico. Esa carrero, créalo o no, se la dio Dios. Dios no le ha puesto a usted en medio de tan grande ciudad, donde hay tan grandes necesidades accidentalmente. Dios le dio a usted una mente brillante, talentos médicos, y oportunidad de estudiar y prepararse porque tenía un fin muy determinado para usted: llegar a ese mundo que busca a un médico que le necesita a usted a cuenta de la salud. Pregúntese, ¿quién busca un pastor? ¿a un misionero? Pero, ¿cuántos buscan a un buen médico? Ahora, en cuanto a la manera de practicar la medicina, Jesús le dio a usted el patrón a seguir en la historia del Buen Samaritano. ¿Qué oportunidad para amar, para ayudar, para vendar las heridas, para ayudar al abandonado y al despreciado —y como hijo de Dios hacerlo todo en el nombre del Señor. Y, luego, cuando venga la oportunidad, y comiencen a hacer las preguntas, y averiguar porqué esa dedicación y ese amor, entonces poder esparcir la luz (como lo hizo Jesús, nunca martillándola, sino dejando la racionalidad de esa luz hablar y revelar al Salvador dispuesto a salvar al más perdido).

Si fuera a darle un consejo, me parece que sería en animarla a enfatizar ese aspecto del cristianismo que Jesús llamó “sal”. Me parece que esa sería la llave que en su caso Dios quiere usar para traer a muchos de los que usted ve andando en las tinieblas venir corriendo a la luz.

Dios le de entendimiento, y que le bendiga en esta lucha espiritual que ahora atraviesa,

Les Thompson