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Comencemos este año con el perdón

por Al Valdés

¿Conoces a alguien que jamás haya cumplido sus metas para el Año Nuevo? ¿Recuerdas algún propósito, resolución o reto personal de año nuevo que has completado? Año tras año millones de personas compran zapatos y ropa para correr, hacen promesas de dejar de fumar, y se retan a si mismos a perder 80 kilos (176.37 lb). Semanas después de dar inicio a sus esfuerzos los retos se olvidan a pesar de las mejores intenciones. Y no es que necesariamente nos damos por vencidos sino que en medio de las responsabilidades usuales de la vida cotidiana (y las costumbres arraigadas) poco a poco las metas se van desapareciendo — para resurgir nuevamente el próximo 31 de diciembre. Bueno, para este año queremos proponer una meta que todos podemos alcanzar— el perdón. Todos necesitamos tanto recibir como dar el perdón. Pero, hay tres clasificaciones que debemos considerar.

Dios nos regala Su perdón una vez para siempre

En primer lugar tenemos el perdón que Dios nos regala una vez para siempre en conexión con el regalo de la vida eterna—cuando creemos en Jesús. El apóstol Pablo afirma:

Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo:
Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas,
Y cuyos pecados son cubiertos.
Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.
(Romanos 4:4-8)

Dicho perdón se recibe gratuitamente por fe sola. No podemos comprarlo ni con buenas obras pasadas ni con promesas de cambios futuros en nuestro comportamiento. Cristo pagó completamente por ese perdón cuando murió por nosotros en la Cruz y nos lo da cuando creemos en Él como Salvador. Dos otras categorías de perdón se desprenden de este — el perdón de familia (que le pertenece sólo a creyentes) y el perdón que nosotros otorgamos a aquellos quienes nos han herido.

Dios nos da Su perdón familiar cuando confesamos nuestros pecados

Hay un perdón de familia que le pertenece sólo a creyentes y trata con la armonía familiar y comunión entre el cristiano y Dios. Este perdón se obtiene por medio de la confesión de nuestros pecados a Dios. Juan lo explica así:

Este es el mensaje que hemos oído de Él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en Él. Si decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. (1 Juan 1:5-10)

Los creyentes necesitan este perdón ya que por un lado retenemos la capacidad para pecar y por el otro necesitamos mantener nuestra comunión con Él. El creer en Cristo nos da la vida eterna una vez para siempre, y el confesar nuestros pecados facilita nuestra comunión con Dios a través de nuestra vida cristiana. Asimismo, hay otra clasificación de perdón que le pertenece al cristiano.

Dios nos dice que perdonemos como Él nos ha perdonado

La Biblia también nos habla de nuestro perdón hacia otros. Dicho perdón también se relaciona al que Dios nos da como creyentes en Cristo. Esto se ve claramente en las instrucciones del apóstol Pablo al respecto:

Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. (Efesios 4:31-32)

El perdón de Dios hacia nosotros sirve como base y ejemplo para nuestro perdón hacia aquellos que nos han herido, ofendido, o lastimado a nosotros. El creyente no debe dejar que otros lo hieran por gusto o permanecer en situaciones abusivas, pero no debe vengarse, guardar rencor, o rehusar perdonar a otros.

Conclusión

El perdón nos puede ayudar a comenzar bien el nuevo año. Si aún no hemos creído en Cristo como Salvador podemos leer el Evangelio según San Juan y reflexionar en pasajes tales como el siguiente, y ¡creer!:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a Su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. El que en Él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. (Juan 3:16-18)

Si ya hemos creído en Cristo para salvación podemos examinar nuestra vida a la luz de las Escrituras y confesar cualquier pecado que descubrimos —confiados de que Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9b). Y, si necesitamos perdonar a otros lo podemos hacer con la ayuda de Dios. ¡Feliz Año Nuevo!