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Aunque la higuera no florezca

Por Bernardo Serrano

Frente a la conmoción mundial que está sacudiendo al planeta con la rápida expansión del coronavirus Covid-19 que día a día deja un saldo de muertos incontrolable por el momento, obligando a millones de personas a permanecer confinados en sus casas para evitar la transmisión del maligno virus, muchísimos cristianos se hacen muchas preguntas y tienen una sensación extraña como si Dios no estuviese escuchando el clamor de su pueblo. Creo que la experiencia de Habacuc puede sernos de mucha ayuda en medio de las difíciles circunstancias que estamos viviendo.

AUNQUE LA HIGUERA NO FLOREZCA…

Aunque la higuera no florezca ni en las vides haya fruto, aunque falle el producto del olivo y los campos no produzcan alimentos; aunque se acaben las ovejas del redil y no haya vacas en los establos; con todo, yo me alegraré en Jehovah y me gozaré en el Dios de mi salvación. ¡Jehovah, el Señor, es mi fortaleza! El hará mis pies como de venados y me hará andar sobre las alturas”.  Habacuc 3:17-19

INTRODUCCIÓN

Uno de los problemas más inquietantes en la experiencia cristiana es el de la oración que Dios no contesta como deseamos o esperamos. A nuestro modo de ver, su única respuesta es el silencio. Como consecuencia, la fe se ve asaltada por la duda y el desaliento. ¿Es que el oído de Dios se ha cerrado o su mano está paralizada?

Todos hemos tenido en algún momento el sentimiento de que, en más de una ocasión, Dios no nos respondía, que estaba callado. Que Dios, necesariamente veía lo que estábamos pasando, pero que parecía no hacer nada. Que Él sabía todo lo que estaba sucediendo (porque a Él no se le oculta nada), pero que Dios no contestaba, que Él callaba.

Vamos a intentar en el día de hoy, con la ayuda del libro de Habacuc y la dirección de Dios, intentar comprender por qué a veces Dios calla, y qué es lo que él desea de nosotros en esos tiempos en los que según esa lucha interior que mantenemos, nos parece como si a Dios no le importase en absoluto lo que nos esté pasando.

1. ACERCÁNDONOS A HABACUC

De Habacuc sabemos muy poco. No se sabe bien quién era este profeta ni tampoco donde nació ni cuando murió. No hay datos sobre su vida, lo único que sabemos de él es lo que refleja este pequeño libro de apenas tres capítulos escrito en forma poética.

El libro de Habacuc refleja su conflicto interior sobre el silencio de Dios, la respuesta de Dios al profeta, y el entendimiento de cuál debía ser su actitud en medio de esas situaciones en las que parece que Dios se hubiese quedado mudo. El sentimiento que Habacuc manifiesta es un sentimiento de desconcierto, podríamos decir que casi de perplejidad. El profeta se debate en un conflicto torturador ante la enigmática situación histórica que le tocó vivir. En su mente pugnan dos realidades aparentemente incompatibles.

Por un lado, sabe que Dios es justo y todopoderoso y que con soberanía absoluta controla el curso de la Historia. Por otro lado, está viendo cómo su pueblo (Judá), rebelde e inicuo, es castigado por otro pueblo mucho más reprobable que ellos, los caldeos (Hab. 1:12-17). Entiende bien que Judá sea castigada a causa de sus pecados (Hab. 1:2-4); pero ¿a manos de un poder que encarnaba lo más inhumano de la injusticia y la crueldad de aquel tiempo?

A Habacuc no le cabe en la cabeza la idea de que un Dios santo tenga parte activa en semejante anomalía. De ahí su profunda desazón. Y su clamor, ante el que Dios calla. A veces Dios calla, pero no está mudo. A veces Dios calla, pero no lo hace para siempre. Cuando Dios guarda silencio no lo hace porque no pueda hablar, sino porque no quiere hablar en ese momento, y porque tiene un plan para ti para más adelante.

En ese plantarse delante de Dios y pedirle respuesta, Habacuc es totalmente sincero y se dirige al Señor para manifestarle su queja “¿Hasta cuándo, oh Jehovah, clamaré, y no oirás? ¿Hasta cuándo daré voces a ti diciendo: “¡Violencia!”, sin que tú libres? ¿Por qué me muestras la iniquidad y me haces ver la aflicción? He aquí que surgen pleitos y contiendas; la destrucción y la violencia están delante de mí. La ley pierde su poder, y el derecho no prevalece; porque el impío cerca al justo. Por eso sale torcida la justicia”. Hab.1:2-4

2. LA ENSEÑANZA DE DIOS A HABACUC

De Habacuc me gusta su honestidad, su sinceridad delante y para con Dios. El profeta va directo al grano, a mostrarle a Dios su queja (y no la adorna de religiosidad) por lo que él siente como un silencio injusto, como una despreocupación de su persona; y esa actitud de entereza y de integridad lo lleva a plantarse delante de Dios y decirle que no se va a mover de allí hasta que no reciba una respuesta suya. (Hab. 2:1)

“¿Hasta cuándo?” Dios no quiere dejar a Habacuc en la tortura de su incomprensión. Y finalmente rompe su silencio dando al profeta respuestas muy concretas. En primer lugar, el sufrimiento de Judá tiene un carácter justamente retributivo. Pese a que los caldeos, ejecutores del juicio divino, eran más dignos de castigo que el pueblo de Judá, Dios, en el ejercicio de su soberanía, va a usarlos como instrumento de su juicio (Hab. 1:12).

En segundo lugar, Dios le hace saber a su siervo que esa preocupación que le turba no va a durar siempre. En su momento, todo cambiará. Este cambio todavía tardará, pero -palabras de Dios- «aunque tarde, espéralo, pues sin duda vendrá… y no tardará» (Hab. 2:3).

En tercer lugar, Habacuc ha de saber que lo que debe hacer no es especular inútilmente, sino confiar y mantenerse fiel, pase lo que pase, dejándolo todo en las manos de Dios. «El justo por su fe vivirá» (Hab. 2:4). Cuestionar a Dios no soluciona nuestros problemas, por el contrario, los agrava. Sí, claro que es bueno exponérselos a él, pero igualmente es muy saludable aceptar lo que él quiera enseñarnos a través de ese conflicto interior que estamos viviendo.

Además, Habacuc tuvo que aprender a esperar el tiempo de Dios. Como él mismo va descubriendo, al final todo resplandecerá con la gloria de Dios. A su debido tiempo los injustos tendrán su merecido (Hab. 2:6-20). Y el pueblo escogido será restaurado, ricamente bendecido por su Dios.

3. EL CAMBIO DE HABACUC

Podríamos decir que la corta profecía de Habacuc arranca con una queja y termina con una de las más preciosas declaraciones de confianza en Dios. El célebre poema de “…Aunque la higuera no florezca…”.

El supuesto que se plantea el profeta, su “…Aunque”, era el de un escenario de una gran sequía, porque la higuera no da flores; en otras palabras, la higuera no florece nunca. Empieza dando frutos directamente, luego, cuando un árbol de secano, al que no se riega, no es capaz siquiera de dar el escaso fruto de sus higos, evidentemente, hablamos de una sequía profunda que nos deja sin suministros esenciales: ni aceite, ni vino, ni trigo, ni animales en los rebaños, etc. ¡Y nosotros, preocupándonos porque en algunos supermercados del mundo no haya suministro de papel higiénico!

En las circunstancias difíciles de nuestra vida, ¿cuál es la actitud que más nos ayudará delante del Señor? Creo que hay al menos cinco pautas muy claras en este pasaje.

  1. Nunca desconfiar de Dios, y entender que, si Él no ha actuado todavía en aquello que nosotros estamos esperando, Él tiene sus razones, y Él sigue siendo el Señor del mundo y por supuesto de nuestras vidas y nuestras circunstancias.
  2. Seguir esperando en Él. Hay una gran diferencia entre saber que Dios es Todopoderoso para hacer milagros y maravillas, y lo que es aplicarlo a nuestra vida y a nuestra circunstancia.
  3. Fortalecernos en Él. Si hay que seguir esperando, esperemos, porque esto no durará para siempre, un día estará controlado; pero, mientras tanto, no desmayemos. Dios es fiel, Él sigue siendo nuestra fortaleza, nuestra roca y el lugar de nuestro refugio.
  4. Con la fuerza de Dios, aprender a caminar sobre el problema. Las expresiones “pies de venado” y “caminar por las alturas” nos hablan de fuerza y de liberación, con el Señor, caminaremos por encima de los problemas
  5. Mantener una actitud de alegría en medio de la situación y disfrutar de la vida de Dios. Es el “…con todo, yo me alegraré…”, en otras palabras, aunque pasase eso y no tuviésemos que comer, no perderé el gozo de saber que Dios está a mi lado”