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Apreciaciones sabias de una futura suegra

por Lynn Anderson

El capítulo 31 del libro de Proverbios (esa compilación de sabiduría, dada por Dios), se trata específicamente de lo que el rey Lemuel entendía acerca de las virtudes de la mujer ideal. Su madre le había preparado bien para ser un hombre responsable que podría escoger a la joven que llegaría a ser una esposa maravillosa.

No sabemos el nombre de esa madre (aunque algunos comentaristas creen que fue Betsabé, no comparto esa opinión). Evidentemente sabía perfectamente lo que implica ser una mujer de familia que agrada a Dios: esposa amorosa, madre cariñosa y ama eficaz de casa. Parece que crió bien a su hijo príncipe, sin consentirlo, con amplias advertencias para evitar su destrucción.

Ahora Lemuel recuerda esas enseñanzas, empezando con las cualidades que él mismo necesita demostrar para ser el esposo, cabeza de hogar, que hará feliz a su familia, dando buen ejemplo para la nación.

La mujer virtuosa merece un esposo que tiene una fiel y admirable hoja de vida, como vemos en lo que describen los siguientes versículos:

Vs. 3. no mujeriego, ni auto-destructivo;
Vs. 4. no vicioso, olvidando su dignidad;
Vs.5. no tramposo ni egoísta (respetuoso de la ley, justo con los afligidos);
Vs.6. no débil ni amargado;
Vs.7. capaz de enfrentar dificultades, sin tratar de ahogarlas con licor;
Vs.8. activo defensor de los indefensos;
Vs.9. hombre conocido por palabras sabias de misericordia;
Vs.23. ilustre líder, de buena reputación y constante actividad comunitaria.

¡Qué lista tan acertada! Un esposo que carece de amor y buen comportamiento se expone a tener en casa a una mujer frustrada, dolida y menos que ideal. Un alcohólico irresponsable, egoísta y mal hablado no suele disfrutar de un hogar apacible con familia sonriente.

El rey Lemuel sabe desde muy niño que conseguir una esposa virtuosa y valiosa requiere que cumpla su parte y que tenga un propósito espiritual, una búsqueda cuidadosa, un análisis del carácter de candidatas y un alto ideal. Todo esto es imprescindible para un proceso de descubrimiento que va más allá del enamoramiento superficial y sensual. Él quiere hallar a “la mujer que teme al Señor” (versículo 30), la que sobrepasa lo común y corriente, haciendo el bien (versículo 29).

¿Cuáles son esas virtudes de una excelente esposa y madre mencionadas en Proverbios 31? Vemos que:

  • Vs. 10, ella es un tesoro valioso, mucho más importante que bienes materiales;
  • Vs.11, es totalmente confiable, sabiendo guardar información íntima del corazón de su esposo y dándole motivos de satisfacción y superación;
  • Vs.12, a diario es ayuda idónea que produce bienestar;
  • Vs.13, con voluntad trabaja con sus manos, pues no es perezosa ni vanidosa (por ejemplo, no deja de hacer oficio por proteger sus uñas);
  • Vs.14 y 15, es muy madrugadora y se esfuerza por conseguir y preparar alimentos de calidad;
  • Vs.16, ella busca la economía y procura cultivar una parcela o algunas plantas para la cocina;
  • Vs.17, es enérgica y activa, cuidando su salud;
  • Vs.18, funciona como diligente administradora;
  • Vs.19, sabe lo suficiente acerca de la costura para que la ropa de su familia esté en buen estado;
  • Vs.20, se destaca por generosa y caritativa;
  • Vs.21, es previsiva para las necesidades futuras del hogar, de manera que no teme el porvenir;
  • Vs.22, se viste de modo apropiado y bonito, recordando que la ropa sirve para cubrir el cuerpo y no es para exhibirse (excepto en la alcoba matrimonial).

Una mujer virtuosa no incita a otros a lascivia   por su estilo de ropa o la falta de suficiente tela para cubrirse. Dios mismo vistió de mejor manera  a Adán y Eva cuando se habían hecho frágiles delantales de hojas (Génesis 3:7,21).

Volviendo a Proverbios 31, la futura esposa de este rey, una verdadera reina, sabe ser un apoyo digno de su esposo dirigente (v.23). No considera que la ocupación la denigre, pues el versículo 24 habla de sus esfuerzos por multiplicar los recursos desde su hogar, siendo prudente en los negocios. Es honorable y fuerte (v.25),  no nerviosa, pues se acostumbra a reír con corazón esperanzado y enfrentar el futuro con fe. Sus palabras son sabias y conciliadoras (v.26). Observa cada detalle de su hogar para tomar las medidas necesarias de mantenimiento y orden (v.27) y no es ociosa (definitivamente no está acostumbrada a largas conversaciones telefónicas insensatas ni adicta a malgastar el tiempo en telenovelas).

El resultado es que su esposo e hijos viven contentos y agradecidos. Y ella misma se siente “bienaventurada” (v.28). Ha buscado el camino de la excelencia, y conoce la dicha del servicio (v.29). No se afana cuando aparecen las canas y las arrugas, porque su hermosura es perenne, ya que es básicamente interna, e ilumina radiando luz espiritual (v.30). Experimenta el fruto de sus esfuerzos y tiene buena reputación. ¡Se encuentra realizada como mujer! (v.31).

Ninguna suegra tendría choques con una nuera de esta talla.  Más bien uniría su voz con los que la alaban (a no ser que le tenga envidia por ser inferior a ella).

Las Escrituras no nos dicen si el rey Lemuel encontró su “media naranja” y así su madre pudo apreciar su selección. Tampoco este capítulo dice si disfrutó de un hogar “caído del cielo”, (aunque es de esperar que haya gozado de gran felicidad al lado de semejante mujer virtuosa, si es que la halló). Proverbios 18:22 dice: “El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia del Señor”.

Lo cierto es que, por más interesantes y especiales que seamos las mujeres, sin la ayuda de Dios nunca podríamos tener las virtudes necesarias para agradarle a Él y formar un remanso de paz para nuestra familia.

En la vida diaria no hay rosa sin espinas, y este siglo moderno presenta complicaciones no conocidas en la época de la esposa de Lemuel. Seguramente su palacio fue un reto para organizar, y el hecho de ser reina no la libró de la necesidad de ser diligente y sabia en situaciones hogareñas. Sin embargo, la mujer virtuosa de Proverbios 31 no tuvo que llevar a sus hijos a múltiples actividades y clases en un Renault, batallando con el tráfico y fallas mecánicas. No luchaba con celulares sin minutos, problemáticas del Internet ni daños en electrodomésticos (probablemente ella sí tenía que corregir algunas criadas perezosas o rebeldes).

Obviamente hay que actualizar algunos detalles de Proverbios 31, sin negar los principios allí esbozados, si queremos llegar a ser mujeres virtuosas. Por ejemplo, el principio de la economía ahorrativa se verá ahora en la lámpara apagada, no prendida (v.18) de noche. Si vivimos en una pequeña vivienda urbana, nuestros cultivos podrían limitarse a unas yerbas culinarias en una ventana, no necesariamente una viña. No tendríamos que aplicar nuestras manos al “huso y la rueca” (v.19), sino encontrar ropa económica y de calidad. Hoy, aunque no hacemos “telas y cintas” (v.24) porque vienen hechas de fábrica, debemos ser muy sabias al comprar o vender, sin caer en el peligro de abundantes compras impulsivas, alentadas por nueva propaganda del consumo desechable.

Necesitamos mucha dirección en la tarea de llegar a ser mujeres virtuosas, especialmente en la parte de ser esposas dispuestas a ser ayuda idónea. Otros proverbios de la Biblia complementan el capítulo 31 para ir aprendiendo lo que esto significa. Hablan de poner mucha atención en las actitudes del corazón, las palabras y las acciones. Por ejemplo: “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos” (17:22); “Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene” (25:11); “La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba” (14:1); “Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará; y con ciencia (conocimiento) se llenarán las cámaras de todo bien preciado y agradable” (24:3,4); “alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela, sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre” (5:18,19). Un ambiente de amor, atenciones y caricias es básico para expresar la condición de “ayuda idónea”. El sexo en el matrimonio es honroso y debe ser gozoso como parte del plan de Dios para el hombre y la mujer (He 13:4).

Frialdad, regaños, contiendas, astucia, atavíos de ramera, pies callejeros, infidelidad son algunas de las características negativas de mujeres NO virtuosas, mencionadas en textos bíblicos, tales como Proverbios 7:10,11; 11:22; 17:1; 19:13; 25:24; 27:15,16, etc. ¿Quién desea ser comparada a una gotera continua o un zarcillo de oro en el hocico de un cerdo? La Palabra de Dios hace estas feas comparaciones pensando en hermosas mujeres cuya belleza física no es respaldada por virtudes.

Todas tenemos nuestras fallas, pero afortunadamente Dios quiere y puede ayudarnos a mejorar y evitar ser damas “rencillosas”, “alborotadoras”, “apartadas de la razón”, y “necias”.  Y podemos rechazar las filosofías modernas que nos quieren enseñar a ser independientes, vanidosas y demasiado ocupadas para atender a un esposo y unos “molestos” niños.

Por la paciencia y misericordia divina, estamos a tiempo para beneficiarnos de “las apreciaciones sabias de una futura suegra” que encontramos en Proverbios 31. ¡Gracias al Señor por su salvación, perdón y capacitación!

Como esposas, nos consuelan las palabras de Efesios 5, que nos dan el patrón de amor, entrega, respeto y sumisión en el temor de Dios como fundamento para el hogar, con la esperanza de llegar a ser “santas y sin mancha”.

En reconocimiento de la labor de madres abnegadas y amadas, recomiendo que sus familias les regalen una flor y canten “Bienaventurada”(*), un resumen de Proverbios 31 que aparece en varios himnarios recientes.

(*) Hoy reconocemos con amor y alegría
Todo lo que hace la madre en su hogar,
Cómo sus palabras y su sabiduría
Dan a la familia consuelo y bienestar.

Madres compasivas dan al necesitado;
Valen más que perlas, son joyas del Señor.
Madres tan activas, siempre a nuestro lado,
Con sus mil labores nos muestran su amor.

Bienaventuradas son las madres virtuosas
Que confían siempre, temiendo al Señor;
La Palabra dice que son fieles esposas,
Cuidadosas madres y dignas de honor.

*Poesía de Sonia Andrea Linares basada en la letra de Elizabeth Gravelles (© 1986 Word Music).  “Bienaventurada”  “Celebremos Su Gloria” – #605, “Sólo a Dios la Gloria” #559.