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Cuatro maneras de alcanzar los jóvenes de la iglesia

por Al Valdés

La pregunta de cómo los jóvenes encajan en la iglesia local siempre ocasiona preguntas y realidades difíciles de enfrentar. Por un lado, la música, la moda, y la cultura contemporánea parecen tener mayor influencia que la familia y la iglesia. Por otro lado, los pastores y líderes se sienten alejados de, y tal vez amenazados por, el mundo de la juventud. La juventud de hoy no sólo sabe más, sino que la velocidad en que cambian las cosas requiere que constantemente nos mantengamos al día con la cultura contemporánea— cultura que tanto influye en sus vidas.

Debido a que nos sentimos tan distantes de la juventud de nuestras congregaciones, pensamos que la solución está en conseguir a un pastor de jóvenes. Razonamos que nuestra única esperanza radica en otro joven— una persona con una combinación de juventud, responsabilidad y algún conocimiento bíblico. La mayoría de nosotros usamos este modelo de líderes jóvenes para el ministerio juvenil. Esta forma de proceder tiene sus beneficios pero requiere otro componente— la participación de los adultos en la congregación. Pero, ¿cómo contribuir?

Muchas veces no nos damos cuenta de que en algunas áreas —como adultos— podemos influir en los adolescentes de nuestra iglesia mucho más que el típico ministro de jóvenes. Podemos tener un impacto significativo en la obra de los jóvenes de hoy, implementando las siguientes estrategias:

  1. Trabajar en fortalecer los matrimonios de los padres de adolescentes en su iglesia.
  2. Enfatizar el conocimiento de la apologética, la defensa racional de la fe cristiana
  3. Vivir con integridad ante ellos
  4. Orar por todo, para todos

Fortalecer los matrimonios

La influencia más significativa y potente que alguien de cualquier edad (sea joven o anciano) puede tener es su propia familia. Muchas veces tanto los padres como los pastores se preocupan por la influencia de los amigos, los programas escolares, la televisión, y la cultura contemporánea. Pero, aunque todo esto tiene considerable influencia en los jóvenes, ninguno los forma y motiva tanto como el hogar. De hecho, sólo el poder de Dios mismo puede causar que rompamos con la lealtad poderosa que existe en cada uno de nosotros para con nuestra familia de origen. No es sorprendente que Jesús afirmara: «El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de Mí; el que ama al hijo o hija más que a Mí, no es digno de Mí» (Mt.10:37).

Un consejero cristiano de familias afirmó que Dios a propósito diseñó a la familia para que fuera poderosa —a fin de que influya para el bien. Tristemente, la familia también puede influir para el mal. Y la influencia fluye desde la pareja matrimonial hacia los hijos. Así, muchas de las decisiones que toman nuestros adolescentes simplemente representan reacciones a la relación matrimonial entre sus padres. Aparte de un compromiso personal profundo con Jesucristo, nada contribuye más a la estabilidad del hogar que dos padres que se aman y comunican esta realidad a sus hijos. Por esto, la mejor estrategia para impactar a la juventud de nuestras iglesias implica fortalecer el compromiso de los padres unos con otros, con sus hijos y, primariamente, con el Señor. El pastor y otros adultos maduros generalmente tienen más recursos personales y espirituales para esta tarea que el pastor de jóvenes promedio.

Un pastor de jóvenes una vez pasó varias semanas enseñándoles a sus feligreses los parámetros de Dios para las relaciones entre los sexos y los peligros emocionales, espirituales y físicos del sexo pre-matrimonial. Tiempo después se enteró que un par de esos mismos adolescentes habían tenido relaciones sexuales. Cuando se le preguntó al muchacho si las enseñanzas de la iglesia influyeron de alguna manera en su decisión respondió que ¡no influyeron en nada! Admitió que su situación familiar tuvo más influencia en su vida que lo que la iglesia había aportado. Tal vez si los creyentes mayores y más maduros en la fe hubieran pasado tiempo trabajando con las familias de aquella pareja (además de la contribución del ministro de jóvenes), los resultados hubieran sido diferentes. Dios puede obrar a pesar de las características de alguna familia en particular.

Empaparnos en la apologética

Junto con atender a los aspectos familiares, matrimoniales e interpersonales del trabajo con jóvenes, debemos concentrarnos en algunas consideraciones intelectuales que también influyen en nuestra obra ministerial. Además de sus propias preguntas sobre la fe, los jóvenes enfrentarán retos tanto en el aula como en los contactos cotidianos. En nuestros tiempos más que nunca oyen objeciones al cristianismo y a la Biblia presentadas por sus amigos, maestros y libros en la escuela, en la red electrónica, programas de televisión o radio, y la cultura popular. Existen excelentes respuestas, pero hay que conocerlas.

Lamentablemente muchos padres y pastores no han estudiado buena literatura apologética (como los escritos de C. S. Lewis, Josh McDowell o Norman Geisler), que los prepare para contestar las preguntas serias y difíciles que indudablemente harán los jóvenes. En una ocasión, una hermana creyente me pidió que le hablara a su sobrina de ocho años sobre preguntas que tenía acerca de Dios. Le dije que me alegraría hacerlo. La niña tenía tres preguntas para mí:

  1. ¿Cómo podemos saber que Dios realmente existe?
  2. ¿Cómo sabemos que los escritores de la Biblia dijeron la verdad?
  3. ¿Por qué Dios permitió que su abuela (una creyente devota y dedicada) falleciera?

Luego de conversar sobre estas cosas con ella, la niña creyó en Jesús como su Salvador (cf. Juan 3:16-18). Ahora, si una niña de ocho años puede hacer estas preguntas, ¿qué clase de dudas pueden tener niños mayores y adolescentes? Sólo la gracia de Dios salvó a esa niña ese día. Pero, porque yo (también por la gracia de Dios) tenía suficiente conocimiento de apologética para satisfacer su intelecto, el Señor me usó ese día para guiarla a Él. ¿Usted hubiera sabido cómo responderle?

Presentar una imagen íntegra ante ellos

Más allá de ocuparnos por fortalecer los matrimonios de los padres de los jóvenes de la iglesia y prepararlos intelectualmente para los retos apologéticos que enfrentarán debemos presentar un ejemplo adulto, maduro y consecuente ante ellos del cristianismo La juventud nos mira a los que hemos estado en la fe por muchos años tanto para justificación para sus propios hábitos pecaminosos como también inspiración para vivir la vida cristiana que Dios. Tristemente, a menudo cuando los jóvenes se detienen para mirar de cerca la vida y testimonio cristiano de personas adultas en la iglesia —incluso en el liderazgo— terminan desencantados. Tanto los jóvenes cristianos como los que aún no han creído en Jesús están observando nuestras vidas —y a veces lo que ven los deja confusos.

En más de una ocasión he tenido que escuchar acerca de, o tratar con, algún pastor o líder ya sea arrestado por las autoridades o sorprendido en algún acto incompatible con el cristianismo.  El diablo se deleita con estas revelaciones públicas  —siempre salen en la televisión y en los diarios. ¿Qué ejemplo queremos dar? No tenemos que llegar a un hecho tan drástico que lleve a la cárcel sino que cosas como la hipocresía, la mentira, y la falta de amor y compasión pueden dejar una mala impresión. Los jóvenes que desean tener una relación con Dios no andan buscando a alguien que use los mismos modismos y las mismas modas que ellos sino modelos cuya moralidad y testimonio reflejan los estándares bíblicos. No, no estamos hablando de perfección sino de madurez — lo cual incluye la habilidad de reconocer, confesar, cambiar, y recapacitar con la ayuda de Dios cuando hemos errado o nos hemos apartado del buen camino, aun como adultos.

Orar por los jóvenes

La oración representa otro aspecto imprescindible para nuestro trabajo con los jóvenes. Los problemas que enfrentan los jóvenes contemporáneos sí son diferentes a los que los chicos de antaño tenían que enfrentar. Ellos no tenían que lidiar con la misma cantidad de hogares afectados por el divorcio, con las familias mezcladas que han resultado de segundos (y terceros) matrimonios, con toda forma de sexualidad accesible tanto por el internet, y con los estándares más permisivos de nuestros tiempos. Por lo tanto, hay que orar por ellos, por sus familias (ya sea que el hogar esté íntegro o no), y por líderes capacitados para guiarlos. La doxología que aparece en Efesios 3:20-21 nos hace recordar el infinito poder de Dios para responder a nuestras oraciones—no obstante la magnitud de la tarea ante nosotros: «Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén». Así, Dios puede suplir infinitamente más poder del que necesitamos y proveernos de todo lo que requerimos para poder enfrentar todos los retos conectados con el ministerio a los jóvenes.

Conclusión

Tener un ministerio eficaz con los jóvenes contemporáneos requiere varios componentes complementarios: el fortalecimiento de] los matrimonios de la iglesia (con enseñanza, programas, y consejería adecuados); la capacitación tanto de nosotros como de los jóvenes en la apologética; la representación ante los jóvenes de la vida cristiana sincera; y la oración dedicada, llena de fe y perseverante. Y, sí, también se requiere pastores de jóvenes con los cuales juntos podemos ayudar a una juventud bajo múltiples amenazas.  Así, el trabajo con los jóvenes —como con cualquier otro creyente— requiere la participación de todos en la iglesia—incluso los adultos. La magnitud de la tarea requiere sabiduría, consejos y ministerios algunos de los cuales sólo vienen con años de haber caminado con el Señor.